Última revisión: 2010-04-01 por Dr. Antonio Barrasa Shaw

Abierta, quirúrgica o a cielo abierto

Cuando se realiza mediante cirugía convencional haciendo una incisión en la piel. Se puede realizar con anestesia local o general según la zona que requiera el análisis. Permite coger una parte como muestra o extirpar toda la lesión.

Por punción o tru-cut

Mediante una aguja gruesa y con anestesia local se obtiene un cilindro de la lesión que hay que estudiar.

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Pruebas diagnósticas

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Por aspiración

Se utiliza una aguja más fina y permite obtener una citología.

¿Qué es una biopsia?

Una biopsia es la obtención de una muestra de tejido del cuerpo para su examen. Estas muestras se estudian con el microscopio (patología o anatomía patológica) para ayudar en el diagnóstico. A veces sólo se obtienen unas pocas células mediante aspirado o cepillado. A esto se llama citología y es menos agresivo, pero aporta menos información y puede no ser suficiente.

Las biopsias pueden ser de varios tipos:

Endoscópica, laparoscópica, artroscópica, broncoscópica o toracoscópica

La biopsia se realiza introduciendo una cámara de video e instrumental por el intestino (endoscópica), el abdomen (laparoscópica), una articulación (artroscópica), los bronquios o el tórax respectivamente.

Guiada con escáner o ecografía

La ecografía o el escáner constituyen ayudas para localizar el lugar preciso. Luego se realiza una biopsia por punción o una citología.

¿Cómo se realiza una biopsia?

La forma más normal de realizar una biopsia es realizar una incisión, con anestesia local, que permite llegar hasta el tejido que requiere estudio, o introducir una aguja de biopsia. Esta incisión habitualmente se cierra con unos puntos de sutura. Para una citología no suele ser necesario realizar la incisión.

En ocasiones se utiliza un instrumental especial que facilita llegar hasta el tejido. En este caso hablamos de biopsias especiales:

Debe advertirse al médico si se está tomando medicación anticoagulante (como el sintrom) o antiagregante (tipo aspirina) o si es alérgico a los anestésicos locales.

Después de la realización de una biopsia los únicos cuidados que suelen ser necesarios son el lavado de la herida, la analgesia para el dolor y retirar los puntos, si se han dado, habitualmente a los 7-10 días.

Biopsia de piel

Las biopsias de piel se realizan para estudiar lesiones en la piel o enfermedades que la puedan afectar. La lesión se puede extirpar completamente o, si es grande, coger solo un trocito.

Se administra un anestésico local y a continuación se corta un fragmento de piel con un bisturí. Finalmente, se cose la piel con un par de puntos. De esta forma queda una cicatriz muy pequeña, apenas visible.

Biopsia ganglionar

Los ganglios son pequeños bultitos donde el sistema inmunitario nos defiende de agresiones como infecciones o tumores. Su estudio cuando están agrandados nos permite estudiar muchas enfermedades. Generalmente se encuentran en el cuello, en las axilas o en las ingles.

Para obtener la biopsia se realiza una pequeña incisión con anestesia local y se apartan los tejidos hasta llegar al ganglio y extirparlo. Este es un procedimiento bastante sencillo que los cirujanos practican con cierta frecuencia y suele tener escasas complicaciones. En ocasiones se realiza una punción del ganglio antes de decidir la biopsia.

El ganglio extraído se puede estudiar para buscar distintas infecciones o para diagnosticar un tumor. De todas formas, la gran mayoría de los ganglios se afectan por infecciones banales y no hay que tocarlos. Sólo cuando están muy agrandados o persisten demasiado tiempo el médico indicará la punción o la biopsia del ganglio.

Biopsia de mama

Esta clase de biopsia se realiza cuando en las exploraciones clínicas, en las ecografías o en las mamografías se sospecha la existencia de un bulto o tumor en la mama. La biopsia determinará la posible malignidad del tumor.

En la actualidad existen muchas posibilidades de biopsia de lesiones en la mama, que se aplican en función del tipo de alteración que se encuentre y de las opciones disponibles en el centro donde se realice el estudio (habitualmente ningún centro dispone a la vez de todas las técnicas, sino de una combinación de ellas). Las posibilidades son:

Tipos de Biopsias PAAF (punción-aspiración con aguja fina)

Habitualmente se utiliza en lesiones palpables (que se pueden tocar al explorar la mama). Permite obtener una citología y ver si hay células malignas o no, pero no permite saber de qué tipo de tumor se trata. Es la menos molesta por ser una aguja muy finita, por esto se suele utilizar para estar más seguro cuando se piensa que el tumor es benigno.

Biopsia por punción tipo tru-cut

Permite obtener varios cilindros de tejido para su estudio, pero requiere anestesia local y una pequeña incisión. Con el material obtenido se puede determinar si el tumor es maligno y el tipo de tumor. Se suele utilizar en tumores fácilmente palpables y con aspecto sospechoso de ser cancerosos.

Biopsia estereotáxica

Se utiliza para lesiones que no se pueden palpar y que se han diagnosticado por métodos de imagen como la ecografía o fundamentalmente la mamografía. Para poder realizarla se ha de colocar a la paciente con la mama en una posición tal que permita tener la mama fija y sin ningún movimiento, lo que se suele conseguir poniendo a la paciente tumbada boca abajo en una cama con un orificio por el que sale la mama. Luego, con un poco de anestesia local y con ayuda de sistemas radiológicos se dirige el dispositivo que realiza la biopsia hacia el lugar sospechoso.

Existen distintos dispositivos para la biopsia que permiten obtener mayor o menor cantidad de tejido y extirpar la lesión en su totalidad o no. En ocasiones es el único procedimiento quirúrgico que requiere la paciente. Lo peor de este procedimiento es lo incomodo de la postura y las manipulaciones que se realizan con la mama, pero evita la biopsia abierta y las complicaciones son pocas y habitualmente de escasa importancia (fundamentalmente hematomas de mayor o menor tamaño). La principal utilidad está en el estudio de las microcalcificaciones cuando son sospechosas (hasta el 80% aparecen con lesiones benignas), pero que hay que estudiar para poder diagnosticar a tiempo los casos con cáncer.

Biopsia abierta

Se efectúa haciendo una incisión en la piel y habitualmente con anestesia local. En las lesiones que no se palpan (que es cuando con más frecuencia se recurre a este tipo de biopsia) se coloca previamente en la sala de radiología un dispositivo llamando arpón, por la similitud en la forma con el que usan los pescadores, que permite al cirujano localizar la lesión. No suele ser necesario el ingreso hospitalario y las complicaciones también son pocas y poco relevantes, pero la cicatriz que queda es mayor que con cualquiera de los otros procedimientos.

Como norma, se suele utilizar el procedimiento que con menor agresividad permite estar seguros respecto a la benignidad o malignidad de la lesión.

Biopsia endoscópica (del tubo digestivo)

El tubo digestivo empieza en la boca y llega hasta el ano pasando por el esófago, el estómago, el intestino delgado, el grueso y el recto. Todos ellos, excepto el intestino delgado, donde además es extraordinariamente infrecuente que existan tumores malignos, son accesibles a biopsia con la ayuda del endoscopio.

El endoscopio es un tubo en el que van incorporados una cámara de video, una luz y un canal por el que se trabaja y se obtienen las biopsias. La mayor parte son flexibles y permiten sortear las angulaciones del tubo digestivo. Cuando con el endoscopio, introducido por la boca o por el ano (llamándose entonces colonoscopio o rectosigmoidoscopio, según la longitud) se llega hasta la lesión que hay que analizar y a través del canal de trabajo se introduce una pinza que coge la muestra de tejido. La obtención de estas biopsias no es dolorosa y las molestias se refieren a las propias de la endoscopia (distensión abdominal por el gas, náuseas y sensación de ahogo en la endoscopia oral) y a su preparación (náuseas por los laxantes, retortijones). Las complicaciones de la obtención de la biopsia son poco frecuentes y las más importantes son el sangrado en la zona de la biopsia y la posibilidad de perforar el intestino y provocar una peritonitis.

Las biopsias se realizan para completar el estudio endoscópico en multitud de lesiones: tumores benignos y malignos, enfermedades inflamatorias del intestino, úlcera péptica, esofagitis, etc.

Biopsia endometrial (uterina)

El legrado del útero es una forma de obtener tejido del endometrio (la capa más interna del útero) para estudiarlo al microscopio. Permite diagnosticar alteraciones hormonales, evidenciar pólipos o encontrar tumores. Se realiza cuando aparecen alteraciones en los ritmos menstruales, sangrado vaginal irregular o alteraciones en la exploración o en estudios radiológicos (fundamentalmente ecografía) que requieren un estudio patológico para conocer el origen. El legrado también se utiliza para detener el sangrado cuando es abundante o en los abortos para eliminar los restos retenidos.

Para realizarlo se suele utilizar anestesia general o raquídea. Primero se abre el cuello del útero mediante una serie de dilatadores (con forma de bastón) que tienen un diámetro progresivamente mayor, hasta que se alcanza el tamaño suficiente para introducir la legra con la que se obtiene el tejido. Las complicaciones son poco frecuentes y la más importante es la posibilidad de perforar el útero al introducir los dilatadores o la legra.

Las biopsias del endometrio también se pueden obtener mediante histeroscopia. En este caso se introduce en el útero un tubo (histeroscopio) que permite al médico observar el interior de la cavidad uterina y obtener muestras de los pólipos u otras lesiones sospechosas de malignidad. Al igual que el legrado se suele realizar en quirófano y con anestesia raquídea o general. Requiere algo de dilatación y la insuflación del cuerpo uterino con aire para poder observar el endometrio. Las complicaciones son similares a las del legrado aunque menos frecuentes, y como además aporta más información que el legrado, la histeroscopia se realiza cada vez con mayor frecuencia.

Hay otro procedimiento para obtener muestras que es la citología. La citología se realiza sin anestesia pues no es doloroso y consiste en recoger con una espátula y un bastoncillo las células desprendidas en el útero y la vagina para intentar detectar lo antes posible la aparición de un tumor. Se realiza de forma rutinaria en la consulta del ginecólogo en las revisiones anuales.

Biopsia de médula ósea

La médula ósea es el órgano encargado de producir las células de la sangre. Su estudio, por tanto, es fundamental en el diagnóstico de muchas enfermedades sanguíneas, como algunas anemias, las leucemias, inmunodeficiencias o enfermedades de las plaquetas. También puede ser necesaria una biopsia de médula ósea para diagnosticar algunas enfermedades infecciosas o tumorales que la pueden afectar. Otro motivo para realizar una biopsia de la médula ósea es el estudio previo a la realización de un transplante de médula ósea, tanto a uno mismo como a otra persona.

En el adulto la médula ósea se encuentra fundamentalmente en los huesos del tronco, como el esternón, y los huesos de la cadera (ilíacos) que es donde se realiza la biopsia. En primer lugar se administra al paciente anestesia local. A continuación se introduce una aguja resistente a través de la piel y el exterior del hueso hasta alcanzar la zona blanda del interior (la médula ósea). En el extremo de la aguja se coloca una jeringa y se aspira una muestra de la médula ósea que se examina al microscopio.

Biopsia de próstata

La próstata es un órgano masculino que se encuentra situado a la salida de la vejiga, justo por delante del recto. Se puede tocar introduciendo el dedo índice en el recto (tacto rectal) y de puede visualizar utilizando un tipo especial de ecógrafo adaptado para su utilización dentro de el recto (ecografía transrectal ETR). Estos ecógrafos permiten además adaptar una aguja con la que se obtiene la biopsia mientras se observa la lesión.

La biopsia se suele indicar cuando se ha apreciado una lesión prostática en un tacto rectal o si en una ecografía transrectal realizada con motivo de unos niveles altos en sangre de PSA (antígeno prostático específico) se observa alguna anomalía. Para realizar la biopsia el paciente se coloca de lado con las rodillas flexionada contra el pecho y el médico introduce el ecógrafo por el recto. Una vez identificada la lesión se realizan varios pinchazos para obtener las muestras para estudio.

El procedimiento se suele realizar sin ingreso ni anestesia pues sólo se sienten unos pinchazos. Las complicaciones más frecuentes son el sangrado por el recto o con la orina o la infección de la próstata (habitualmente se indica al paciente que tome algún antibiótico antes de una biopsia de próstata).

Biopsia hepática

Las biopsias hepáticas se realizan para estudiar algunas enfermedades de hígado, como hepatitis, cirrosis hepática o tumores.

La biopsia se puede realizar con una aguja que llega al hígado pasando entre 2 costillas en el lado derecho o por la parte anterior del abdomen. Para esto se tumba al paciente bien de lado sobre el costado izquierdo y el brazo levantado, o bien boca arriba. Se administrará un anestésico local y tras abrir la piel con un bisturí se introduce la aguja para obtener la biopsia. Al paciente le pedirán que esté lo más quieto posible y que incluso aguante la respiración mientras se introduce la aguja. Habitualmente se requieren 3-5 pinchazos. En ocasiones el médico utilizará un ecógrafo para ayudarse.

La obtención de biopsias hepáticas es un procedimiento con escasas complicaciones y molestias para el paciente. La complicación más frecuente es el sangrado interno, por lo que en algunos casos mantendrán al paciente en observación.

Biopsia renal

Ante algunas enfermedades del riñón (sobre todo glomerulonefritis) puede ser necesario realizar un estudio mediante biopsia del riñón. Habitualmente esta biopsia de realiza de forma percutánea (a través de la piel) tipo ‘tru-cut’. Con anestesia local se efectúa una pequeña incisión en la región lumbar. Luego, a través de la incisión, se introduce la aguja hasta llegar al riñón, lo que se suele comprobar mediante ecografía o Rx, y se obtienen varias muestras. En ocasiones se administra algún relajante para disminuir las molestias y facilitar la colaboración del paciente.

Las complicaciones son poco frecuentes (menos del 1% habitualmente) y no suelen ir mas allá de un sangrado bien hacia los conductos del riñón y la orina (dando lugar a sangre en la orina y posibles cólicos renales por coágulos) o bien hacia la región lumbar, provocando un hematoma.

Dr. Carl J. Brandt, Director Médico Internacional y Cofundador de NetDoctor; Dr. John Pillinger, médico general; Dr. Philip Owen, especialista en Obstetricia y Ginecología

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