25 ABRIL 2013

Planes culturales para ver y sorprenderse en la Costa Daurada

Desde hacer vida de monje en Poblet o viajar a la Edad Media en Montblanc a conocer la primera cartuja de la península, origen de los vinos del Priorat. Aquí tienes un montón de ideas para tus próximas escapadas a este rincón del Mediterráneo.

Vida de monje en la Ruta del Císter
Pasear por el claustro y la iglesia del impresionante monasterio de Santa María de Poblet es una experiencia de lo más apasionante, sobre todo cuando se descubren los rincones y las historias vinculadas a este panteón real en el que descansan los restos de los reyes de la Corona de Aragón. Más aún alojarse en su hospedería (aunque solo pueden hacerlo los hombres) para asistir con los monjes a los oficios litúrgicos, comer en el refectorio o deambular por otros espacios privados. Poblet es Patrimonio de la Humanidad y también la joya de la Ruta del Císter, que hay que seguir en el monasterio de Santes Creus, que deslumbra por su conservación y sus retablos. Ambos, junto al de Vallbona de les Monges, en Lleida, completan un viaje triangular de espiritualidad.

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En busca del hombre primitivo
También historia y muy larga tiene la cueva de la Font Major, en L’Espluga de Francolí, que dio nombre al pueblo. Es una de las siete cuevas más largas del mundo formadas en conglomerado, con 3.590 m. de corredores descubiertos hasta ahora. Una parte ha sido habilitada como museo y el recorrido por él acerca a la vida y costumbres del hombre primitivo, de la formación de la tierra, del conocimiento de las herramientas, de los oficios... Para los más atrevidos, la visita de aventura continúa más allá del museo, equipados con traje de neopreno y una lámpara remontando el río subterráneo.

Ecos del medievo en Montblanc
Para sabor a Edad Media el que proyecta Montblanc, la fortaleza medieval mejor conservada de Cataluña. Está declarada conjunto de interés histórico artístico y eso ya dice mucho de lo que guarda. Hacer un recorrido por sus imponentes murallas, torres, palacios y puentes que recuerdan un pasado esplendoroso hacen volar la imaginación, mucho más si se visita con niños.

Una ciudadela muy animada
Además de playas, un delicioso paseo marítimo, un museo dedicado al escritor Carlos Barral y un castillo medieval, el de la Santa Creu, Calafell tiene otra joya monumental: su ciudadela ibérica. Hoy, es un centro de arqueología experimental donde descubrir cómo vivía la comunidad de los cosetanos en la Edad del Hierro hace 2.500 años. El interior está amueblado con réplicas de los objetos originales encontrados en la excavación. En agosto, hay recreaciones teatrales de la vida de sus antiguos moradores.

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Los cartujos y el vino del Priorat
En el corazón del Montsant, la montaña sagrada, los cartujos construyeron la primera cartuja de la península Ibérica en el siglo XII para repoblar la tierra tras la Reconquista. Fueron ellos los que introdujeron el cultivo de la vid en el Priorat y levantaron esta auténtica maravilla de piedra y contemplación que es la cartuja de Escaladei. Una visita a sus restos permite conocer hoy los orígenes de la comarca y, de paso, adentrarse en uno de los paisajes naturales más fascinantes de Tarragona.

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Por la ruta modernista en Reus
Reus es el epicentro del modernismo gracias a la prosperidad que vivió a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando fue el principal exportador de vermut y productos textiles. Para descubrirlo hay que seguir la ruta que recorre las 24 casas modernistas que se asoman a su casco urbano. Tiene parada en la casa de Antoni Gaudí, donde el genial artista pasó su infancia y juventud, y también en el Instituto Pere Mata y la Casa Navàs, proyectados por el arquitecto Domènech y Montaner.

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Buscando la inspiración en El Paisatge dels Genis
Pau Casals en El Vendrell, Antoni Gaudí en Reus y Riudoms y Joan Miró en Mont-roig del Camp. Las huellas de estos tres genios que nacieron y crecieron en esta franja de tierra y mar siguen siendo hoy la inspiración para los que van en busca de la vinculación de estos genios con su patria chica.

Un viaje a la Tarragona Romana
Cuando los romanos descubrieron las bondades de la Costa Daurada decidieron levantar en ella Tárraco, la segunda ciudad más importante del Imperio. Este sustrato milenario late todavía ahora en cada rincón de la ciudad, un verdadero museo de arquitectura romana que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Para conocerlo nada mejor que recorrer a pie o con la mirada la muralla que protegía la ciudad, visitar el circo, imaginar en el anfiteatro, asomado al mar, las luchas en la arena de los gladiadores, o admirar otros retazos de su pasado en el foro provincial, el teatro, el pretorio y hasta en los muros de sus tiendas, bares y restaurantes. 

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Sant Miquel d’Escornalbou, un castillo-monasterio
Primero fue un monasterio de agustinos, luego de franciscanos hasta que después de años de abandono, en 1909 el diplomático y egiptólogo Eduard Toda i Güell lo convirtió en su casa señorial. Así es la fisonomía hoy de este castillo-monasterio ubicado en Riudecanyes, una mezcolanza de estilos a 650 metros sobre el nivel del mar. Tras la visita guiada por sus estancias, el claustro y la iglesia, la joya arquitectónica es un buen punto de partida para numerosas rutas por el entorno.

Más información: Turismo de Costa Daurada

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