18 AGOSTO 2009

Escribe tus propias 'Memorias de África'

Ya están en Masai Mara. Unos dos millones de ñús, cebras y gacelas acaban de cruzar desde el Serengeti hasta el gran parque keniano en busca de agua y pastos frescos. Al final del verano desharán lo andado para protagonizar de nuevo el espectáculo de vida salvaje más sobrecogedor del planeta.

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Nadie puede explicar a ciencia cierta cómo, pero los ñús son capaces de intuir la lluvia cientos de kilómetros. Estos desaliñados antílopes de cabeza de bisonte y cuerpo de gacela, condenados a vagar eternamente en busca de pastos frescos, protagonizan cada año la última gran migración de fauna del planeta.

Cuando el agua comienza a escasear en las planicies del Serengeti, estos gregarios animales van reuniéndose desde todas las esquinas de este inmenso parque tanzano para formar una manada que hace retumbar la tierra en su avance hacia las lluvias del norte. Mofándose de las fronteras trazadas a tiralíneas por el hombre blanco durante los días de la colonización, cerca de un millón y medio de ñús, acompañados por unas 250.000 cebras Burchell y hasta medio millón de gacelas Thomson, se llegan hasta la reserva de Masai Mara, ya en Kenia, vadeando crispadamente los ríos en los que aguardan los cocodrilos, amén de los participantes de los safaris que acuden de medio mundo para presenciar el espectáculo.

Atemorizadas manadas se concentran entonces a las orillas en busca del lugar y el momento más seguro para cruzar. Cuando algún ejemplar asume el mando y se sumerge en la corriente, el resto lo sigue en rigurosa fila india. Los rezagados perecerán pisoteados por sus compañeros, y muchos morirán también en las locas estampidas que provoca el menor atisbo de peligro. Pero su avance no se detiene.

El instinto de supervivencia les obliga a proseguir su peregrinación aun a costa de perder cada año en el camino a cerca de 250.000 compañeros de viaje que, agotados, acaban arrastrados por el río o despedazados por las fauces dispuestas para el festín de los cocodrilos, a la espera de una presa fácil al igual que leones, leopardos, guepardos o hienas que, complacidos ante tal densidad de carne fresca, se ceban con las crías, los enfermos o los que se separan de la manada, vigilada siempre de cerca por escuadrones de buitres y marabús al acecho de los despojos.

Desde que entre enero y marzo las hembras dan a luz a sus crías en las praderas del Serengeti hasta que los que sobreviven comienzan a regresar a ellas entrado el otoño, los ñús habrán vagado en rutas circulares de casi 3.000 kilómetros por Kenia y Tanzania, por lo que su eterna procesión puede admirarse en diferentes puntos del Serengeti y el Mara en distintos momentos del año. La marcha cíclica de cada animal sólo terminará con su muerte porque la migración, en realidad, no tiene principio ni fin, ni desde luego fechas exactas. Son las lluvias, cada vez más caprichosas, las que tienen la última palabra y las que deciden cuándo volverán a formarse las grandes manadas y echarán de nuevo a andar.

Alrededor de abril, apenas fortalecidas las patas de los recién nacidos, comienza a orquestarse la marcha desde las planicies cada vez más resecas del Serengeti. Hacia finales de mayo los rebaños ya habrán abandonado el Corredor Oeste del parque para, entre junio y agosto, invadir los pastos de esa prolongación natural de sus llanuras que es la Reserva de Masai Mara. Es en estos meses cuando el cruce del río Grumeti, en Tanzania, o los ríos Mara y Talek, en Kenia, despacha esas imágenes únicas de miles de animales enfrentándose a la corriente y a las fauces de los cocodrilos.

Ahora, en pleno agosto, los ñus pueden disfrutar de unos meses de tregua relativa pastando en las sabanas de Masai Mara, donde las concentraciones de herbívoros en estos momentos es espectacular. Casi tanto como cuando, entre octubre y noviembre, las lluvias vuelvan a llamar a los estos nómadas hacia el sur, hacia el Serengeti, a donde regresarán sorteando los mismos peligros que en el viaje de ida para, en los primeros meses del año, parir una nueva generación de caminantes.

Algunas pistas
La migración puede admirarse en distintos puntos del Serengeti y el Masai Mara en diferentes momentos del año aunque, como casi todo fenómeno de la Naturaleza, no tiene fechas rigurosamente exactas. Para coincidir con alguno de sus momentos más apasionantes, como cuando las inmensas manadas cruzan un río, es posible informarse a través de agencias especializadas en safaris por el Este de África como Angalia (en cualquier agencia), con viajes a partir de 2.100 € con los vuelos desde España, traslados y cinco días de sarafi en pensión completa, o Viajes el Corte Inglés (en sus centros comerciales o en cualquier agencia de viajes a través de su mayorista, Tourmundial), cuyo circuito Esencia de Kenya incluye desde 1.905 € los vuelos y seis días de safari. Igualmente puede contactarse con la empresa española con base en Nairobi Kobo Safaris, siempre al corriente de la ubicación en cada momento de las grandes manadas y, en consecuencia, de las zonas más espectaculares por las que organizar el safari.

Más información
A través de la Oficina de Turismo de Kenia en España. Tel. 91 458 5587

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