Ana Julia Quezada, la única sospechosa del crimen de Gabriel Cruz se niega a colaborar

Luego de que las autoridades españolas realizaran el examen forense al cuerpo de Gabriel, se determinó que el menor fue estrangulado el mismo día de su desaparición

La residencia de la única sospechosa del caso del niño español desaparecido, Gabriel Cruz, fue registrada ayer lunes en su presencia, en busca de pruebas. Más tarde, la dominicana Ana Julia Quezada fue trasladada a Rodalquilar, Almería, donde está ubicada la finca donde se presume que ocultó el cadáver del niño de 8 años de edad.

Ana Julia Quezada durante el registro a su casa y luego a su llegada a la finca (Antena 3/GTresonline).VER GALERÍA

Ana Julia Quezada durante el registro a su casa y luego a su llegada a la finca (Antena 3/GTresonline).

Mientras los agentes encargados investigaban el caso, la sospechosa se mantuvo en silencio y se negó a colaborar. Tampoco ha declarado en relación a lo que se sospecha que fue responsable. Ante a su silencio, los hechos hablan por sí solos. Luego de que realizaran el examen forense al cuerpo de Gabriel, se determinó que el menor fue estrangulado el mismo día de su desaparición. Además, en su cuerpo encontraron restos de tierra.

De acuerdo a fuentes cercanas a la investigación, citadas por ABC, Quezada habría depositado al niño en una acequia de la finca de Rodalquilar y habría cubierto su cuerpo con hojas y tierra. Esta hipótesis explicaría el barro que se encontró en el cuerpo del niño y también que pudiese sacar al infante ella sola y de forma rápida para meterlo en el maletero del vehículo con el que se dirigía a su casa -ubicada en Vícar- cuando fue detenida el pasado domingo 11 de marzo.

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Tras su detención, Quezada declaró: "Yo no he sido, yo cogí el coche esta mañana". Hasta ahora estas han sido las únicas palabras en referencia al caso que la dominicana ha pronunciado desde que fue detenida. Cabe resaltar que, durante 12 días, Quezada mantuvo su postura al lado de su pareja, Ángel Cruz, el padre del niño, y su exmujer, Patricia Ramírez, la madre del chico, quien siempre sospechó de Ana Julia. Se presume que tanto la camiseta que encontró de Gabriel y su insistencia en poner una recompensa -e incluso ampliarla- formaban parte de una estrategia para despistar a los investigadores.

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Ella misma fue quien encontró la mencionada camiseta durante un paseo que realizó con el padre de Gabriel en una zona que ya había sido rastreada sin éxito por los especialistas de la Guardia Civil. Se trataba de una zona opuesta geográficamente al lugar donde se presume que escondió el cuerpo del pequeño, en Rodalquilar. Aunque en esos días el tiempo fue lluvioso y ventoso, la prenda estaba seca y limpia. Esto elevó las sospechas sobre Quezada y fue la pista definitiva para centrar la investigación sobre ella.

Anteriormente, la inconsistencia de su relato y el hecho de que perdiera su teléfono móvil en dos ocasiones cuando los agentes le pedían que lo entregase para seguir con sus pesquisas, hicieron sonar las alarmas, pero lo de la camiseta definitivamente la ubicó como principal sospechosa. Esto motivó a que los investigadores la interrogaran el viernes y le pidieran a los padres del niño que la trataran con normalidad para que no sospechara que le estaban siguiendo cada uno de sus pasos, esperando a que cometiera un error.

Los agentes también observaron su intento de dar una recompensa a quien pudiera dar una pista fiable sobre el paradero del niño como una forma de entorpecer la investigación. Si las autoridades recibían muchas pistas, se verían en la obligación de seguir muchas líneas de investigación y esto alejaría la atención en Ana Julia.

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Por fortuna, sus estrategias no fueron exitosas; el viernes los agentes le pusieron un cebo que hizo que ella se pusiera nerviosa y finalmente cometiera el error que provocó su detención por parte de la Guardia Civil. Aquella mañana, los agentes la siguieron y la vieron detenerse en la finca de Rodalquilar. Allí fotografiaron cómo regresó a su auto con un bulto envuelto en unas mantas que posteriormente depositó en el maletero del vehículo. Y la siguieron hasta Vícar por si, en algún punto, contactaba con otra persona.

Cuando se aseguraron de que no se comunicara con nadie más, la detuvieron antes de que entrara al garage de la vivienda, no sin antes comprobar que efectivamente tuviera el cuerpo de Gabriel en el maletero. Aunque hasta ahora ha mantenido silencio, los agentes están trabajando con precisión para recabar las pruebas necesarias que hablen por ella.

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