(Alemania)

El castillo de Neuschwanstein, la fantasía excéntrica de Luis II de Baviera

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El dormitorio del rey Luis II, en cuya decoración trabajaron cuatro artesanos durante cuatro años.

El castillo se enclava en un romántico paisaje enmarcado por los alpes bávaros.

El más excéntrico de los castillos construidos por Luis II de Baviera, el rey loco, se levanta como una fantasía medieval ideada por el propio monarca, quien siguió a pie de obra el proyecto y plasmó en él su visión romántica y lunática del mundo, amén de su amor por las óperas de Wagner, que inspiran en grandísima medida su decoración onírica.

Colgado en lo alto de un risco rodeado de bosques y precipicios, el Castillo de Neuschwanstein, con sus torreones y sus aires de libro de cuentos de caballeros medievales, se alza como el más onírico y extravagante de los que mandara construir Luis II de Baviera o, como pasara a la historia, el rey loco; un soñador inadaptado a su época, amante de la arquitectura y la música, y definitivamente el monarca más querido por los alemanes.
A algo más de un centenar de kilómetros de Múnich, enclavado en un idílico paisaje envuelto por los Alpes bávaros junto al pueblo de Schwangau, Neuschwanstein, el que fuera en su día tachado de castillo artificial y exótico por su eclecticismo de estilos arquitectónicos, atrae hoy a más de un millón de visitantes cada año, erigiéndose en, quizás, el monumento más emblemático de toda Alemania.

Y al igual que hoy parece ser el predilecto de los visitantes, también lo fue en su día de este monarca que subió al trono en 1864 cuando al morir su padre, Maximiliano II, apenas sumaba 18 años y ninguna experiencia en la política. Sólo cinco años después de su llegada al poder inició sobre las ruinas de un castillo anterior las obras de Neuschwanstein, que al parecer él mismo vigilaba con unos prismáticos desde el vecino castillo de Hohenschwangau, en el que vivió durante años y que constituye otra visita nada desdeñable a realizar en la zona.

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