06 JUNIO 2010

Sustancias peligrosas de nuestro entorno

Un 'mazo' de cigarrillos

Última revisión: 2010-06-06

La sensibilidad social respecto a la protección de la salud frente a agentes agresores externos tiene una faceta muy importante en el área del control de las sustancias que, por una u otra vía, pueden provocar daños a nuestro organismo.

Consideraciones legales

La legislación europea comenzó a tomar cuerpo, respecto al notable problema que suponen las sustancias peligrosas en el ámbito cotidiano (medio laboral, hogar, etc.), en términos relativamente recientes, pues la primera directiva comunitaria a este respecto se publicó en el año 1967. Con el inicio de dicho marco legal comunitario los diferentes estados miembros comenzaron a armonizar sus legislaciones con el fin de proteger a las personas del uso indiscriminado, abusivo y/o inaceptable de sustancias de todo tipo, cuyo empleo pueda ser ventajoso o incluso indispensable en el seno de la actividad industrial, o bien que surjan como residuo inevitable de dicha actividad, pero que han demostrado ser nocivos para los organismos vivos o el medio ambiente en general. Desde entonces han surgido numerosas directivas comunitarias adicionales y otros textos normativos estatales y autonómicos que intentan adaptar el marco regulatorio vigente al incesante flujo cambiante de nuevas sustancias y hallazgos científicos que genera el desarrollo tecnológico y la investigación toxicológica.

La Directiva 92/32/CEE establece la definición de sustancias como "aquellos elementos químicos y sus compuestos que se encuentran en estado natural o aquellos obtenidos mediante cualquier procedimiento de producción, incluidos los aditivos necesarios para conservar la estabilidad del producto, así como las impurezas que resulten del procedimiento utilizado, excluidos los disolventes que puedan separarse sin afectar la estabilidad ni modificar la composición".

A las mezclas o soluciones compuestas por dos o más sustancias se les denomina “preparados".

La cualidad de peligrosas queda claramente definida en términos legales cuando estas sustancias o preparados se incluyen en listados oficiales en virtud de estudios previos solventes de tipo epidemiológico o biológico que documentan con una certeza adecuada su capacidad para ejercer daños a las personas o al medio-ambiente en general.

¿Por qué son peligrosas algunas sustancias?

Las sustancias pueden ser peligrosas por diferentes mecanismos. De acuerdo a su capacidad de ejercer toxicidad directa, se pueden clasificar en:

Sin embargo, la clasificación que probablemente más nos interesa es la relacionada con los efectos específicos sobre la biología celular. Así pues, podemos establecer en referencia a este criterio, una clasificación de las sustancias según sigue:

  • Nocivas: Las sustancias y preparados que, por inhalación, ingestión o penetración cutánea puedan, independientemente de su cantidad, provocar efectos agudos o crónicos, o incluso la muerte.
  • Muy tóxicas: Las que, en cantidades extremadamente pequeñas, puedan provocar dichos efectos.
  • Tóxicas: Las que, en cantidades pequeñas, puedan provocar dichos efectos.
  • Corrosivas: Las sustancias y preparados que en contacto con tejidos vivos, puedan ejercer una acción destructiva de los mismos.
  • Irritantes: Las sustancias y preparados no corrosivos que, por contacto breve, prolongado o repetido con la piel o las mucosas puedan provocar una reacción inflamatoria.
  • Sensibilizantes: Las sustancias y preparados que, por inhalación o penetración cutáneas, puedan ocasionar una reacción de hipersensibilización, de forma que una exposición posterior a esa sustancia o preparado dé lugar a efectos negativos característicos. En definitiva, serían aquellas sustancias capaces de inducir la aparición de fenómenos alérgicos.
Los carcinógenos: ¿cómo actúan?

La legislación actual define como carcinogénicos o carcinógenos a "aquellas sustancias y preparados que, por inhalación, ingestión o penetración cutánea, puedan producir cáncer o aumentar su frecuencia." Este tipo de sustancias -algunas de ellas, presentes desde siempre en la naturaleza, y otras generadas por la actividad del hombre- son capaces de provocar la degeneración de una o varias células hasta el punto de convertirlas en células malignas cancerosas (dotadas de una capacidad proliferativa autónoma e invasiva de órganos y tejidos no propios) que acabarán formando uno o varios tumores en el organismo. La vía por la que una sustancia carcinogénica es capaz de inducir esta indeseable metamorfosis reside en su capacidad para alterar la secuencia de genes esenciales de la célula, directamente implicados en la regulación de sus características biológicas y/o de su ciclo celular. La alteración de los genes se puede producir de modo directo mediante lesión o modificación específica de uno o varios de ellos, o mediante la interferencia o modulación de los mecanismos de reparación del ADN o del control de su replicación.

Afortunadamente existen múltiples niveles de resistencia a la acción de los carcinógenos (reparación a escala intracelular de los genes alterados, apoptosis -muerte autoprogramada- de las células afectadas, eliminación inmunológica selectiva de las células malignas...) por lo que la exposición a las sustancias carcinogénicas no tiene por qué provocar necesariamente la aparición del cáncer. Sin embargo, la susceptibilidad de cada individuo a su acción es muy variable. Mientras unas personas parecen estar genéticamente “blindadas” frente a la actividad nociva de las sustancias carcinogénicas y son capaces de sobrellevar este riesgo y defenderse de modo eficaz, otras, por desgracia, son especialmente vulnerables a su efecto y pueden desarrollar, al cabo de años o incluso meses, algún tipo de cáncer, con la mera exposición accidental a ciertas sustancias o preparados específicos.

¿Sólo los carcinógenos tienen la culpa?

Las leyes sanitarias y de protección laboral al respecto establecen, cuando es posible, la prohibición de fabricación, uso o liberación al medio de sustancias carcinogénicas claramente demostradas (incluso de las que sólo se tiene una fundada sospecha), y establece las pautas obligadas que permitan reducir a lo mínimo posible la exposición a tales sustancias en trabajadores de riesgo o poblaciones susceptibles. Igualmente, limita las dosis máximas tolerables cuando no sea posible evitar de modo absoluto la exposición a las mismas. Esto es así porque dentro de la etiología (estudio de las causas) del cáncer, los carcinógenos ocupan un lugar muy prominente. Muchos cánceres como el broncogénico de pulmón (el más habitual en los hombres) o el de lengua o mucosa labial, tienen su principal causa en los cientos de sustancias carcinogénicas que transmite el tabaco, hasta el punto de que si se eliminara ese factor tan nocivo de exposición, se reducirían drásticamente las incidencias de estos tumores, llegando probablemente a situarse en menos de la mitad de las actuales estadísticas.

Sin embargo no son solamente las sustancias con poder carcinogénico las únicas capaces de inducir la aparición de tumores. Otros factores como las radiaciones ionizantes o algunos virus cuentan con dicha capacidad oncogénica, si bien los mecanismos por los que operan son muy similares a los de las sustancias carcinogénicas, alterando la biología de los genes de la célula y fomentando un funcionamiento anómalo del metabolismo y ciclo celulares.

Los carcinógenos en nuestro entorno

La exposición a algunas sustancias carcinogénicas no es del todo evitable en determinados medios como las ciudades contaminadas o ciertos ambientes de trabajo. Sin embargo existen muchos carcinógenos que nos rodean, cuyo contacto es fácilmente evitable y que, por no haber adquirido la necesaria conciencia o por no estar lo suficientemente informados, seguimos generando y consumiendo.

Algunos de ellos los conocemos bien; se encuentran en productos de consumo directo como el tabaco y el alcohol, que favorecen la aparición de innumerables tipos de cáncer. Otros son más específicos y sólo se encuentran en determinados medios sociales o laborales. He aquí algunos de los carcinógenos más “domésticos” de los que se sabe con rotundidad de su efecto dañino y se conocen muy bien los tipos de tumores a los que inducen:

La lista de sustancias con poder carcinogénico es muy numerosa y se completa con un nutrido grupo de sustancias presentes en muchos entornos laborales industriales. Los más destacables son los siguientes:

Existen muchísimos más. La lista completa está accesible en múltiples sitios de Internet como el de la ATSDR (Agencia para las sustancias tóxicas y el Registro de enfermedades) del Gobierno de los EE.UU, que se indica a continuación:

http://www.atsdr.cdc.gov/es/toxfaqs/es_toxfaqs_index.html#A

Otro lugar interesante para consultar información sobre carcinógenos es este:

http://ehp.niehs.nih.gov/roc/toc10.html

Respecto a los aditivos alimenticios, que se han puesto bajo sospecha en tantos trabajos, cabe decir que sólo se utilizan y son autorizados para el consumo humano aquellos de los que se tiene completa seguridad de su inocuidad a dosis habituales. Además, precisamente los conservantes y antioxidantes proporcionan una mejor conservación y frescura de los alimentos, lo cual es un factor de prevención contra el cáncer, al impedir la descomposición de los mismos y la proliferación de residuos carcinogénicos. He aquí una página web donde se muestran los aditivos actualmente autorizados:

http://www.fact-index.com/l/li/list_of_food_additives.html

  • Tabaco: Contiene más de 1.000 sustancias carcinogénicas que favorecen los cánceres de pulmón, labio, boca, lengua, nasofaringe, orofaringe, senos nasales, laringe, esófago, páncreas, riñón, vejiga, cérvix, etc.
  • Alcohol: Favorece los cánceres de senos óseos, boca, lengua, labio, orofaringe, nasofaringe, laringe superior, esófago e hígado.
  • Carnes rojas a la brasa: La combustión excesiva de la carne favorece la aparición de algunos carcinógenos (benzopirenos, nitrosaminas, etc.) Aumentan el riesgo de cáncer de tubo digestivo (estómago, colon).
  • Alimentos en descomposición: Las bacterias que descomponen los alimentos secretan residuos metabólicos, algunos de ellos con poder carcinogénico. Aumentan el riesgo de cáncer de estómago, principalmente.
  • Radón: Presente entre los materiales de construcción de algunos edificios. Favorece el cáncer de pulmón.
¿Podemos prevenir el daño de los carcinógenos?

Hoy por hoy la Medicina no es capaz de determinar claramente cuáles son las personas más vulnerables al nocivo efecto de unas u otras sustancias carcinogénicas. La vulnerabilidad viene casi totalmente condicionada por la diferente lotería que supone el poseer una u otra carga genética.

Cuando la Medicina sea capaz de estimar con acierto el grado de proclividad de unos u otros individuos a padecer determinadas enfermedades, se podrá ejercer una medicina preventiva más personalizada, gracias a la cual, será posible advertir a personas concretas de lo crucial que puede ser para ellos la prevención frente a la exposición de sustancias específicas.Mientras tanto es imprescindible evitar en todo lo posible el contacto con este tipo de sustancias, siguiendo, a tal fin, algunos buenos consejos para todos:

Otros consejos para la prevención del cáncer, aunque no tengan tanto que ver con la exposición a sustancias carcinógenas, pero sí con otros agresores son:

  • No fumar bajo ningún concepto
  • Evitar los ambientes polucionados
  • No consumir alcohol en exceso
  • Comer siempre alimentos frescos
  • Ingerir abundantes frutas y hortalizas (poseen sustancias beneficiosas como los antioxidantes, que incrementan la resistencia del organismo a los carcinógenos)
  • Evitar la obesidad
  • Disminuir el consumo de carnes a la brasa o evitar los alimentos quemados.

Dr. Alfonso Santiago Marí, Especialista en hematología