La familia de Dámaso González, arropada por numerosos amigos en el funeral en su memoria en la catedral de Albacete

José Tomás y José Ortega Cano, entre otros, acompañaron a su viuda Feli Tarruella y sus hijas, que se mostraron muy emocionadas durante la ceremonia en la que se recordó al diestro

El recuerdo de Dámaso González estuvo de nuevo muy presente en la memoria de familiares y amigos en la misa funeral que se celebró en la catedral de Albacete, en la que estuvieron presentes reconocidos rostros de la tauromaquia. La viuda de Dámaso, Feli Tarruella, y sus hijas, Marta, Sonia y Elena, estuvieron arropadas por numerosos amigos en la ciudad donde nació el diestro y donde era muy querido. El dolor era visible en el rostro de quienes más le querían, que tratan de sobreponerse y seguir adelante tras el gran vacío que dejó el torero en sus vidas.

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Sonia estuvo acompañada en todo momento por su pareja, el cantante Juan Peña, y recibió el cariño, igual que su madre y hermanas, de quienes quisieron rendir este sentido homenaje a González. Estuvieron allí, entre otros, Jaime Ostos con su mujer María Ángeles Grajal y José Ortega Cano, acompañado por su pareja Ana María Aldón. Cano se mostró muy afectado por la pérdida de su buen amigo y compañero, el dolor se reflejó en su rostro.

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También el diestro José Tomás quiso estar junto a los más allegados al torero, que vivieron la ceremonia con gran emoción y sin poder contener en algunos momentos las lágrimas. El inesperado fallecimiento de Dámaso González el pasado 26 de agosto sumió en la tristeza a su familia, que desde entonces ha tratado de sacar fuerzas para seguir adelante y que ha estado muy arropada por quienes conocieron y quisieron a este grande de la lidia, considerado uno de los padres de la tauromaquia actual.

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Tras su fallecimiento, Marta González, bloguera de HOLA.com, le dedicó un conmovedor mensaje a su padre junto a una imagen de su infancia. “Nunca te lo dije, pero cuando era niña, el mayor miedo que tenía era que te pasara algo cuando te ibas a torear. Por eso, crecí siempre con temor a perderte. Sin embargo, cuando veía que superabas las cornadas más duras como el que se hace un rasguño, sin jamás quejarte, una parte de mi corazón me engañaba haciéndome creer que eras inmortal y que estarías por siempre a mi lado...” escribió.

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