La actriz Lina Morgan, conocida especialmente por su faceta cómica, ha fallecido en Madrid a los 78 años después de varios meses de enfermedad, que la mantuvieron nueve meses internada en un hospital, del que salió el año pasado. La capilla ardiente se ha instalado en el Teatro de La Latina de Madrid a las 16.30 de la tarde, donde tantos éxitos cosechó y donde conservaba su despacho y un palco. Precisamente desde el teatro, que fue de su propiedad durante 17 años, han lamentado su pérdida.

"Trabajadora incansable, Lina Morgan pertenecía a una generación de actores muy queridos y muy populares, de aquella época en la que solo había dos cadenas de televisión y más de 20 millones de espectadores disfrutaban de sus personajes frente a la pequeña pantalla", dijo Jesús Cimarro, actual propietario del teatro, tras conocer la muerte del fallecimiento de la actriz. Concha Velasco, amiga y compañera, la recordó en TVE. "Te quisimos, te queremos" dijo la actriz, que explicó que estaba conteniendo la emoción cuando pensaba en ella.

La actriz llevaba algunos meses en su casa, después de haber sido trasladada allí desde la residencia Los Nogales. La artista había permanecido diez meses ingresada en el hospital Beata María Ana de Madrid por una neumonía severa que se complicó. Nueve meses tuvo que permanecer aislada en la Unidad de Cuidados Intensivos de este hospital, donde se debatió entre la vida y la muerte, pero entonces su estado mejoró y fue llevada a la residencia, mientras su casa se acondicionaba para que continuara allí su recuperación.

Desgraciadamente, nos ha dicho adiós uno de los rostros más destacados de la comedia española, ese que nos hizo reir no sólo en la pequeña pantalla, sino en el teatro y en el cine. Sus muecas, gestos raros con las piernas, su boca de pato… todos aquellos que la amamos por lo que fue y lo mucho que dio a la interpretación española la vamos a echar de menos.

Durante el tiempo en que estuvo ingresada y su posterior recuperación, a pesar de que no quiso recibir visitas, Lina estuvo arropada por Daniel Pontes, ese buen amigo que se ocupaba de todos sus asuntos y que nunca se separó de ella. Le llegaban a Lina los buenos deseos de sus amigos y conocidos, mensajes que llegaron al hospital incluso de los reyes don Juan Carlos y doña Sofía, que deseaban entonces que se recuperara. Hoy todos lloran su pérdida.

Una actriz que nació para hacer reir

Nació en 1937 en Madrid, Hija de un sastre y una ama de casa, una familia humilde, tenía cuatro hermanos y comenzó a labrarse una carrera como artista desde muy pequeña -con 11 años empezó a estudiar baile clásico español–. Pepe Cabo, representante, la descubrió a los 13 años y se integró en la compañía infantil, Los chavalillos de España. María Ángeles López Segovia, nombre real de Lina Morgan, comenzó a trabajar como bailarina del reparto de la vedette Maruja Tomás a los 16, para lo que incluso tuvo que falsear su edad. En la década de los cincuenta y Lina Morgan, ya como vedette de revista, se codeaba con Tony Leblanc, Manolo Paso o Miguel Gila.

Sus primeros pasos en el cine los da junto a Leblanc (El pobre García), Jess Franco (Vampiresas 1930) y Rafael J. Salvia (Una tal Dulcinea). También fue la inolvidable Mari Loli en Las que tienen que servir –secundaria de lujo en una producción en la que compartió créditos con Concha Velasco, Amparo Soler Leal, Manolo Gómez Bur, Alfredo Landa y José Sazatornil­–. Soltera y madre en la vida (1969) y La tonta del bote (1970) fueron los títulos en los que empezó a demostrar que su andadura en la comedia tenía un largo recorrido.

En 1978 alquila con la ayuda de su hermano, el empresario José Luis López Segovia, el Teatro La Latina de Madrid. Cinco años después, lo compró a su antiguo propietario, Matías Colsada, y comenzó a escuchar las risas del público en directo. Sus éxitos llevaron a TVE a rodar versiones de algunas de sus obras para la pequeña pantalla: Vaya par de gemelas, Celeste no es un color y El último tranvía.

En 1994 fue uno de los fichajes estrella de Antena 3 para la serie Compuesta y sin novio. Tras este, apareció en Hostal Royal Manzanares, una serie que cosechó un éxito sin precedentes en la ficción española. Una de dos, Academia de baile Gloria y ¿Se puede? Fueron otras de sus aventuras en la pequeña pantalla. Se fue retirando en silencio, poco a poco, apareciendo esporádicamente en series como Aquí no hay quien viva, A tortas con la vida o Escenas de matrimonio. En 2010 vendió el teatro La Latina.

A sus problemas de salud se dijo se unía su bajo estado de ánimo, lo que habría influido en su aislamiento en los últimos meses de su vida, en los que no quiso recibir apenas visitas. Para el recuerdo quedan sus triunfos y sus éxitos, materializados en premios como el Fotogramas de Plata, tres TP de Oro, la Antena de Oro de Teatro, un Premio Ondas, el Miguel Mihura, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

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