Glendalough

Siete escapadas cerca de Dublín, por si quieres llegar más lejos 

Desde el pintoresco pueblo marinero de Howth a las montañas de Wicklow, el castillo de Malahide o la playa donde Spielberg rodó 'Salvar al soldado Ryan'. Los alrededores de la capital irlandesa dan para un buen puñado de excursiones. 

by ESPERANZA MORENO

HOWTH (35’ en coche o en tren)
Dejando atrás los últimos barrios residenciales de Dublín o, más cómodo, en tren desde el centro, se llega en dirección norte sin perder de vista al mar a la pequeña península en la que se emplaza esta pintoresca villa de pescadores. Pasear por sus muelles hasta el final del West Pier, comer pescado o marisco en los restaurantes del puerto antes o después de ir a saludar a las focas, admirar desde la distancia la isla de Ireland’s Eye (el ojo de Irlanda) o llegar hasta ella en barco, visitar el castillo de Howth (howthcastle.com) del siglo XV con tiempo para tomarse un café y entrar, enfrente, al museo del transporte, subir y bajar por las empinadas calles con casas de colores y admirar las ruinas de la iglesia de Santa María dan para entretenerse un día en este bonito pueblo.

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Lo que tampoco hay que perderse es la subida hasta la cima de Howth, una gran colina rodeada de acantilados que desde sus alturas es un mirador excepcional sobre la bahía de Dublín.

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PARQUE NACIONAL DE LAS MONTAÑAS DE WICKLOW (1 hora y 15 minutos)
Al condado de Wicklow lo llaman el jardín de Irlanda, y es que este rincón reúne picos escarpados, lagos glaciares y verdes prados para pasar una jornada inmerso en la naturaleza. También se esconden en él las ruinas de un mágico lugar, Glendalough (glendalough.ie), un conjunto monacal del siglo VI fundado por San Kevin y con algunas de sus construcciones todavía en pie, entre las que caminar admirando templos, cruces celtas, arcos y un altísimo torreón circular.

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Nada más dejar el coche aparcado, en el centro de interpretación orientan sobre los diferentes recorridos por el parque nacional, los más cómodos y fáciles llegan hasta sus dos lagos o siguen los pasos a su fundador. No queda lejos la cascada Powerscourt, la más alta de la isla, donde el agua salta a borbotones desde 121 metros de altura y, próxima, la Powerscourt House (powerscourt.com), una mansión neoclásica rodeada de hectáreas y hectáreas de jardines espectaculares. 

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CASTILLO DE MALAHIDE (25’ en coche o en tren)
A menos de 20 kilómetros de Dublín, el pueblo marinero de Malahide tiene una joya medieval plantada en un gran parque de la que no solo dicen que es el castillo más antiguo de Irlanda (o uno de los que más), también una fortaleza ‘encantada’. Levantado en el siglo XII por los Talbot, una de las grandes familias de Irlanda, que lo habitó casi ininterrumpidamente hasta 1975, su historia relata que sobrevivió a la batalla del Boyne. La visita (malahidecastleandgardens.ie) por sus distintas salas permite admirar sus señoriales estancias, especialmente el Gran Salón, pero también sus habitaciones decoradas con camas con dosel y todo tipo de detalles. Al salir, el gran parque ideado también por sus propietarios, con jardines ornamentales, una rosaleda y estanque, invita a pasear horas y horas e incluso a improvisar un pícnic.

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BRAY (35’ en coche o en tren)
En la línea que separa los condados de Dublín y Wicklow, Bray (o Bré) es un pueblecito con cierto encanto que atrae a los dublineses los fines de semana por su larga playa y su paseo marítimo, lleno de pubs y zonas verdes. Pero también porque desde ella se puede emprender una caminata de una media hora hasta llegar a una colina coronada por una enorme cruz que durante la subida regala una preciosa vista del mar de Irlanda, el pueblo y los verdes campos de la región. La caminata todavía puede ir más allá, hasta Greystones subiendo y bajando colinas solitarias que dan y mucho para la contemplación.

NEWGRANGE (45’ en coche o en tren)
Adentrarse bajo las enormes rocas de Newgrange (newgrange.com) es hacer un viaje al pasado, nada menos que cinco mil años atrás, porque este gran túmulo y su tumba de corredor prehistórica orientados astronómicamente, además de ser el yacimiento más famoso de Irlanda, es más antiguo que Stonehenge, hasta mil años más viejo, y que las grandes pirámides de Egipto. Localizada en el condado de Meath, son 90 metros de diámetro y más de 13 de altura lo que ocupa el enorme montículo que edificaron los constructores neolíticos y que decoraron con enormes piedras talladas y un círculo pétreo alrededor para atraer el favor de las fuerzas de la naturaleza. En su interior, un pasillo de 18 metros y una abertura en su techo que deja pasar la luz la mañana del solsticio de invierno, el 21 de diciembre. Existe un servicio de autobuses entre la localidad de Drogheda, conectada con Dublín por tren, y el Centro de Visitantes.

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KILKENNY (1 hora y media en coche o en tren)
A 130 kilómetros de Dublín, Kilkenny es una maravilla medieval que muchos conocen como la “ciudad de mármol”, precisamente porque es con esta decorativa piedra, en este caso de color negro y extraída de una cantera próxima, la que ha servido para poner en pie un buen número de edificios. La catedral de Saint Canice alardea por su altura, pero en esta ciudad cultural la estrella es el castillo normando que fue residencia de los Butler Ormonde durante casi cinco siglos, aparte de sus callejuelas adoquinadas a las que se asoman torres, iglesias, casas nobles y restos de muralla. Los talleres artesanales, el ambiente nocturno y los festivales llenan de vida el día a día en esta pequeña ciudad.

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CONDADO DE WEXFORD (2 horas en coche)
A dos horas de Dublín hacia el sur está el condado de Wexford, que da para más de un día, porque tiene mucho que ver, desde el mismo pueblo que le da nombre, en cuyas calles medievales se aúnan pasado y presente –la abadía de Selskar y el moderno Teatro de la Ópera–, a la península de Baginbun, donde desembarcaron los primeros normandos en Irlanda, allá por 1169. Si en el pueblo de New Ross no hay que perderse la Dunbrody Experience (dunbrody.com) en un barco de la hambruna amarrado a los muelles del río Barrow, en el de Dunganstown está la casa familiar del bisabuelo de John F. Kennedy. Siguiendo la agreste costa hacia el norte está la playa de Curracloe, donde se recuerda el rodaje de la película Salvar al soldado Ryan, que Steven Spielberg eligió para la recordada escena del desembarco de Normandía, mientras que al sur está la de Rosslare y, asomado a su arenal, el Kelly’s Resort Hotel & Spa (kellys.ie), un lujoso cuatro estrellas en el que desconectar y alargar el viaje los días que apetezca. 

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