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48 horas en Oporto… pura esencia atlántica

Esta ciudad portuguesa es amable y canalla, exuberante y campechana. Se muestra poco a poco hasta dejar al desnudo esa esencia atlántica y vivaz que la invade de arriba a abajo, desde los tejados apiñados donde uno desearía ser gato hasta su entramado de calles efervescentes en dirección al Duero y su mayor tesoro, el vino.

by MIRIAM QUEROL

Pandas festivas de amigos, parejas en busca de escondites románticos, cazadores de tendencias, culturetas de agendas apretadas, familias indolentes y, por supuesto, amantes del vino y la gastronomía hacen suya la ciudad. Oporto se ha ganado por derecho propio el cariño de quien en ella recala, y así lo muestran las cifras de visitantes, en aumento año tras año, pues pocas ciudades se adaptan tan bien al forastero como esta. Es un lugar que enraíza en un solo fin de semana, y qué mejor que comenzarlo en una de sus muchas bodegas, situadas al otro lado del río, en Vila Nova de Gaia.

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VIERNES
Aterrizamos directamente en la emblemática Taylor's (taylor.pt), que arguye un buen puñado de razones para amar este vino generoso que nació en el siglo XVI al agregar aguardiente en el proceso de fermentación para que soportara las travesías marinas. Su versatilidad para acompañar las comidas es una de ellas, pero el recorrido por la historia de esta ciudad portuguesa a través de estos caldos cautivará a bebedores... y abstemios. Su restaurante, Barão Fladgate (baraofladgate.com), presenta rotundos alicientes: una buena cena y, sobre todo, una vista cabal de la ciudad desde la terraza, cuando despierta sutilmente a la noche. A estas alturas, Oporto ya se ha metido en el bolsillo a cualquiera. Desde aquí es difícil resistir la tentación de cruzar el río y recorrer sus callejuelas, a no ser que te alojes en algún cercano wine hotel, como The Yeatman, y prefieras extasiarte con las vistas y las bondades del vino, que tampoco es mal plan.

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Si te decides a cruzar, hazlo a pie por el famoso puente de Luiz I, una joya de un discípulo de Gustav Eiffel, solitario y silencioso al caer la noche (durante el día es muy transitado por turistas). Al otro lado se alza la catedral, uno de los mayores monumentos de la ciudad que ofrece una cara distinta a esas horas. El ambiente chispeante y cálido de la noche aguarda bajando unas buenas cuestas. El bar Galeria de París, en la calle del mismo nombre, cuajada de garitos, es un buen destino: su decoración estrambótica, con bicis colgadas en los techos y paredes repletas de cachivaches vintage, lo han convertido en un clásico. Y para convencerse de que Oporto esconde una sorpresa tras otra, acércate a Maus Hábitos (maushabitos.com), una especie de speakeasy bohemio ubicado en la cuarta planta de un glamuroso y destartalado edificio decó, Garage Passos Manuel (Passos Manuel, 178), frente al también impresionante Cinema Coliseu. Nightclub, galería de arte, restaurante...: uno comprende perfectamente al entrar en este “espacio de intervención cultural” por qué Oporto es el lugar del momento.

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SÁBADO
Proponemos reservar la mañana para callejear y comprar, y la tarde para un plan cultural. En cualquier caso, se impone un buen desayuno (déjate tentar por los bollos de las padarias y el café galão). La praça dos Leones, con varios establecimientos típicos, es un buen punto de partida. Si hace bueno, la explanada con terracitas es una delicia. Ahí se ubica la archiconocida Livraria Lello (livrarialello.pt), de estilo decimonónico. Se ha puesto tan de moda que hay cola y cobran por entrar. Si es a primera hora y no hay que esperar, merece la pena, pero hay otras opciones: la Cadeia da Relação (cpf.pt), una antigua cárcel del XIX que hoy alberga exposiciones fotográficas (y es gratis); las fachadas de edificios tan curiosos como el de Armazéns Cunha, coronado con un pavo real de estilo decó; y, por supuesto, la Torre dos Clérigos. Hay unas cuantas escaleras, pero la vista de 360 grados de la ciudad sirve de recompensa. Muy cerca, a cinco minutos andando, la estación de trenes São Bento, tapizada por los típicos azulejos portugueses, te atrapará un buen rato. Al fondo, en la propia estación, hay un curioso café.

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Desde aquí, déjate llevar en dirección a la Ribeira, curioseando fachadas de azulejos impertérritos a la humedad y el paso del tiempo y comercios tradicionales donde encontrar máquinas de coser, artículos religiosos, arreglos para calzado... junto a nuevas tiendas de diseño. En la rua das Flores es fácil entretenerse en lugares encantadores como la librería Chaminé da Mota, la preciosa Ourivesaria Aliança, antigua joyería de los años 20 reconvertida en tetería, o la Mercearia das Flores (merceariadasflores.com), un ultramarinos con productos portugueses. Probablemente el olor a barbacoa ya esté presente en las calles y sea la hora de probar frango (pollo) asado en carbón, o las inevitables sardinas, en alguna taberna (en la rua Caldereiros hay varias). O, si se busca algo más sofisticado, entrar en el famoso restaurante DOP (ruipaula.com), en el Palácio das Artes, que renueva, como solo saben los portugueses, la cocina local con sabores de fuera.

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Por la tarde, lejos del trasiego, visita la Fundación Serralves (serralves.pt), un exquisito centro de exposiciones. El arquitecto Álvaro Siza se recreó en este edificio marmóreo que se vuelca al exterior, con ventanales que parecen lienzos vivientes y que se abren a unos jardines románticos donde conviven en armonía árboles centenarios con esculturas de Richard Serra o Veit Stratmann y, cómo no, con la casa museo Serralves, otra joya del art decó portugués. Animados por la riqueza de los edificios de Oporto, proponemos visitar, antes o después, la Casa da Música (casadamusica.com), una virguería arquitectónica que tiene como objetivo dominar las ondas acústicas para conseguir que el sonido de sus conciertos sea perfecto. Un bar con cristalera ondulante que amortigua el sonido de la calle y varias salas dedicadas a juegos musicales completan la visita guiada. Y, atención, melómanos: los domingos por la mañana, conciertos gratuitos.

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Estos son los dos centros más destacados del lujoso barrio Boavista, con maravillosos edificios y mansiones del siglo XIX y XX –incluida la bonita sinagoga Kadoori, la mayor de la península–, que merece la pena recorrer a pie hasta llegar a Foz, lugar donde se encuentra el Duero con el Atlántico. Hay un tranquilo paseo marítimo, con románticas arcadas y mucho ambiente festivo por la noche y familiar durante el día. Allí se ubica el restaurante Pedro Lemos (pedrolemos.net), con estrella Michelin, la mejor manera de rematar la jornada.

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DOMINGO
Los domingos, la Ribiera está muy animada con puestos tradicionales, música en directo e infinitud de terracitas y tiendas a orillas del río. Un lugar pintoresco (y turístico), declarado Patrimonio de la Humanidad, desde donde se ven atracados los rabelos, embarcaciones tradicionales que transportaban los toneles de vino desde el lugar de producción hasta las bodegas descendiendo el curso del río que hoy se dedican al transporte turístico con una variada oferta de recorridos. Algo más exclusivo es el alquiler de un yate privado (con empresas como B Sport (bsport.com.pt) para una paseo particular. En cualquier caso, la travesía por el Duero es una delicia.

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Otra opción –nada turística– es atravesar el río en una renovada lanchita llamada Flor do Gás, que comunica con el barrio de pescadores Afurada. El trayecto hasta donde parte la embarcación es ya un incentivo, pues se llega en el pintoresco tranvía 22, que transita en paralelo al río, junto a las coloridas casitas desvencijadas con ropa tendida. La parada está en las inmediaciones del Palacio da Bolsa, un bello edificio neoclásico que se puede (y debe) visitar. En Afurada, callejeando un poco, se alcanza uno de los mejores lugares donde hartarse a base de pescado y marisco, la campechana taberna São Pedro (Vasco da Gama, 126). Si no te importa esperar, puedes tomar un vino mientras consigues mesa, si no, lo mejor es reservar (00 351 220 993 883). De postre, no te pierdas la leite creme queimado.

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Después de comer se impone un buen paseo caminando por la margen del río. Se tarda unos 30 minutos a pie en llegar a Vila Nova de Gaia. Y podrás despedir Oporto igual que comenzaste: con un buen vino y mejores vistas. No es la Fontana de Trevi, pero desearás regresar bien pronto.

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GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
En avión hay vuelos diarios desde Madrid con TAP Portugal, Ryanair, Iberia y Air Europa, desde unos 50 €.

Dónde alojarse
Hay infinidad de alternativas: desde algún encantador alojamiento en la recién reformada Rua das Flores ­–ya sea en apartamentos privados en edificios rehabilitados (liiiving.com) o en un perfecto boutique hotel como Flores Village (floresvillage.com)– hasta modernos hoteles cinco estrellas en el barrio de Boavista como Crowne Plaza Hotel (ihg.com) o algún wine hotel de lujo como The Yeatman (the-yeatman-hotel.com).

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Más información
Turismo de Oporto y Norte de Portugal, visitportoandnorth.travel

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