04 FEBRERO 2013

Buenos Aires, una ciudad de cine y seducción porteña

Una escapada a la capital argentina para descubrir los escenarios de la oscarizada película ‘El secreto de sus ojos’, y de paso su esencia más íntima, desde el irónico humor de los porteños a las tertulias de boliche o la locura por el fútbol.

No suena música de tango. Tampoco se ve el Obelisco ni las casitas de colores de La Boca, y en vez de mostrar siquiera alguna de esas avenidas plagadas de edificios del XIX que le valieron a Buenos Aires el sobrenombre del 'París de Latinoamérica', El secreto de sus ojos se conforma con mostrar algunos exteriores no demasiado lucidos de barrios como Constitución, San Telmo, Saavedra, San Cristóbal, Tribunales y Almagro, y hasta las municipalidades periféricas de Lanús, Avellaneda y Chivilcoy. Sin embargo la película de Juan José Campanella, director de otras joyas como El hijo de la novia o El mismo amor, la misma lluvia, no se ha resistido a aliñar con ese fino humor y esa nostalgia tan propia de los porteños cada uno de los chispeantes diálogos de este oscarizado thriller en el que se trenzan el crimen, el amor, la política y la venganza, reflejando a Buenos Aires, lejos de todo folclore, en la intimidad de sus casas y sus tertulias de bar, la indefensión ante las instituciones públicas de los turbulentos años previos a la dictadura, el estrépito de las canchas de fútbol o ese constante debate entre remover el pasado y mirar hacia el futuro.

Buenos Aires

Basada en la novela La pregunta de sus ojos, de Eduardo Sacheri, la película transcurre simultáneamente en el Buenos Aires de los setenta y en el prácticamente actual. En este vaivén fílmico entre el pasado y el presente, el recién jubilado funcionario judicial Benjamín Espósito –un como siempre intachable Ricardo Darín– trata de llenar sus días escribiendo una novela sobre un viejo caso sin resolver que marcó el resto de su vida: el brutal asesinato en 1974 de una joven maestra a manos de un amigo de la infancia que, a pesar de haber sido detenido gracias a la perseverancia de Ricardo Morales, su destrozado viudo, fue puesto en libertad casi de inmediato por los desmanes de la justicia de aquellos años, obligando a un Espósito en peligro de muerte a refugiarse durante una década en la lejana provincia de Jujuy y a renunciar con ello a su amor, nunca declarado, por su jefa, la abogada Irene Menéndez-Hastings, a quien interpreta una también soberbia Soledad Villamil.

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Precisamente la película arranca con un flash-back de la emotiva despedida de estos enamorados condenados a no encontrarse en la estación de trenes de Retiro Mitre, cuya estructura neoclásica del principios del XX, declarada Monumento Histórico Nacional, sigue enmarcando los adioses de quienes toman hoy los expresos hacia el norte de Argentina.

Otro escenario imprescindible de El secreto de sus ojos es el también neoclásico edificio del Palacio de Justicia, en el barrio de Tribunales, por cuyos vestíbulos y despachos abarrotados de papeles se filmaron la mayoría de las escenas, incluido el primer encuentro entre Irene y Benjamín o las desternillantes intervenciones del entrañable borrachín Pablo Sandoval, ayudante en los juzgados.



Las charlas de bar de Sandoval en su ‘segunda oficina’ –rodadas en el Only VI del 749 del Paseo Colón, aunque bien podría haberse elegido cualquier otro de los carismáticos boliches a rebosar de parroquianos que mantienen vivo el arte de la tertulia y que siembran entero el bohemio barrio de San Telmo¬– resultarán clave para averiguar, a través de unas cartas escritas por el presunto asesino, que este era un ‘académico’, es decir, un fanático del Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos que más pasiones desata en la ya de por sí apasionada y futbolera Buenos Aires.

La secuencia en la que Benjamín y Pablo se lanzan en su búsqueda durante un partido entre el Racing y el Club Atlético Huracán es otro de los momentos cumbre del filme, con una espectacular toma aérea realizada desde un helicóptero del estadio Palacio Ducó, abarrotado de hinchas reales.

También en Chivilcoy, una ciudad de la provincia de Buenos Aires a unos 160 kilómetros de la Capital Federal, se rodaron las escenas del hilarante robo de las cartas que darán la pista para la resolución del caso. E igualmente por la provincia se emplazó la apartada casona campestre a la que se fue a vivir el viudo Morales, que en un soprendente desenlace podrá verse, ya viejo, sin haber podido pasar página del crimen de su mujer; algo que por fin hará tomar a Benjamín una decisión que llevaba casi treinta años congelada en el tiempo.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
Vuelos directos a Buenos Aires, desde Madrid o Barcelona, con Aerolíneas Argentinas, Iberia y Air Europa.

Cuándo ir
Todo el año, aunque Buenos Aires es particularmente agradable en primavera y otoño.

Cómo moverse
Lo mejor, en metro y taxi.

Dónde dormir
En hoteles tan bien localizados como el Panamericano; tan exclusivos como el Alvear y el Palacio Duhau, o tan a la última como el Faena, de Philippe Stark, o el Moreno, un edificio de 1929 en el carismático barrio de San Telmo.

Dónde comer
En locales que han sabido conservar la nostalgia de otros tiempos como los archiconocidos cafés Tortoni o La Biela y restaurantes más anónimos como El Club del Progreso o Zum Edelweiss (Libertad 431, Tribunales), sin, por supuesto, renunciar a las sublimes carnes de La Brigada (Estados Unidos 465, San Telmo) ni a la hora del té en el Duhau o el Alvear. O, haciéndole un guiño a la película, en Los Inmortales (Av. Corrientes 1.369), la pizzería más antigua de la ciudad, en la que Benjamín propone a Irene un encuentro fuera de la oficina, o en la mucho más elegante confitería Richmond (Florida 468) que le sugiere ella.

La ruta
Entre las visitas gratuitas que ofrece Turismo de Buenos Aires puede reservarse una, los viernes, al Palacio de Justicia, en el que se rodó gran parte de El secreto de sus ojos.

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No dejes de…
Recorrer la Avenida de Mayo que une la Casa Rosada y el Congreso entre edificios sublimes como el Palacio Barolo; hacer una incursión diurna al popular y colorido barrio de La Boca y al insólito cementerio de la elegante zona de Recoleta; buscar antigüedades por los alrededores de la imprescindible plaza de San Telmo, curiosear por los restaurantes y tiendas de vanguardia de Palermo SOHO y acercarse a cenar a los renovados muelles de Puerto Madero. Incluso, asistir a un partido de fútbol en La Bombonera y a una milonga en una casa de tango auténtica.

Más información
Turismo de Argentina y Turismo de Buenos Aires.