15 ABRIL 2010

Cistitis intersticial

Última revisión: 2010-04-15

Qué es la cistitis intersticial

La cistitis intersticial, también llamada síndrome de la vejiga dolorosa, se refiere a un conjunto de síntomas y signos caracterizados por un aumento crónico de la frecuencia y la urgencia de las micciones, dolor en la pelvis o en la región inferior del abdomen y/o incontinencia de la orina.

La Sociedad Internacional de la Continencia la ha definido como un dolor por encima del pubis en relación con el llenado de la vejiga de la orina. Va acompañado de otros síntomas, como un aumento de la frecuencia urinaria diario y nocturno, en ausencia de infecciones comprobadas de la orina o de cualquier otra enfermedad.

Se ha observado que esta enfermedad puede tener importantes efectos negativos sobre la calidad de vida de las personas que la padecen. Así, la mitad de los pacientes son incapaces de trabajar a tiempo completo; tres de cada cuatro pacientes presentan dispareunia, es decir, relaciones sexuales dolorosas; el 70% presentan trastornos del sueño y 9 de cada 10 pacientes señalan que la enfermedad afecta a sus actividades cotidianas.

A quién afecta

La cistitis intersticial es de 5 a 10 veces más frecuente en mujeres que en hombres y afecta a pacientes jóvenes, de 25 a 55 años, con una edad media de 42 años. La mayoría de los pacientes presenta grados ligeros o moderados de la enfermedad por lo que, a menudo, pasa desapercibida o es confundida con otros problemas urológicos o ginecológicos.

Actualmente sabemos que la cistitis intersticial puede estar presente en la mayoría de pacientes jóvenes (menores de 50 años) que consultan por síntomas de urgencia urinaria o dolor pélvico y que no han sido diagnosticados de otras causas.

Qué la produce

Las causas de esta enfermedad son probablemente multifactoriales. Destacan una alteración de la permeabilidad del epitelio o capa interna de la vejiga de la orina y un aumento en la activación de los nervios sensoriales de la vejiga.

Durante muchos años las causas de este proceso han resultado poco claras, pero ahora disponemos de diferentes pruebas que demuestran que la cistitis intersticial resulta de una ruptura del llamado urotelio o capa interna de la vejiga que ocasiona una alteración de los mecanismos naturales de defensa que protegen a la vejiga, a la uretra y a la próstata, en los hombres, ante los compuestos potencialmente tóxicos que habitualmente están presentes en la orina.

Como resultado, estas sustancias (fundamentalmente el potasio) pueden penetrar la capa protectora de la superficie urotelial y activar los nervios y músculos del tejido subyacente.

Síntomas de la enfermedad

Aunque la presentación clínica de esta enfermedad es variable, el paciente con cistitis intersticial suele presentar síntomas de urgencia miccional (ganas incontrolables de ir al cuarto de baño), aumento de la frecuencia de las visitas al mismo, dolor pélvico (en la parte inferior del abdomen) y/o incontinencia o escapes de orina, en cualquier combinación. La mayoría de los pacientes presentan todos estos síntomas.

La aparición de la enfermedad es, a menudo, insidiosa, es decir, aparece poco a poco, y en la mayoría de los casos progresa gradualmente a lo largo de años e incluso décadas. Generalmente, el síntoma inicial es el aumento de la frecuencia de las micciones hasta llegar a 8-10 al día. Una manifestación de este problema, presente en la mayoría de los pacientes, es la llamada nicturia, es decir, tener que levantarse al aseo por la noche, en ocasiones de 2 a 5 o más veces.

Más adelante, el paciente puede comenzar a experimentar episodios de dolor con agudizaciones que duran de pocos días a varias semanas. El dolor puede presentarse:

Aproximadamente, el 75% de pacientes (hombres y mujeres) presentan dolor al mantener relaciones sexuales (dispareunia).

El dolor es, a menudo, constante y no siempre en relación con el llenado de la vejiga de la orina. También puede aparecer al vaciar la vejiga.

Algunos factores como las alergias o, en las mujeres, los cambios hormonales, se han asociado con las agudizaciones de la enfermedad. Otros factores como el estrés físico y emocional, la actividad sexual y algunos alimentos como el café, los cítricos, los tomates, el chocolate, las bebidas con gas o con cafeína, el alcohol y las especias también se han relacionado con el desencadenamiento del dolor de la cistitis intersticial.

  • en la uretra o caño de la orina
  • en el área por encima del pubis o en la parte inferior del abdomen
  • en la parte baja de la espalda o región lumbar o sacra
  • en las nalgas
  • en la parte superior de los muslos
  • en la región inguinal, en la vagina o vulva en las mujeres o en el pene, los testículos o el escroto de los varones.
Cómo se diagnostica

Aunque se han propuesto diferentes criterios diagnósticos, tanto clínicos como cistoscópicos e histológicos, no existe ningún método universalmente aceptado para el diagnóstico correcto de la cistitis intersticial.

El consenso general es que el diagnóstico de esta enfermedad es fundamentalmente clínico y se debería sospechar en aquellos hombres o mujeres que consultan al médico por un cuadro de aumento en la frecuencia de las micciones, urgencia miccional, dolor o molestias pélvicas y exacerbaciones o empeoramiento de los síntomas con la actividad sexual, siempre y cuando se hayan descartado otras causas.

Además de una buena historia clínica y de un examen físico completo, se han propuesto diferentes pruebas, como análisis de orina para descartar infecciones, prueba de la sensibilidad al potasio, cistoscopia o endoscopia de la vejiga y biopsia de este órgano e incluso pruebas urodinámicas, pero ninguna de ellas ha mostrado ser particularmente específica para diagnosticar esta enfermedad.

Antes de diagnosticar a un paciente de cistitis intersticial conviene descartar infecciones de la orina y efectos de radiaciones o agentes químicos sobre la vejiga. Esta enfermedad debería ser considerada en hombres y mujeres con dolor pélvico crónico y en pacientes con vejiga hiperactiva que no responde al tratamiento médico.

Los síntomas de esta enfermedad pueden llegar a hacerse crónicos y progresivos. La enfermedad progresa muy lentamente y, en algunos casos, puede llegar a estabilizarse e incluso puede que no avance.

Tratamiento y pronóstico

La mayoría de los casos de cistitis intersticial pueden tratarse adecuadamente, tanto en hombres como en mujeres, mediante un plan de tratamiento oral al que se le puede añadir un tratamiento intravesical cuando se estime necesario. Básicamente los tratamientos disponibles en la actualidad son:

Durante años se ha venido usando una técnica llamada distensión vesical, consistente en dilatar la vejiga de la orina bajo anestesia. Este tratamiento alivia los síntomas de los pacientes en el 20% - 90% de los casos pero sólo durante un período de 3 a 6 meses. Otra posibilidad es el tratamiento intravesical con sustancias como el polisulfato de pentosán.

Por último, en los casos más graves y en los que ha fracasado el tratamiento médico, se ha propuesto la cirugía con incluso la cistectomía o extirpación completa de la vejiga de la orina y la derivación de la orina a un nueva vejiga construida a partir de un asa de intestino. Se trata de un último recurso ya que es una intervención quirúrgica muy agresiva. En manos expertas puede, sin embargo, ofrecer buenos resultados.

  • Un tratamiento con unas sustancias llamadas heparinoides de las que destaca el polisulfato sódico de pentosán que se administran a todos los pacientes para intentar restaurar la función epitelial en el tracto urinario inferior.
  • Un tratamiento oral con un antidepresivo tricíclico llamado amitriptilina que se usa para inhibir la activación nerviosa que acompaña a la enfermedad.
  • Un tratamiento oral con antihistamínicos como la hidroxicina para controlar las alergias que pueden agravar la cistitis intersticial.

Salvador Pertusa Martínez

Ipad



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