Masada, la fortaleza de Herodes

Escenario de infinitos episodios bíblicos, cobijo de monjes y eremitas, símbolo de la resistencia del pueblo judío, decorado para el cine y la ópera... Te animamos a alcanzar la cumbre de esta impresionante montaña aislada en el accidentado paisaje del desierto de Judea, junto al Mar Muerto. Desde lo más alto todo tiene otra dimensión.


Masada

Cuando el comandante de la X Legión romana Lucio Flavio Silva -papel interpretado por Peter O’Toole en la serie de televisión Masada-, contempla por primera vez la fortaleza no le viene otra palabra a la boca que “impresionante”. Lo era entonces, en el año 73 d.C., cuando los romanos pretendían conquistarla y expulsar de allí a los judíos zelotes que habían encontrado refugio en ella después de la destrucción de Jerusalén por Tito, hijo del emperador Vespasiano. Lo fue antes, cuando la creó Jonatán, sumo sacerdote de Jerusalén a mediados del siglo II a.C., y mucho más debió serlo cuando Herodes el Grande la fortificó y decidió construir un palacio para su descanso y el de su familia.

Hoy, siglos y siglos después, la fortaleza de Masada sigue siendo impresionante, aún en ruinas, por sus dimensiones, por ser un paraíso para los arqueólogos, por lo que tiene de simbolismo, pero, sobre todo, es su emplazamiento, en lo alto de una gran montaña amesetada del desierto de Judea, lo que poderosamente llama la atención. Un decorado perfecto para el cine, pero también para el espectáculo de ópera que, desde hace pocos años, se representa al aire libre a sus pies, y que en junio de 2012 acogerá Carmen, bajo la batuta de Daniel Oren.

Masada

Masada fue el último bastión rebelde en la Primera Guerra Judeo-Romana, donde 960 judíos desafiaron a un ejército de más de cinco mil soldados romanos hasta que, presintiendo la inminente derrota, decidieron un suicidio en masa. Los tiempos han cambiado y más pacíficos son los que ahora se animan a subir en el teleférico que asciende hasta lo alto de esta meseta –elevada a más de 400 metros de altura- o a pie por el sinuoso y complicado Camino de la Serpiente, para pasear entre las gigantescas cisternas, los restos de sus vastos almacenes, las torres de vigilancia, la sinagoga y el palacio de la que fue una inexpugnable ciudadela. Superado el vértigo, una vez en lo alto lo que resulta inevitable es imaginar el inmenso trabajo que debió suponer edificar esta gran obra de ingeniería, distinguida junto con su entorno como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en un lugar semejante.

Símbolo del nacionalismo judío, resulta curioso descubrir los restos de los campamentos que albergaron las tropas romanas, y de las murallas, aunque más lo es toparse con lo que queda aún visible de la rampa creada durante el rodaje de la serie de televisión para simular la verdadera que la legión de romanos construyó para hacer el asalto a la fortaleza, un trabajo de gigantes.

Mar Muerto

Lo que se queda corto es el adjetivo sorprendente para describir las vistas que depara este balcón natural sobre el desierto. El Mar Muerto se admira en toda su magnificiencia. Está a solo un paso. Y si para llegar al lugar más alto del planeta es necesario ser un diestro alpinista, descender al más bajo, que es este gran lago salado –a 417 metros bajo el nivel del mar- no puede ser más fácil. Con la mayor concentración de sal del mundo, no hay quien se resista a bañarse en sus aguas para sentir esa sensación de flotar sin ningún tipo de ayuda en este mar que no está muerto, a embadurnarse el cuerpo con el barro negro que contiene su lecho o a descansar, curarse y mimarse en alguno de los numerosos hoteles y spa que toman asiento junto al ‘balneario’ terapéutico más bajo de la tierra.

En este desierto que se puede recorrer a pie, a lomos de un burro o de un camello, en todoterreno o en bicicleta, donde se puede practicar rapel o sentir la hospitalidad beduina, también hay monasterios excavados en la roca, oasis, cortados, manantiales que brotan junto a empinados acantilados, reservas naturales, una peculiar fauna que sorprende al más incrédulo y, por supuesto, Qumrán, donde hace varias décadas se hallaron en una caverna los Rollos del Mar Muerto, unos documentos que permitieron arrojar luz acerca de la Biblia, y que invitan a seguir descubriendo este increíble paisaje lleno de tentadores alicientes.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
Iberia y El Al Airlines vuelan a Tel Aviv desde unos 300 € ida y vuelta. Desde el aeropuerto Ben Gurión se toma la autopista nº 1 hasta Jerusalén (a 52 kilómetros) y por la misma carretera hasta enlazar con la 90, que llega a Masada (a 80 kilómetros). La agencia de viajes Ain Karen propone un viaje-peregrinación cristiana de ocho días recorriendo Tierra Santa y con excursión a Masada, con vuelos, traslados, pensión completa, tasas y seguro por 1.500 €.

Cuándo ir
Todo el año excepto en verano, en pleno desierto el calor es extremo.

Cómo moverse
Desde Jerusalén existen autobuses que llevan a Masada, aunque también existe la posibilidad de alquilar un coche en el aeropuerto o en Jerusalén.

Dónde dormir y comer
En el Isrotel Dead Sea y en el Le Meridien Dead Sea, dos grandes hoteles con amplísimas instalaciones y todo tipo de comodidades situados en Ein Bokek, a unos 12 kilómetros al sur de la fortaleza, en la costa del Mar Muerto. En Jerusalén, en el moderno Mamilla, el primer hotel de diseño de la ciudad, con vistas a las murallas, en el lujoso David Citadel y en el legendario King David, donde buscan refugio líderes políticos y celebridades mundiales; tres alojamientos únicos para una ciudad única. En estos mismos hoteles, la oferta gastronómica es excelente.

La ruta
A la fortaleza de Masada se accede cómodamente en teleférico, aunque se puede subir también por el Camino de la Serpiente. La visita supone unas dos horas e incluye un paseo por el palacio de Herodes y sus infraestructuras: baños, puertas, viviendas, almacenes…

Más información
Turismo de Israel

No dejes de…
Visitar el oasis de Ein Guedí, a 15 kilómetros de Masada y en la costa del Mar Muerto; declarado hoy parque nacional, es una referencia constante en la superproducción y un lugar histórico porque en sus profundos cañones -rodeados de exuberante vegetación y donde manan cascadas- el rey David se escondió del rey Saúl. También acercarte a la tranquila y próspera ciudad de Mitspé Ramon, en el mismo borde del cráter Ramón, y por supuesto, la Ciudad Vieja de Jerusalén, Patrimonio de la Humanidad y sagrada para las tres principales religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo y el islam.

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