Recuerdos reales en la costa de Lisboa

Es cierto que uno no se cansa de volver a la capital de Portugal y que cuanto más se conoce más se disfruta de su sabor añejo y húmedo. Pero sus alrededores están sembrados de alicientes de primera magnitud. Los aristocráticos Estoril y Cascais son un buen ejemplo. ¿Quiéres descubrir estos centros turísticos donde transcurrió una parte de la infancia del Rey Juan Carlos?

Estoril

Siguiendo la desembocadura del Tajo por la carretera costera conocida como Estrada Marginal, que salta de uno al otro lado de las vías del tren entre pinares y campos de flores, la ruta que lleva a Estoril y Cascais es un delicioso muestrario de mansiones levantadas junto al batir del Atlántico, de pescadores que buscan suerte sobre las rocas, y de viejos fortines levantados para proteger la entrada por mar a Lisboa: el de São Bruno, el Forte da Giribita, el das Maias y el más espectacular de todos, el de São Julião, que regala bonitas vistas sobre los roquedos de la praia de Carcavelos y, plantada insólitamente en mitad del mar, la estampa del faro de Torre do Bugio.

Cascais

En este encantador tramo turístico de la costa lusa se descubre Estoril, el famoso exilio de aristócratas y monarcas y de tantos recuerdos para el rey Juan Carlos. Porque fue aquí donde transcurrió una buena parte de su infancia y juventud. En Villa Giralda vivió junto a su familia, en el colegio Amor de Deus (San Juan de Estoril) y en los Salesianos estudió, en la iglesia de Santo António acudía a misa los domingos y en la playa de Tamariz, la más elegante de la época de la ‘Riviera portuguesa’, se bañaba. Al fondo quedan los jardines del que es el Casino más grande de Europa, al que solían acudir frecuentemente los Condes de Barcelona.

Condes de Barcelona

Hoy los aires nobles de la villa y su inclinación por la buena vida todavía se intuyen en su parque central, en sus campos de golf o en su afición por las regatas y las carreras, pero, sobre todo, en las elegantes residencias veraniegas que poseen muchos lisboetas adinerados, que abundan. Los hoteles proliferan más en Cascais, prácticamente unida a Estoril por un paseo marítimo de tres kilómetros.

Esta antaño aldea de pescadores, cuya popularidad se disparó a partir de 1870, cuando fue elegida por la familia real lusa como lugar de veraneo, destila también sus aires ilustres a través de sus muchas mansiones. El puerto deportivo junto a la antigua ciudadela y la coqueta zona peatonal, llena de tiendas de marca y restaurantes con terraza, hacen de Cascais un centro animado prácticamente todo el año ya que, poco a poco la villa se ha ido convertido en una zona residencial de Lisboa.

Estoril

Al margen de los azulejos de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, más que visitar, en Cascais de lo que se trata es de disfrutar de su ambiente, aunque si se tiene curiosidad por imaginar cómo era el lugar hace un siglo se puede recalar por el Museo Municipal, ubicado en el palacio de los Condes de Castro Guimarães, una mansión del XIX junto al precioso faro de Santa Marta, en la carretera que lleva a Boca do Inferno. Sobre esta sima, el Atlántico ruge con tal furia al estrellarse contra unos vertiginosos acantilados que hacen a esta atalaya rocosa bien merecedora de su nombre.
El Fuerte de Cascais, conocido como la Cidadela, que data del siglo XVI, también merece una visita. Fue construido para proteger la bahía y es parte de toda una línea de fortificaciones a lo largo del estuario del río Tajo, construidas para proteger a Lisboa de ser invadida. En la fortaleza se puede disfrutar de una espectacular vista y visitar el pequeño museo de artillería al aire libre. Junto a la fortaleza, los recuerdos del rey Juan Carlos también tienen otro escenario, el Club Náutico, en el que aprendió a navegar durante su juventud.

Casa Condes de Barcelona Cascais

Y si es hora de comer, el restaurante O Pescador, en la calle de las Flores, en el que recalaba la Familia Real española es una interesante opción si se sigue su rastro por esta villa de la Costa Azul portuguesa. Como también lo es seguir conduciendo por la carretera costera, la N-247, donde, en dirección a las dunas de la la inmensa Praia do Guincho por un litoral que se hace cada vez más salvaje, las marisquerías van aflorando de cuando en cuando junto a las rocas. En ellas, además de disfrutar de auténticas delicias gastronómicas permiten contemplar unas impresionantes vistas ante las que no queda más remedio que quedar pasmado.

GUÍA PRÁCTICA

Dónde dormir
En Cascais, en el hotel Albatroz, palacete de estilo francés situado sobre un acantilado. Como también en el Farol Design Hotel y, por supuesto, en el lujoso cinco estrellas Hotel Pálacio Estoril, en el que se celebraban algunas de las fiestas de sociedad a las que asistía la Familia Real española.

Dónde comer
En O Pescador, frecuentado por la Familia Real española durante su exilio y cuya cocina es de inspiración marítima.

Dónde divertirse
En el Casino de Estoril, el más grande de Europa y uno de los más afamados por su sofisticado ambiente, por el que también pasó el famoso agente 007. 

Más información
Turismo de Portugal

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