Natasha, la niña salvaje que ha crecido encerrada entre perros y gatos

La pequeña, a sus cinco años, nunca ha salido a la calle, no sabe hablar y se comporta como un perro

Los terapeutas tienen fe en que algún día pueda recuperarse y llevar una vida prácticamente normal, pero su historia ha dado la vuelta al mundo. Natasha, una niña siberiana de cinco años, ha pasado toda su vida encerrada en una habitación, donde convivía exclusivamente con perros y gatos.

Gracias a una llamada de un vecino a la Policía su caso ha salido a la luz y ha sido rescatada de la humilde vivienda en la que también residían su padre y sus abuelos. Al parecer, Natasha fue apartada de su madre nada más nacer, e inexplicablemente, nunca ha sido atendida por sus familiares, sino que ha sobrevivido rodeada de basura y sin las condiciones de higiene y las comodidades mínimas.

En su casa no había ni siquiera agua caliente o calefacción y sus únicos compañeros de juegos eran gatos y perros. Como consecuencia, la pequeña no sabe hablar y su comportamiento se asemeja más al de un perro que al de una niña. Nunca ha salido a la calle y es frecuente oirla ladrar y arañar las puertas. Por ahora su madre ha prestado declaración en dependencias policiales pero su padre aún no ha sido localizado.

Afortunadamente no tiene retrasos psicológicos graves, pero su desarrollo intelectual es el de una niña de dos o tres años. Sin embargo, los asistentes sociales que la atienden confían en que se recuperará. Por ahora, es frecuente verla en el centro en el que se encuentra comiendo de manera voraz y lamiendo los platos en lugar de utilizar los cubiertos.

Los primeros casos

Aunque no deja de llamar la atención, la historia de Natasha no es la única que ha impresionado al gran público. Uno de los mejores ejemplos, rodeado de misterio, es el de Victor, El salvaje de Aveyron. El chico fue encontrado por los Pirineos franceses en 1799 y los médicos que lo evaluaron dijeron de él que "se balanceaba incesantemente como los animales del zoo; que mordía y arañaba a quienes se le acercaban; que no mostraba ningún afecto a quienes le cuidaban y que, en suma, se mostraba indiferente a todo y no prestaba atención a nada".  El joven, que parecía tener poco más de 12 años cuando lo encontraron, murió en 1828 sin experimentar grandes avances en su socialización.

Precisamente ese mismo año fue encontrado Kaspar Hauser, un alemán, de 16 años, que siempre había vivido encadenado en un zulo. Cuando fue encontrado presentaba una actitud tremendamente infantil y a todo contestaba con un lacónico 'No sé'.

Y por último está el caso de Genie, una niña que había crecido aislada, por su padre, en una habitación y que en 1970 fue liberada en Los Ángeles. Tampoco ella había visto nunca el exterior, no se había relacionado con nadie y el único sonido que percibió durante trece años fue la voz violenta de su padre.

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