Klimt y Sisí, Viena con nombre propio

Propuestas para descubrir la capital austriaca de la mano de estos dos personajes que este año están de aniversario.


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Da igual que se siga la ruta vanguardista que la imperial, la de los nuevos diseñadores o la de los cafés, porque cualquier recorrido por la capital austriaca siempre lleva a los lugares viculados a estos dos queridos personajes con nombre propio en la ciudad: Gustav Klimt y Sisí. Este año con más motivo, porque a la celebración del 150 aniversario del nacimiento del más célebre de los pintores austriacos, se suma, el próximo 24 de diciembre, el 175 de la emperatriz Isabel de Baviera, que aunque siempre está de moda, estos días con más motivo. Estas son algunas propuestas que no hay que perderse en Viena para sumarse a la fiesta:

Tras los pasos de Klimt
Hasta finales de enero de 2013 puedes visitar en el palacio Belvedere, que cuenta con la mayor colección de cuadros de Klimt del mundo, la exposición que el museo le ha dedicado este año al artista austriaco más significativo de su época, entre las que se incluyen gran parte de sus obras maestras, como Girasoles, Familia y, por supuesto, su famoso Beso.

Siguiendo los pasos de Klimt también hay que llegar al Kunsthistorisches Museum, porque hasta el 6 de enero se puede subir al andamio que, a doce metros de altura, permite contemplar más de cerca las pinturas del artista austriaco –y también de su hermano Ernst y Franz Matsch- que decoran la escalera principal del museo. Y si lo de las alturas te ha gustado, no dejes de pasar por el Pabellón de la Secesión para contemplar, a la altura de los ojos, el Friso de Beethoven, que el pintor dedicó al compositor en 1902, visible gracias a la plataforma creada por el artista Gerwald Rockenschaub.

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Como colofón, se impone una visita a la Villa Klimt, la casa taller en el número 11 de Feldmühlgasse, en el distrito 13 donde vivió y trabajó el artista austriaco desde 1911 hasta su muerte en 1918, y en cuya planta baja se ha reconstruido su estudio con todo tipo de detalles.

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Hay muchas más opciones donde encontrar importantes testimonios sobre Klimt: el Museo Leopold, el Wien Museum, la Albertina o el MAK (Museo Austriaco de Artes Aplicadas), aunque si después de descubrirlos lo que a uno le apetece es quedarse con un recuerdo, siempre queda la opción de pasarse por el Madame Tussauds, en el Prater, para hacerse una foto con Gustav Klimt ‘en persona’ (eso sí, de cera), o llenar la maleta de joyas, accesorios o exquisiteces para el paladar que puedes adquirir en los museos o en las tiendas del centro histórico y que, de una forma u otra, están inspirados, en Klimt y su época.

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Tras los pasos de Sisí
Musicales como el célebre Elisabeth, en el Raimund Theater, exposiciones y multitud de eventos se han organizado en Viena para celebrar el cumpleaños de la Emperatriz Elisabeth. Hasta finales de enero, en el Hofmobiliendepot (Museo del Mueble) se puede ver una exposición dedicada a los viajes de Isabel a Corfú, donde la emperatriz se hizo construir el palacio del Aquileón. Y de paso, echar un vistazo a la permanente Sisí en el cine, centrada en la legendaria trilogía cinematográfica protagonizada por Romy Schneider.

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Otro lugar indispensable en la ruta es el Palacio Imperial de Hofburg, que acoge el Museo Sisí, en el que podrás leer sus melancólicos poemas y contemplar algunos de sus objetos personales, joyas, vestidos y hasta el puñal con el que fue asesinada en Ginebra en 1898. Y también el Palacio de Schönbrunn, la residencia veraniega de los Habsburgo, declarado Patrimonio de la Humanidad, que por estas fechas acoge un mercadillo navideño.

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Otros lugares de culto y peregrinación para los fanáticos de Sisí son el Museo de Carruajes Imperiales; la espectacular estatua en un tranquilo rincón del Volksgarten; la iglesia de los Agustinos, donde se celebró su enlace con Francisco José I, o la de San Miguel, en la Michaelerplatz, que acogió el de la ficción; el panteón de la de los Capuchinos, donde la emperatriz descansa eternamente; y la villa Hermesvilla, en el parque Lainzer Tiergarten, que fue un regalo de su esposo. Y para terminar, hay que detenerse en la prestigiosa joyería Köchert para, sino es posible comprar, al menos admirar las famosas estrellas que Sisí llevaba prendidas en el pelo. Los más golosos tendrán que acabar en las confiterías Kurkonditorie Oberlaa o en Demel, antiguos proveedores de la Casa Imperial, donde probar las delicatessen que tanto gustaban a la emperatriz.

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