Gruyères, un pueblecito de cuento con sabor a queso

Una pregunta fácil: ¿A qué te suena Gruyères? La respuesta parece fácil de adivinar. Lo que quizás no sepas es que la localidad a la que da nombre uno de los quesos más famosos del mundo es un pintoresco pueblecito medieval coronado por un castillo y con encanto a rebosar. Nos damos un paseo por ella.

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Al pueblecito suizo de Gruyères hay que llegar atraído por su aroma, el de su queso con denominación de origen protegida. Por eso, lo primero que habría que hacer nada más poner un pie en ella es acercarse a la quesería La Maison du Gruyère, que desde 1969 elabora este producto de manera tradicional para ver cómo es su proceso de fabricación. Dos veces al día, los maestros reciben la leche de los campesinos y la convierten en este manjar que ha llevado lejos el nombre de su cuna. Es en este mismo lugar donde, gracias a una exposición interactiva, se pueden seguir estimulando otros sentidos, escuchando por ejemplo el sonido de los cencerros, oliendo el heno de los Alpes, acariciando a las vacas y, lo más agradable, probando un queso suave, maduro o recién hecho tan apreciado por el paladar.

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Después lo que toca es subir a lo alto del castillo de St. Germain que corona Gruyères para quedarse con la imagen de postal de este pueblo de la región de Friburgo. Situado en un promontorio sobre el valle, donde predominan los pastos y las granjas, el camino hasta él no tiene pérdida, más que nada porque el pueblecito es mínimo, y además los coches están prohibidos, solo tiene tres calles, y la que asciende está empedrada y flanqueada por restaurantes y casas primorosamente conservadas que datan del siglo XV.

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Contemplada la panorámica que se divisa desde la atalaya, hay que entrar en el interior de este castillo que, a pesar de sus ochocientos años de historia y del incendió que lo asoló en 1493, conserva buena parte del encanto que tuvo cuando en la Edad Media vivieron en él condes y ricos terratenientes. Tras atravesar dormitorios y lujosos salones decorados con mobiliario, vestuario, armaduras y pinturas de varios siglos, la primera planta permite asomarse al jardín francés del castillo, que le da un toque bucólico; pero también contemplar las colinas de un verde intenso de la región con las vacas pastando y la cima de montañas prealpinas recortadas en el cielo como el Dent du Chamois y el Molesón, situada a pocos kilómetros.

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A pocos metros del castillo, de regreso al centro del pueblo, espera el Museo H.R. Giger, que no es un museo convencional, porque está dedicado a este suizo que en 1980 ganó un Oscar a los mejores efectos especiales por Alien. Y eso ya dice mucho de él y de por qué es centro de peregrinación de los amantes de la ciencia ficción. Un curioso punto surrealista en el mágico escenario medieval que es Gruyères. Para completar la visita, obligado es pasarse por el H.R. Giger Bar, que queda enfrente, para disfrutar de una copa en un ambiente tan auténtico como el recrea esta película de ficción. El caso es soñar en este pintoresco pueblecito suizo.

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GUÍA PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR
Desde Madrid y Barcelona en avión hasta Ginebra. En el aeropuerto se puede tomar un tren o alquilar un coche para llegar a Gruyères, que queda a una hora y media.

DÓNDE DORMIR Y COMER
En la Hostellerie Saint-Georges, un hotelito de 14 habitaciones de ambiente acogedor y que ofrece cocina tradicional; en el Hotel de Gruyères, de decoración rústica; y en Le Chalet de Gruyères, un encantador restaurante de madera al estilo de los chalés suizos donde degustar una fondue de queso acompañada de vino blanco, y que también cuenta con alojamiento.

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