Pueblos en parajes imposibles que no te dejarán indiferente

Frías, Castellfollit de la Roca, Rocamadour, Azenhas do Mar… Te descubrimos algunos de los más fotogénicos.

Érase una vez un pueblo de cuento… España, Francia, Grecia, Italia o Portugal poseen un buen muestrario de estos pequeños pueblecitos que reposan sobre acantilados o rocas majestuosas. Unos son diminutos paraísos de montaña encaramados en un peñón de piedra caliza en medio de un magnífico valle, otros se asoman al precipicio que les salva de las turbulentas aguas del mar, otros se sitúan sobre un profundo barranco por cuyos fondos descienden las aguas de un río. En esta galería de imágenes te enseñamos algunos de los más espectaculares, porque nos regalan espectaculares panorámicas desde sus alturas y, sobre todo, porque son los que más nos gustan. * Usa las teclas derecha e izquierda para navegar por las fotos en la página
Del hermoso perfil de Castellfollit de la Roca, estirada sobre un acantilado de roca basáltica en la provincia de Girona, resalta el campanario de la iglesia de Sant Salvador. La Vila Vella tiene su centro en la plaza de Sant Roc donde se levanta la torre rosada del Reloj y de la que parten las dos principales calles bordeadas de casas de piedra. 
Cuentan que al final de su vida, Nietzsche subió por uno de los escarpados caminos del pueblo de Èze, en la Costa Azul, y la dificultad de la ascensión le inspiró para escribir 'Así habló Zaratustra'. 
La silueta del altivo y original castillo de Frías, en Burgos, levantado sobre una inverosímil atalaya rocosa, preside una ciudad que el tiempo y la historia han convertido en un atractivo núcleo de sabor medieval. 
Manarola es un pintoresco pueblo italiano de la costa construido en pleno acantilado. Los colores de sus edificios añaden un encanto carismático a este pueblo pescador rodeado de mar, montaña, barrancos y acantilados que caen en picado al mar. Junto con Riomaggiore, Corniglia, Vernazza y Monterosso, forman los conocidos como los pueblos de las Cinque Terre, en el norte del país. 
Najac es uno de los pueblos más bonitos de Francia, con sus casitas con tejados a dos aguas y su ubicación. Entre la nutrida vegetación que le rodea, una sola calle atraviesa el pueblo de forma ascendente hasta la cumbre de la colina en la que fue construido el castillo del siglo XII. 
El pequeño pueblo italiano de Positano es uno de los dos centros turísticos de imprescindible visita en la Costa Amalfitana, inmersos en la naturaleza y con pequeñas calles en las que descubrir rincones inhóspitos. 
La legendaria localidad de Rocamadour aparece literalmente colgada de uno de los paredones rocosos de la estrecha garganta del río Alzou. El origen de su secular fama hay que buscarlo en los milagros atribuidos a la imagen de la Virgen Negra que apareció en el lugar. 
El puente del Tajo une las dos ciudades históricas de Ronda desde la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se levantó la mayor obra civil de su tiempo sobre un profundo barranco de noventa y dos metros de altura por cuyos fondos descienden las aguas del río Guadalevín. 
Como si hubiera sido emplazada allí por un entusiasta del vértigo, el exquisito pueblo medieval de Siurana, en la comarca vinícola del Priorato (Tarragona), se agarra sobre la punta de un promontorio de roca calcárea a 737 metros de altura y ceñida por acantilados. Un mirador natural que domina la encrespada sierra de Montsant, las montañas de Prades, el cortado rojo de la Siuranella y el valle del río Siurana. 
La llegada a Azenhas do Mar ofrece una hermosa vista del emplazamiento de esta villa escalonada, encaramada sobre un acantilado recortado en cuyo seno hay una calita convertida en piscina de agua salada. 

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