21 MARZO 2010

Primeros auxilios: lo que todo el mundo debería saber

Última revisión: 2010-03-21 por Dr. Salvador Pertusa Martínez

Advertencia

Estos consejos son recomendaciones generales para una emergencia. No pretenden sustituir a clases profesionales de primeros auxilios y reanimación.

¿Por qué aprender primeros auxilios?

Los primeros auxilios son una técnica importante. Realizando unos procedimientos sencillos y siguiendo unas determinadas directrices, es posible salvar vidas humanas si se administra un tratamiento básico hasta que llegue la ayuda médica profesional.

Recuerde también que se aprende más con la práctica. En una emergencia no hay tiempo de leer instrucciones. Si ha memorizado algunos de los procedimientos más básicos, podrá reaccionar con rapidez y eficacia.

Tenga en cuenta

el caso de un motorista accidentado: nunca debe intentar quitarle el casco, pues si sufre alguna lesión en las cervicales -por desgracia con relativa frecuencia- sólo se empeorarían las cosas

¿Por dónde empezar a la hora de prestar los primeros auxilios?

Es importante identificar aquellas situaciones que supongan una amenaza inmediata para la vida.

Los signos vitales que debemos reconocer son: la conciencia, la respiración y el pulso. Es interesante conocer las técnicas de reconocimiento de los signos vitales así como mantener la serenidad suficiente mientras se están realizando estas comprobaciones.

El orden de exploración se basa en los criterios de prioridad:

  • Asegurarnos de que el aire penetra correctamente en los pulmones.
  • Comprobar si mantiene el pulso.
  • Detectar y controlar posibles hemorragias importantes.
La técnica del boca a boca

La técnica del boca a boca se aplica en adultos y niños mayores:

  • Abra la vía aérea, mediante la maniobra frente-mentón, anteriormente descrita.
  • Tape la nariz con los dedos índice y pulgar de la mano situada en la frente.
  • Tome aire profundamente y aplicando los labios alrededor de los del herido, eche el aire fuerte y lentamente, comprobando con la vista que el pecho de la persona se eleva, señal de que ha penetrado aire en los pulmones.
  • Repita esta maniobra dos veces seguidas y luego siga insuflando aire a un ritmo de 12 a 15 insuflaciones por minuto, hasta que llegue la ayuda o la persona comience a respirar de nuevo.
Reconocimiento de los signos vitales

Para saber si una persona accidentada o enferma está consciente hay que hacerle unas preguntas sencillas como ¿qué le ocurre?, ¿me oye?, ¿puedo ayudarle?, o tocarle en el hombro para ver si responde.

Si la persona contesta es que mantiene el nivel de conciencia correctamente y por lógica las constantes vitales. Si no responde, a pesar de distintos estímulos, como pellizcarle para observar sus reacciones, significa que está inconsciente. Hay que avisar inmediatamente a una ambulancia, si aún no se ha hecho, y examinar la respiración y el pulso.

Para comprobar si una persona respira, la persona que presta los primeros auxilios debe utilizar la vista (mirar si el pecho sube y baja), el oído (colocarlo junto a la boca para escuchar la respiración) y el tacto (acercar su mejilla a la boca y nariz del enfermo para notar el calor del aire espirado).

Si el enfermo respira, no será necesario seguir explorando los signos vitales. Si no respira, comience de inmediato las maniobras de reanimación pulmonar.

Cuando una persona deja de respirar, la única maniobra eficaz en ese momento es intentar introducir aire en sus pulmones. Para conseguirlo hay que realizar una serie de maniobras:

A continuación, aplicaremos las técnicas de respiración artificial que, según los casos, pueden ser:

  • Coloque a la persona apoyada en el suelo boca arriba.
  • Examine la boca para eliminar posibles cuerpos extraños (prótesis dentales, chicles u otros objetos que puedan impedir el paso del aire).
  • Abra la vía aérea. Para ello se realiza la llamada maniobra frente-mentón: se colocan los dedos índice y corazón de una mano bajo el mentón y se presiona con el pulgar sobre la barbilla, empujándola hacia arriba, a la vez que la otra mano se coloca en la frente empujándola hacia abajo. Con ello conseguiremos desplazar la base de la lengua para que no obstruya el paso del aire, mediante la hiperextensión del cuello. Cabe aclarar que si es muy fuerte la sospecha de que pueda haber una lesión de la columna vertebral del cuello no se debe entonces mover la cabeza, y es obligado intentar hacer la respiración artificial procurando mantener absolutamente inmóvil el cuello del accidentado.
  • Es importante recordar que en el caso de un motorista accidentado jamás se le debe intentar quitar el casco, pues si tuviera una lesión en la cervicales -por desgracia relativamente frecuente- sólo empeoraríamos las cosas.
Comprobación del funcionamiento del corazón

Podremos averiguar el estado o funcionamiento del corazón examinando el pulso arterial. El pulso se comprueba en el cuello, a cada lado de la nuez de Adán, por donde pasan las arterias que llevan la sangre a la cabeza (arterias carótidas). Hay que utilizar los dedos índice y corazón de la mano (nunca el pulgar, en el que se nota el pulso propio).

Si no encuentra pulso, inicie el masaje cardiaco externo, con el que se puede sustituir artificialmente parte de la función cardiaca.

El corazón está situado en el centro del pecho, entre el esternón y la columna vertebral. Por esto, si aplicamos fuerza sobre el esternón, el corazón se contraerá contra la columna vertebral y expulsará la sangre que contenga en su interior. Al dejar de presionar sobre el esternón el corazón se volverá a llenar de sangre pasivamente y así sucesivamente.

La técnica consiste en:

  • Colocarse de rodillas a un lado del enfermo, a la altura de sus hombros.
  • Con los dedos índice y corazón localice la parte inferior de las costillas en su unión con el esternón.
  • A continuación de estos dos dedos se coloca el talón de la otra mano en el tercio inferior del esternón.
  • Se coloca el talón de la otra mano encima, entrelazando los dedos para evitar que estos toquen el tórax.
  • Mantenga los codos siempre rectos y apoye el peso de su cuerpo sobre las manos para que sea más fácil apretar por ayuda de la gravedad.
  • Apriete con fuerza y rapidez el esternón para conseguir un desplazamiento vertical de unos 3.5 a 5 cm. A continuación, relaje la presión y repita otra vez.
  • Se debe conseguir un ritmo de 60 a 80 compresiones por minuto en los adultos. Es tan importante comprimir para que el corazón se vacíe, como descomprimir para que se pueda volver a llenar de sangre.
  • En caso de paro cardiorrespiratorio, es decir, aquella situación en la que la respiración y la circulación espontáneas no existan (la persona no responde, no respira y no tiene pulso), se deben iniciar las maniobras de soporte vital básico en las que se combinan las técnicas de reanimación respiratoria y el masaje cardiaco externo hasta que llegue la asistencia o se produzca la recuperación del enfermo.
¿Qué hacer si un bebé (0 a 1 año) está inconsciente, no respira y no tiene pulso?

La actuación ante una parada cardiorrespiratoria de un lactante no difiere mucho de la actuación que se debe realizar en un adulto.

Para la apertura de las vías aéreas, a menudo, es suficiente hacer una pequeña extensión del cuello. Es importante una buena limpieza de la boca. Para insuflar aire al bebé utilizaremos la técnica boca a boca-nariz colocando la boca del socorrista de manera que abarque completamente la boca y la nariz del niño.

Si no encontramos el pulso, iniciaremos el masaje cardiaco: localizaremos el punto de compresión en medio del esternón, justo dos dedos por debajo de la línea que une los pezones. La compresión la haremos con los dedos índice y corazón hundiendo el esternón de 1,5 a 3 cm y procurando establecer un ritmo de unas 120 compresiones por minuto.

La relación de la reanimación será con ciclos de una insuflación de aire cada cinco masajes cardiacos.

¿Qué hacer si alguien está sangrando?

El objetivo fundamental de la persona que presta los primeros auxilios es detener la pérdida de sangre del accidentado lo más rápidamente posible.

La gravedad de las hemorragias está en estrecha relación con el volumen de sangre perdida por los vasos sanguíneo; a mayor volumen de sangre perdido, mayor riesgo para el mantenimiento de la vida. De esta forma, las hemorragias pueden ser desde leves hasta muy graves.

Según el tipo de vaso lesionado, las hemorragias son arteriales, venosas o capilares; y según el lugar a donde va la sangre que se pierde, las hemorragias son externas, internas o exteriorizadas, es decir, se producen en el interior del organismo pero fluyen al exterior a través de un orificio natural del cuerpo como los oídos, la nariz, la boca, el ano o los genitales.

Ante toda hemorragia debería:

Las hemorragias o sangrados por heridas pequeñas suelen detenerse en breves minutos al efectuar una presión sobre el punto sangrante con un trapo o un pañuelo, que debe estar lo más limpio posible.

Las heridas o cortes más profundos que afectan a las venas producen una sangre oscura que rezuma lenta y constantemente. La hemorragia puede detenerse habitualmente presionando con suavidad sobre la herida con un trapo o pañuelo limpios y aplicando después una venda limpia. Con frecuencia será necesario coser o suturar estas heridas por lo que será preciso consultar con un médico tras los primeros auxilios.

La hemorragia de una arteria puede ser un problema grave e incluso producir la muerte en unos minutos si no se controla el sangrado, por lo que unos primeros auxilios de urgencia adecuados resultan esenciales. Este tipo de hemorragia hace palpitar y chorrear la sangre cada vez que late el pulso. La sangre suele ser de color rojo brillante y sale a borbotones intermitentes.

Para detener la hemorragia de una arteria, hay que ejercer una presión enérgica sobre el punto sangrante y mantenerla hasta que el enfermo reciba un tratamiento médico apropiado. Presione con un trapo limpio o utilice la mano si no hay ninguna otra cosa disponible. Ponga una venda en la herida si es posible. Si la sangre empapa las vendas presione más fuerte hasta que se detenga la hemorragia. No retire las vendas empapadas porque arrastrará el coágulo en formación, pero si es necesario coloque otra encima.

Si con la compresión directa sobre la herida no se consigue detener la hemorragia, se puede intentar comprimir la arteria que lleva la sangre hasta la herida, especialmente en las hemorragias de las extremidades.

Únicamente en casos muy especiales (cuando otros métodos no sean eficaces, la hemorragia continúe y pueda significar la pérdida de vida) se puede aplicar la técnica del torniquete. Si se toma la decisión de poner un torniquete es recomendable aflojarlo cada pocos minutos y se debe apuntar en donde se pueda, incluso con la propia sangre, la hora a la que fue puesto.

Se debe tumbar a la persona, preferiblemente con la cabeza más abajo que el cuerpo. Esto asegurará que llegue suficiente oxígeno al cerebro. Si es posible, coloque la zona de la herida más alta que el resto del cuerpo de forma que la presión, y por tanto la hemorragia se reduzcan.

No intente limpiar la herida. Una hemorragia arterial siempre debe ser tratada por un médico.

  • Controlar los signos vitales.
  • Controlar y detener la hemorragia utilizando:La compresión directa con la mano o un dedo sobre el foco sangrante. La compresión de la arteria que da sangre a la herida sangrante.
¿Qué hacer si alguien sufre una hemorragia por la nariz?

La hemorragia nasal o epistaxis se produce cuando se rompe uno de los pequeños vasos sanguíneos de la membrana mucosa de la nariz, por diferentes causas.

Para detener la hemorragia hay que realizar una presión directamente sobre el orificio nasal sangrante y contra el tabique nasal durante 5 a 10 minutos. La cabeza se inclinará hacia delante para evitar la deglución o aspiración de la sangre o los coágulos. El paciente debe respirar por la boca.

Si la hemorragia continúa, es necesario acudir a un servicio de urgencias. Si una persona sufre hemorragias nasales repetidas e intensas, debería acudir a su médico para consultar el problema.

¿Qué hacer si alguien se está asfixiando?

La obstrucción de la vía aérea impide que el aire y, por tanto, el oxígeno que contiene llegue a los pulmones. Suele ser de aparición brusca y en la mayoría de los casos causada por la entrada de un cuerpo extraño en las vías respiratorias.

Este problema es mucho más frecuente en niños pequeños ya que suelen introducirse en la boca todo tipo de objetos. En los adultos, la mayoría de las veces la obstrucción está provocada por los alimentos aunque puede ser producida por otros objetos como prótesis dentales, etc.

La obstrucción de la vía aérea puede ser incompleta o completa. En el caso de una obstrucción incompleta la persona suele mostrarse agitada, con tos importante. Normalmente la tos provoca la expulsión del cuerpo extraño quedando todo en un susto. No deberemos dar golpes en la espalda del individuo ya que podríamos provocar que el cuerpo extraño penetrara más profundamente y se instaurara una obstrucción completa.

Por el contrario, cuando las vías respiratorias están completamente obstruidas por un cuerpo extraño, el aire de los pulmones no podrá salir por lo que la persona no podrá toser ni hablar, ni respirar. La persona se muestra agitada y angustiada, hace muchos ademanes y, característicamente, se lleva las manos a la garganta.

La mejor forma de abordar este problema es utilizar la maniobra de Heimlich, que se realiza de la siguiente forma: Póngase de pie detrás de la víctima, coloque los brazos alrededor de su cintura y doble el cuerpo de la persona hacia delante.

Si es usted mismo quien se ha atragantado, coloque un puño cerrado sobre su ombligo y la otra mano encima. Empuje a continuación con la primera mano hacia el estómago. Repítalo hasta que el objeto atrapado en la garganta sea expulsado por la boca.

  • Apriete el puño y póngalo por su borde interno justo cuatro dedos por encima del ombligo del sujeto.
  • Cójase el puño con fuerza con la otra mano.
  • Realice una fuerte presión hacia adentro y hacia arriba.
  • Afloje la presión, sin perder la posición de las manos y repita la maniobra hasta que el objeto atrapado en la garganta sea expulsado por la boca.
Shock y desmayo. ¿Qué son?

Un shock y un desmayo se producen como resultado de la falta o disminución del aporte sanguíneo a los tejidos a los que no llega suficiente oxigenación. Cuando el cerebro no recibe un aporte adecuado de oxígeno se produce una sensación de debilidad, desorientación y mareo.

Cuando esto ocurre, la persona:

  • El shock puede producirse tras un accidente en el que se ha perdido excesiva sangre.
  • Tras una infección grave con pérdida de líquidos.
  • Tras una quemadura grave.
  • Tras otros procesos que produzcan pérdida de líquidos o de sangre.
  • Cuando el flujo sanguíneo es demasiado lento, la presión sanguínea baja y circula muy poco oxígeno por el cuerpo.
¿Qué hacer si alguien sufre un shock o se desmaya?

En primer lugar y siempre que sea posible, hemos de tratar la causa desencadenante:

  • Controle los signos vitales, trate las lesiones si es posible y tranquilice a la personas.
  • La persona debe tumbarse boca arriba, preferiblemente con los pies en alto, para asegurar que llegue suficiente sangre al cerebro.
  • Asegúrese de que la persona esté abrigada, cómoda y cubierta por una manta, si es posible.
  • No le dé nada de beber puesto que corre el riesgo de asfixiarse.
  • Si la persona vomita o sangra por la boca, debe ponerse de lado para evitar asfixiarse.
  • Llame a una ambulancia y evacúe a la víctima con urgencia. Una persona con un shock siempre debe ser vista por un médico.

Dr. Henrik Omark Petersen, especialista en Cirugía del Tórax; Dr. Stuart Crisp, especialista en Pediatría