20 MARZO 2010

Anemia por déficit de ácido fólico

Panes y hortalizas

Última revisión: 2010-03-20 por Dr. Alfonso José Santiago Marí

Glóbulos rojos, hematíes o eritrocitos

Son como bolsitas llenas de una proteína llamada hemoglobina que tiene la peculiaridad de unirse con facilidad a ciertos gases como el oxígeno y el CO2 (anhídrido carbónico). Los eritrocitos están continuamente viajando, gracias al impulso circulatorio del corazón, desde los pulmones, donde se recoge el oxígeno para las células que requieren de él para el metabolismo productor de energía; a su vez las células se deshacen de su principal residuo metabólico (el anhídrido carbónico, CO2). El ciclo de oxigenación de un glóbulo rojo comienza pues en el pulmón. Allí al paso por los capilares pulmonares recibe el oxígeno. Tras ello viaja hacia los diferentes tejidos. Al llegar a los capilares de esos tejidos el hematíe libera el oxígeno sobre las células con las que se cruza quedándose al mismo tiempo con el CO2 que éstas desprenden. Al volver el glóbulo rojo a los pulmones se deshace de ese CO2 que será eliminado en la expiración, quedando así de nuevo disponible para volver a vincular oxígeno e iniciar así un nuevo ciclo de oxigenación.

Glóbulos blancos o leucocitos

A este grupo pertenecen todas aquellas células encargadas de defendernos de los agentes extraños que pueden lesionar nuestros tejidos como son los virus y las bacterias, entre otros, cuando encuentran ocasión de infectarnos. En este grupo están, por ejemplo, los granulocitos (clasificables en neutrófilos, basófilos y eosinófilos), los monocitos y los linfocitos básicamente.

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Plaquetas

Son como losetas o ladrillos encargadas de taponar las roturas que pueda haber en los vasos sanguíneos y por las cuales se escaparía la sangre. Son imprescindibles para que se lleve a cabo el proceso completo de la coagulación y evitar con ello que nos desangremos cuando sufrimos heridas.

¿Qué es la anemia?

Hablar de anemia requiere tener bien claro qué es la sangre. Es un tejido más del cuerpo humano, que se encuentra en estado líquido precisamente por la importantísima función que tiene de servir de vía de comunicación y de transporte de todas las sustancias necesarias para mantener abastecidos y en correcto funcionamiento todos nuestros órganos.

Las células que componen nuestra sangre son básicamente:

Todas estas células nacen en la médula ósea, que es el gran órgano productor de células sanguíneas y que se encuentra dentro de los huesos del tronco en un adulto sano. Estas células tienen una vida limitada, por lo que existe una continua renovación de las mismas por el organismo y es preciso que se produzcan diariamente cientos de miles para que no surjan la anemia, la leucopenia (déficit de glóbulos blancos), o la trombocitopenia (déficit de plaquetas).

Se produce anemia cuando los glóbulos rojos de nuestro organismo son escasos o se fabrican mal, y resultan, por tanto, defectuosos para realizar su función de transporte del oxígeno a todos los tejidos.

¿Qué es la anemia por déficit de ácido fólico?

La anemia puede surgir debido a numerosas causas, pero una gran parte de todas las anemias se produce por la falta de algún elemento esencial para la formación de los hematíes, como son el hierro, o ciertas vitaminas como la vitamina B12 y el ácido fólico.

Las vitaminas en general son elementos indispensables para que se lleven a cabo en el organismo multitud de procesos metabólicos básicos que dan como resultado la obtención de energía o la síntesis de proteínas y/o ácidos nucleicos (ADN y ARN de las células).

El ácido fólico es una vitamina con un papel clave en la síntesis de ADN (material del núcleo celular que contiene los genes). Cuando existe una carencia seria de esta vitamina, se deteriora la capacidad de síntesis de ADN de las células de nuestro organismo, capacidad que en principio es esencial para que exista multiplicación celular. Así pues, la carencia de vitamina conlleva una ralentización de la producción de células tanto más acusada cuanto más proliferación celular exista en el tejido del que se trate. Tejidos con gran proliferación son la médula ósea en donde se están formando continuamente los glóbulos rojos, los leucocitos y las plaquetas, y otros como la piel y las mucosas.

El déficit de ácido fólico acarrea por tanto anemia (escasez de glóbulos rojos), y en ocasiones leucopenia (escasez de glóbulos blancos) y trombocitopenia (déficit de plaquetas).

También pueden darse lesiones en la piel y las mucosas en general.

¿Cuáles son las causas principales del déficit de ácido fólico?

El ácido fólico se encuentra principalmente en las frutas y las verduras. La absorción de la vitamina se realiza en los primeros tramos del intestino delgado. La vitamina C facilita una mejor absorción del ácido fólico, pero existen otras sustancias que hacen precisamente lo contrario (entorpecer su absorción), como el alcohol.

El ácido fólico, tras la absorción, pasa a la sangre y se va distribuyendo por todos los tejidos en donde irá siendo almacenado para su uso posterior. Las reservas de ácido fólico de nuestro organismo son limitadas. Cuando existe alguna causa que provoque un déficit de ácido fólico, las reservas de esta vitamina no suelen dar para más allá de tres meses.

La causa principal para un déficit de ácido fólico reside en una mala nutrición. Es típico encontrar este tipo de anemia en personas ancianas deficientemente alimentadas, indigentes y alcohólicos.

Otra causa posible es una mala absorción de la vitamina por interferencia de determinadas sustancias, como ocurre con el consumo de alcohol o de ciertos medicamentos (píldoras anticonceptivas, algunos fármacos antiepilépticos, etc.). La mala absorción puede darse también por enfermedades intestinales como la enfermedad de Crohn (enfermedad inflamatoria intestinal crónica), o la enfermedad celíaca (atrofia intestinal por intolerancia al gluten). No es extraño que pueda darse en estas situaciones una deficiencia combinada de ácido fólico y vitamina B12.

También puede sobrevenir una carencia de ácido fólico debido a un aumento de las necesidades de esta vitamina, como ocurre en el embarazo y la lactancia, hipertiroidismo, psoriasis, inflamaciones crónicas, tumores, y también en la anemia hemolítica crónica (anemia por rotura persistente y excesiva de glóbulos rojos). En todas estas situaciones hay una producción aumentada de los glóbulos rojos, lo que determina un mayor consumo de ácido fólico y una deficiencia de la vitamina si no hay un aporte sobrado en la alimentación.

¿Cuáles son los síntomas de la anemia por déficit de ácido fólico?

Los síntomas de este tipo de anemia pueden aparecer cuando ésta se halle bastante avanzada, gracias a la capacidad del organismo para ir compensando suavemente sus efectos a lo largo de un periodo de tiempo que puede ser muy prolongado. Es típico que el enfermo sea una persona desnutrida y en la mayoría de las ocasiones, anciano o alcohólico. Respecto a los síntomas, es común que aparezca la palidez de la persona junto a una gran tendencia a la somnolencia, uniéndose a ello una sensación permanente de cansancio y una menor tolerancia al esfuerzo físico. Si la anemia se agrava, pueden surgir palpitaciones (sensación desagradable del latido cardiaco), mareos, claudicación intermitente (dolor en las piernas al andar por insuficiente riego sanguíneo), insuficiencia respiratoria e incluso angina de pecho (dolor por sufrimiento del corazón debido a un déficit de aporte de oxígeno a las células cardiacas, parecido al del infarto).

También puede darse la inflamación de las mucosas de la boca y la lengua, y alteraciones digestivas que pueden traducirse en forma de diarrea.

¿Cómo diagnostica el médico la anemia por déficit de ácido fólico?

La mejor herramienta para diagnosticar una anemia, independientemente de que el médico sea capaz de identificar en el enfermo aquellos signos sugerentes, es un análisis de sangre elemental con un hemograma (análisis de la cantidad de hemoglobina y de recuento y clasificación de todas las células sanguíneas). En la anemia la cifra de hemoglobina desciende por debajo de 12 g/dl en la mujer y de 13 g/dl en el hombre. En el déficit de ácido fólico así como en el de B12 es también común observar un volumen corpuscular medio de los glóbulos rojos (que estima el tamaño de los hematíes) aumentado en dicho análisis.

Será necesario también que el médico solicite el estudio de la sangre al microscopio. Al hacer esto encontraremos menos glóbulos rojos y algunos de ellos macrocitos (glóbulos rojos voluminosos) así como envejecimiento (polisegmentación del núcleo) de un tipo de leucocitos (neutrófilos).

Será preciso comprobar también los niveles de ácido fólico en la sangre, que por lo general habrán descendido bastante respecto a su nivel normal.

Puede darse también un incremento de ciertas sustancias de la sangre como la LDH y la bilirrubina.

Por último, puede ser preciso realizar un estudio al microscopio de la médula ósea del paciente mediante la extracción de una muestra de sangre del interior de un hueso del tórax como por ejemplo, el esternón o de la cadera, para confirmar de modo definitivo el diagnóstico de anemia por déficit de ácido fólico.

¿Qué tratamiento tiene la anemia por déficit de ácido fólico?

Es importante encontrar la causa de la deficiencia, como puede ser por ejemplo un síndrome de mala absorción intestinal o la toma de ciertos fármacos, con el fin de eliminar dicha causa. Por lo general, el restablecimiento de una dieta adecuada y la abstención del consumo de alcohol en los casos relacionados con ello, serán claramente beneficiosos para una gran mayoría de pacientes. Los suplementos de ácido fólico en forma de un comprimido diario durante algunos meses son también necesarios. El ácido fólico también es recomendable durante el embarazo para prevenir la aparición de la espina bífida en el feto.

¿Qué podemos hacer el médico y nosotros en materia de prevención?

El mejor modo de prevenir este tipo de anemia es llevar una alimentación sana y variada en la que estén presentes las frutas y las verduras, y esto sobre todo en aquellos casos en los que exista una mayor demanda por parte del organismo de esta vitamina, como es el caso de las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades crónicas, etc.

Por último no debemos olvidar que se debe consultar con el médico de cabecera la aparición de un cansancio importante sin causa justificada, sobre todo si se asocia a otros signos o síntomas sugerentes de anemia.

Dr. Flemming Andersen, especialista en Dermatología; Dr. Patrick Davey, especialista en Cardiología; Dra. Rachel Green, especialista en Hematología

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