Los príncipes Bertil y Lilian de Suecia, 33 años de espera para poder contraer matrimonio

La historia de amor del príncipe Bertil de Suecia, duque de Halland, y la modelo galesa Lilian Davies podría haber sido una más entre tantas otras pero, los 33 años que la pareja tuvo que esperar para poder casarse debido a los humildes orígenes de la joven convirtieron su romance en uno de las más románticos de la realeza europea de todos los tiempos.

Todo comenzó un 30 de agosto de 1943, cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, el príncipe Bertil de Suecia, cuarto hijo del rey Gustavo Aldolfo VI, conoció a la bella modelo galesa de 27 años, en el club nocturno Les Ambassadeurs, en Londres. En esa ciudad él se encontraba destacado como agregado naval en la Embajada de Suecia ante el gobierno inglés y ella trabajaba en una fábrica de radios para el ejército británico y atendiendo heridos de guerra y desde ese momento, Bertil y Lilian no volverían nunca a separarse.

En ese tiempo, Lilian aún permanecía casada con el actor escocés Walter Ivan Craig aunque llevaban separados varios años. La pareja ya había decidido oficializarlo al final de la guerra y, como estaba previsto, firmaron el divorcio en 1945.

Aunque profundamente enamorados, Bertil y Lilian supieron desde el primer día que no lo iban a tener nada fácil debido a sus diferentes orígenes, pero aún así lucharon contra viento y marea y contra todos los obstáculos que se les presentaron, que no fueron pocos, y lograron permanecer juntos durante 54 años. Eso sí, fueron largos y duros años de lucha, plagados de renuncias y sacrificios a los que la pareja tuvo que enfrentarse hasta poder formalizar su unión.

Una dolorosa renuncia
Para entender esta apasionada y romántica historia hay que viajar a la Suecia de los años 40 en un momento en el que la corona no gozaba de uno de sus mejores momentos. Reinaba Gustavo Adolfo VI, casado en primeras nupcias con Margarita de Connaught, con quien tuvo cinco hijos, y con Luisa Mountbatten, de la que no tuvo descendencia. Su heredero era su hijo mayor, que ostentaba su mismo nombre y que en esos momentos ya estaba casado y era padre de cuatro niñas y un niño, Carlos Gustavo, el actual rey de Suecia.

Pero su prematura muerte en 1947 en un accidente aéreo a su regreso de un viaje de caza convirtió en heredero a su pequeño hijo, de tan sólo un año de edad, produciéndose un gran abismo generacional entre el rey y su heredero. La continuidad de la corona podría estar en entredicho por lo que Bertil se encontró ante una terrible encrucijada. Dos de sus hermanos ya se habían casado con plebeyas y por ello habían tenido que renunciar a sus derechos sucesorios. Sigvard, tres años mayor que Bertil, se casó con la alemana Erika Patzek, que no pertenecía a ninguna Casa Real, al igual que sus siguientes dos esposas, y Carl Johan, el hermano pequeño, también había sido desposeído de sus títulos al casarse con la periodista Elin Kerstin.

Bertil, duque de Halland, estaba dispuesto a hacer lo mismo que sus hermanos para poder contraer matrimonio con su amada galesa de la que se encontraba perdidamente enamorado. Pero viendo peligrar el futuro de la corona, ya que de morir o quedar imposibilitado su padre para reinar, el príncipe Bertil debería asumir la regencia del joven príncipe hasta su mayoría de edad, y eso no podría hacerlo si se casaba con una plebeya y además divorciada, tuvo que tomar un terrible decisión. Debería sacrificar su amor por Lilian, al menos de forma oficial, hasta que el pequeño Carlos Gustavo tuviera edad suficiente para ser coronado rey.

Dicho y hecho. El príncipe Bertil, con todo el dolor de su corazón, tuvo que enfrentarse a la conversación más dura de su vida. Incapaz de renunciar a su amor por Lilian, le propuso continuar con su relación, de la manera más discreta, para no causar el menor escándalo, prometiéndole que todo cambiaría cuando su sobrino Carlos Gustavo alcanzara el trono. “O me caso contigo o no me caso con nadie”, le prometió en ese momento Bertil a su amada. Ella no lo dudó, preferiría mantener su relación en la sombra a renunciar a él. Lo que la pareja aún no sabía era que para ese momento aún habrían de pasar más de treinta años.

Tres décadas de espera
La pareja fue realmente tan discreta que en los primeros años de su relación nadie en Suecia conocía su existencia, ni siquiera el rey. El príncipe Bertil dividía su tiempo entre Suecia y el sur de Francia, concretamente en la localidad de Sainte Maxime, cerca de Saint-Tropez. A mediados de los años 50, el rey, que aún albergaba la esperanza de casar a Bertil con alguna princesa europea, se enteró de la relación que mantenía su hijo con Lilian y montó en cólera exigiéndole la ruptura de inmediato. El príncipe no se arredró y sin dudarlo le plantó cara a su padre y aunque convino con él que su matrimonio no era posible de momento, se negó a renunciar al amor de su vida.

Ese hecho, unido a la necesidad de Bertil de pasar cada vez más tiempo en Suecia para supervisar la educación del pequeño Carlos Gustavo, hace que Lilian decida instalarse definitivamente en Estocolmo en el año 1957. Aunque ese traslado supuso un enorme cambio para la pareja, que ahora podía pasar mucho más tiempo junta, ambos decidieron continuar manteniendo una relación de perfil bajo evitando aparecer juntos en Estocolmo ni en banquetes ni en otro tipo de actos oficiales.

No será hasta 1968 cuando Lilian será invitada por primera vez a la cena de Año Nuevo en el palacio real aunque, por razones de etiqueta y protocolarias, ambos fueron ubicados en mesas separadas.

Poco a poco, el rey fue suavizando las restrictivas normas que había impuesto a su hijo y su pareja, quienes empezaron a asistir a cada vez más actos oficiales hasta que, en 1972 y como gesto de gratitud por la discreción de Lilian, fue invitada a palacio a la celebración del 90 cumpleaños del rey Gustavo Adolfo como una más de la familia. Desde ese momento, y viendo que su historia de amor era tan sólida e indestructible, Bertil y Lilian recibieron la autorización para sentarse juntos en actos semioficiales.

Para entonces, Lilian ya se había ganado con creces el favor del pueblo sueco, que siempre supo de su relación y que valoró su gran sacrificio, su discreción, sus esfuerzos por dominar el sueco desde que se instaló en el país y la felicidad que siempre le aportó al príncipe. No hay que olvidar que el sacrificio fue enorme para la pareja, ya que no sólo renunciaron a vivir plenamente su amor a la luz pública sino que además esa relación clandestina les impidió formar una familia propia llena de los hijos que ambos tanto deseaban.

Un año después, el 15 de septiembre de 1973, murió el padre de Bertil y fue coronado el actual rey Carlos Gustavo. El nuevo rey, que había vivido muy de cerca el sacrificio de su tío al que siempre consideró como a su padre, había prometido a la pareja que en cuanto la Corona llegara a sus manos modernizaría las normas monárquicas para que los herederos se casaran con quienes ellos quisieran. De hecho, él mismo lo hizo tras enamorarse de la hija de un empresario alemán en las Olimpiadas de Múnich y aunque muchos creían que esperaría a tener descendencia para permitir el matrimonio de su tío, en octubre de ese mismo año le dio la autorización necesaria para casarse con Lily, como Bertil la llamaba cariñosamente.

Treinta y tres años después de comenzar su historia de amor, Bertil y Lilian, que en ese momento contaban con 64 y 62 años respectivamente, pudieron por fin cumplir su gran sueño y el 7 de diciembre de 1976 contrajeron matrimonio en la capilla del palacio de Drottninghlom con la asistencia de los reyes Carlos Gustavo y Silvia.

La novia, resplandeciente, lució un vestido en un azul tan claro que parecía blanco y un sencillo ramo de muguet, y, dando muestras del gran sentido del humor que siempre le acompañó, comentó a la prensa al serle preguntada por su destino de luna de miel: “¡Somos demasiado viejos para un viaje de novios!”. Ese sentido del humor fue uno de los pilares de la relación de esta peculiar pareja para sortear todos los obstáculos que tuvieron desde que se conocieran y fue también uno de los rasgos que años, más tarde tras su fallecimiento, fue comentado y resaltado por todos aquellos que la conocieron.

Un ejemplo de amor y renuncia para todos los suecos
Ya convertidos en marido y mujer legalmente, la pareja disfrutó de un feliz matrimonio de 21 años durante los que siempre contaron con el cariño y el agradecimiento tanto de los reyes Carlos Gustavo y Silvia como de sus hijos, la princesa heredera Victoria, la princesa Magdalena y el príncipe Carlos Felipe, quienes les consideraban como sus abuelos.

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Al morir Bertil, en 1997, a los 84 años, todos ellos se volcaron con la desconsolada viuda y, para no dejarla sola en esos duros momentos, la reina Silvia incluso se trasladó durante unos días a la casa de Estocolmo que compartió la pareja durante décadas, Villa Solbacken, para hacerle saber que no estaba sola y que tenía una familia para apoyarla.

Al recuperarse, la princesa Lilian escribió un libro, My life with Prince Bertil (Mi vida con el príncipe Bertil), publicado en el año 2000 y en el que confesó: "Si tuviera que resumir mi vida, todo está relacionado con mi amor por él. Una vez, durante un bombardeo en Londres, se jugó la vida yendo a mi apartamento en medio de las bombas. Estaba preocupado por mí y así fue toda la vida".

Además, la princesa, a la que el pueblo sueco adoraba, continuó asistiendo a actos oficiales en representación de su marido y fue una presencia habitual en las ceremonias del Premio Nobel y los banquetes de Estado hasta que, unos meses antes de la boda de su sobrina favorita, la princesa Victoria, la Casa Real informó de que sufría Alzheimer, y a partir de ese momento cesaron completamente sus apariciones públicas.

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El 10 de marzo de 2013, la princesa Lilian de Suecia falleció a los 97 años en su residencia en el exclusivo barrio de Djurgarden, en Estocolmo. Seis días más tarde y tras un emotivo funeral de estado al que asistieron, además de la Familia Real de Suecia al completo, la reina Margarita de Dinamarca o la princesa Astrid de Noruega, fue enterrada junto a su marido, el príncipe Bertil, en el cementerio real de Haga, a las afueras de Estocolmo.

"Fue una verdadera portadora de felicidad y siempre tuvo la capacidad de crear alrededor de ella un ambiente cálido y amable. "Los niños de la familia siempre apreciaban sus bromas y su humor", dijo el Rey en un comunicado tras su muerte.

Aunque muchas voces en Europa fueron críticas con el príncipe Bertil comparando su historia de amor con la de los Duques de Windsor, nada más lejos de la realidad ya que el ex príncipe de Gales era ya rey del Reino Unido cuando renunció a la corona por Wallis Simpson. Además la pareja fue siempre mucho más ostentosa, a diferencia de Bertil y Lilian que esperaron pacientemente que se solucionara el problema de la sucesión del trono sueco antes de causar una crisis en la monarquía.

Su sacrificio, renuncia y, cómo no, enorme amor, caló enormemente en el corazón de los suecos y gracias a ellos y a su ejemplo tanto las princesas Victoria y Magdalena han sido libres de poder contraer matrimonio por amor con plebeyos, como así lo hará también el próximo mes de junio el príncipe Carlos Felipe con la exmodelo Sofía Hellqvist.

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