Costa Oeste de Sudáfrica, en clave floral

Un viaje por los paisajes resecos de este litoral, tan atractivo por el estallido de las flores que lo cubren en esta época como por las embestidas del oleaje atlántico. Así son los contrastes de este país.


4

Hará falta más de un viaje a Sudáfrica si lo que se pretende es descubrir la identidad de un país con tres ciudades funcionando como capital y un territorio que equivale a dos veces y media la de nuestro país. Es imposible abarcarlo de un vistazo, así que, una buena manera de empezar es seguir su costa más hermosa, aquella que se despliega hacia el norte de Cape Town hasta alcanzar la frontera con Namibia. En esta época del año, gracias a unos pocos chaparrones caídos en invierno, viste sus mejores galas, las de un manto de flores silvestres de todos los colores.

La aridez de su paisaje desértico, de matorrales de hoja fina o fynbos, se transforma en una alfombra humilde pero muy vistosa de plantas que aprovechan con urgencia el agua caída para florecer y con ello perpetuarse antes de que se alcancen las altas temperaturas estivales. Incluso sin haber sentido jamás la atracción por la botánica, a buen seguro que tal despliegue de color hará que mirar hacia el suelo sea uno de los mejores pasatiempos del recorrido.

3


No por ello se habrá de perder de vista la costa, con sus bellísimas playas de arenas blancas donde rompe bravío el oleaje azul del Atlántico y aves como el exclusivo alcatraz del Cabo se afanan por alimentarse en esta masa oceánica de temperaturas frías inducidas por las aguas de la corriente de Benguela. La mayor concentración mundial de esta especie se da en la isla Bird, frente a la pescadora población de Lambert´s Bay. Apenas situada a 100 metros de la costa, está conectada por un puente a través del que antaño se extraía el guano de la colonia de aves marinas.

Después del típico almuerzo braai -barbacoa al aire libre- junto al mar es posible abandonar su ambiente marinero que se despliega alrededor del puerto, donde incluso desembarcan los diamantes extraídos de los fondos marinos, para descubrir parajes sorprendentes. Como The Dunes, un desierto pequeño de apenas 3 kilómetros de resplandecientes dunas, o bien los campos de cultivo cubiertos de proteas, enorme flor autóctona que es el símbolo del país.

7


No conviene sin embargo perder de vista el litoral, a sabiendas que, sin dejar de pisar tierra firme, pueden observarse cercanas a la playa las ballenas francas del sur jugando amorosamente o al cuidado de sus crías. Desde la costa del Parque Nacional West Coast, una laguna casi cerrada al mar por dos brazos terrestres que acoge una rica vida natural tanto marina como de aguas salobres, el espectáculo está garantizado. Además de recibir cada año a miles de aves migradoras, en temporada, sus campos se cubren con mantos de colores vivos durante la floración silvestre.

6


Es aconsejable aprovechar todas las ocasiones para asomarse a ese litoral solitario embellecido por kilómetros de arenales, cuyas dunas surgen salpicadas por un estallido multicolor de flores en lugares como Yzerfontein o la bahía de St. Helena, con su activa industria pesquera. Pero también descubrir, separadas inevitablemente de la costa, las más ancestrales huellas de la identidad sudafricana: las pinturas rupestres de sus pobladores originarios, los bosquimanos. Para ello, las montañas Cederberg son el mejor destino. Sus curiosas formaciones rocosas erosionadas con formas caprichosas esconden, junto a sus cursos fluviales, las pinturas dejadas por los bosquimanos que nomadearon por la región desde hace 20.000 años hasta hace apenas dos siglos. 

1

En este museo al aire libre, el Sevilla Trail es uno de los más fascinantes enclaves. No solo por sus riqueza de abrigos naturales que esconden pinturas entre sus rojizas rocas sino por la calidad de las mismas. Arqueros de caza, mujeres danzando, elefantes, gacelas, barcos y reuniones alrededor del fuego hablan sin palabras de las raíces sudafricanas de este paisaje solitario que, sin embargo, guarda toda la historia de una cultura en desaparición.

2


De regreso, un alto en Clanwilliam, la capital de las montañas Cederberg, ofrece un agradable descanso a la vez que un pintoresco entorno rodeado de campos de naranjos y limoneros antes de buscar de nuevo esa costa donde las olas lo convierten en un destino surfero de los más ansiados del mundo.

Siguiendo la orilla, el paisaje cubierto de flores silvestres no esconde la belleza agreste de la costa alrededor de Strandfontein, una orilla magnífica a la que, sin embargo, resta atención la desembocadura del río Olifants por surgir amplia y rodeada de viñedos que cubren su valle hasta la misma orilla del mar.

El recorrido entre bodegas y campos escalonados, donde los viñedos son cuidados con mimo y por ello medran hasta situar a los vinos sudafricanos entre los mejores del mundo, dan paso a las resecas tierras de Namaqua. Las flores acaparan la mayor parte del paisaje que envuelve la tranquilidad de sus pueblos, matizándolos con sus tonalidades de pinceladas aranjadas, malvas, amarillas, rojizas o rosadas. Desde aquí hacia el norte, hasta alcanzar la frontera con Namibia, el desierto aún se hace más severo y las sorpresas hacen aún más peculiares, como el bosque de árboles kiver, un singular árbol adaptado a la sequedad extrema, con cuya corteza los bosquimanos fabricaban los carcajs para guardar sus flechas.

Más información
En www.capenature.co.za, www.openafrica.org y Sendero de pinturas rupestres Sevilla Rock Art Trail.

Dónde dormir
En
Lambert´s Bay y Bushman Kloof.

Dónde comer
Muisbosskerm.

Más noticias sobre...

Más noticias

Últimos comentarios

Esta es la opinión de los internautas, no la de hola.com. No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema