09 MARZO 2010

Varices, ¿problema de mujeres?

Huellas de los pies en la arena

Última revisión: 2010-03-09

Las varices, un problema de "gravedad"

Se llama varices a la dilatación de una o más venas de nuestro organismo. Las varices son por tanto una consecuencia de una función venosa deficiente o desbordada, que puede producirse tanto en hombres como en mujeres y a todas las edades, aunque el problema es más común a edades más avanzadas.

Las venas son los vasos sanguíneos de nuestro organismo necesarios para permitir que la sangre que ha circulado por las arterias para transportar el oxígeno a los diferentes tejidos sea capaz de retornar de nuevo al corazón.

Así pues, las venas se distribuyen por todo nuestro organismo recogiendo toda la sangre de retorno. No son iguales las que se sitúan en la parte del cuerpo que queda por encima del corazón que las que ascienden al mismo desde el abdomen y las piernas. La diferencia principal estriba en el hecho de que las venas situadas por debajo del corazón deben vencer la fuerza de la gravedad para cumplir con esa función.

Para poder dirigir la sangre de modo ascendente hacia el corazón disponen de válvulas en su interior que impiden que la sangre caiga de nuevo hacia abajo y se ayudan de la acción constrictora de los músculos de la pantorrilla y el muslo que, actuando a modo de bombeo, facilitan la propulsión de la sangre hacia la mitad superior del organismo. Por ello, cuando existen circunstancias que dificultan esta función de evacuación de la sangre de las piernas las venas aumentan de presión y acaban dilatándose e inflamándose, lo que acaba produciendo las varices.

¿Por qué se producen las varices?

Las varices son generalmente consecuencia de la insuficiencia venosa, y es esta insuficiencia la que provoca síntomas como la sensación de pesadez de las piernas, el dolor o la hinchazón de los pies y los tobillos.

Realmente las varices y/o las arañas vasculares (dilataciones de vasitos de menor calibre) son un signo más de este trastorno global, que se produce por el llenado excesivo de las venas superficiales de la piel, lo que acaba dilatándolas.

En personas con gran afectación de varices el grosor de éstas puede ser muy notable, existiendo el riesgo de estallido y sangrado de la variz. Con el tiempo otras posibles consecuencias de la insuficiencia venosa son los calambres nocturnos, los picores, la hiperpigmentación de la piel, la hinchazón continua de los tobillos y las úlceras cutáneas por el riego sanguíneo deficiente, en zonas como los tobillos. También puede ocurrir la trombosis de la variz, en cuyo caso aparece como un cordón duro, doloroso, caliente y rojizo.

¿Por qué no son sólo un problema de mujeres?

Está muy extendida la creencia de que las varices son principalmente un problema de mujeres. Sin embargo, existen evidencias recientes de que la afectación de hombres y mujeres por este problema puede ser muy similar, si bien es cierto que son las mujeres las que más consultan al médico por estos problemas.

Se calcula que la insuficiencia venosa afecta en Occidente en torno a un 30-35% de hombres y mujeres, pero lo cierto es que la cifra de padecimiento de algún tipo de alteración en la circulación venosa, aunque no sea visible, es aún mayor y puede alcanzar hasta la mitad de la población o más.

Existen diversos factores que facilitan la aparición de la insuficiencia venosa y las varices, tanto en hombres como en mujeres. Entre estos factores tienen especial importancia la edad y la herencia genética.

La fortaleza de las paredes venosas y la efectividad de las válvulas de las venas, así como la robustez muscular, son cualidades que vienen determinadas por la edad y también por la constitución de la persona y por tanto por sus genes.

Otro factor de riesgo común es la exposición al calor, que favorece la flacidez y pérdida de tono de las venas. Esta es la causa de que la insuficiencia venosa empeore en verano.

¿Qué factores de riesgo son predominantes en los hombres?

Estar de pie es sin duda otra circunstancia de riesgo importante para los hombres respecto al padecimiento de varices. Estar de pie por tiempos prolongados incrementa el problema del estancamiento venoso. De hecho, en un estudio escandinavo se vio que la probabilidad de padecer varices era superior en los hombres cuyas profesiones les exigía permanecer de pie durante mucho tiempo (dependientes, viajantes de comercio, cirujanos, profesores, etc.).

Otros estudios han asociado también con los trastornos venosos las actividades laborales en las que se está sentado (oficinistas, conductores, etc.) y como es lógico, refleja hasta el tiempo de antigüedad en la empresa en estos puestos de trabajo.

Según más estudios realizados, existen otros muchos factores que favorecen la aparición de los trastornos del reflujo venoso y que inciden de modo distinto sobre los hombres y las mujeres. Parece demostrado que la obesidad, por ejemplo, es un factor de riesgo importante de los trastornos de reflujo venoso en los hombres.

Asimismo se ha visto que las dietas pobres en fibra y el estreñimiento se asocian con más frecuencia al padecimiento de varices en los hombres que en las mujeres, así como el tener hernia inguinal. Asimismo, los hombres que padecen cuadros de aumento de presión abdominal sostenida tienen mayor riesgo de insuficiencia venosa en las piernas.

Cabe destacar también que muchos estudios internacionales mencionan el hábito de muchos hombres de tensar, presionar y cruzar las piernas cuando están sentados como un factor de riesgo casi exclusivamente masculino en la aparición de varices y que en algunos varones puede tener por tanto un papel muy relevante.

Por último existen también datos que revelan que las varices aparecen con más frecuencia en los fumadores y los que tienen una menor actividad física. No es de extrañar por tanto que la enfermedad venosa se asocie más a hombres con riesgo cardiovascular elevado, aunque las varices como tales no son un factor de riesgo de infartocardiaco o cerebral, ni en hombres ni en mujeres.

¿Cómo se diagnostican las varices?

Las varices pueden diagnosticarse fácilmente por ser un trastorno claramente visible y característico en la superficie de las piernas, en forma de manchas o abultamientos violáceos o en forma de pequeñas redes de color rojizo o morado (arañas vasculares).

La cuestión estética es lo que anima a muchas mujeres a solicitar ayuda de su médico para resolver este problema, algo que se da menos en los hombres; estos suelen acudir al médico cuando la enfermedad venosa les está produciendo síntomas evidentes. Otra razón son los síntomas muy molestos que determina la insuficiencia venosa de base.

Para diagnosticar la insuficiencia venosa que provocan las varices es necesario realizar una ecografía Doppler del sistema venoso de la pierna, aunque existen también otras pruebas como la pletismografía, o la flebografía (ésta es invasiva). Con este tipo de procedimientos se puede estimar la eficacia venosa de las diferentes zonas y de los ramos comunicantes perforantes, el grado de reflujo venoso, el estado de las válvulas venosas, etc.

¿Cómo se pueden prevenir las varices?

Es muy importante intentar prevenir al máximo las varices en las personas más proclives a padecerlas, pues cuando las varices aparecen ya no suele ser posible eliminarlas salvo que se aplique un tratamiento para ello.

He aquí una serie de consejos para disminuir en todo lo posible el riesgo de insuficiencia venosa y por tanto de varices:

  • Evitar la obesidad y tener una actividad física regular. Caminar todos los días un mínimo de 30 minutos ayuda a reforzar los músculos de la pierna y favorece el retorno venoso. Utilizar un calzado adecuado, ni muy alto ni muy plano.
  • Evitar estar de pie o sentado por tiempo prolongado, sin mover las piernas, así como estirarlas o comprimirlas con fuerza excesiva. Es bueno realizar continuamente ejercicios con las piernas para activar la circulación y ponerlas en alto (por encima del nivel del corazón cuando sea posible) si prevemos que vamos a estar mucho tiempo sin andar.
  • No usar fajas o ligas que las compriman impidiendo el retorno venoso y evitar el estreñimiento comiendo una dieta rica en fibra.
  • Procurar no exponer las piernas al calor intenso.
  • Llevar calcetines o medias elásticas de compresión gradual si el riesgo de varices es elevado (obesidad, mucho tiempo de pie, embarazo, etc.)
¿Cómo se tratan las varices?

Cuando hablamos de tratamiento debemos diferenciar entre lo que es el tratamiento global de la insuficiencia venosa crónica y el de las varices per se.

El tratamiento de la insuficiencia venosa es en principio conservador. Cuando aún no es muy acusada la sintomatología lo esencial es procurar que la enfermedad no progrese. Para ello es importante llevar a cabo las medidas preventivas y evitar factores como el consumo de anticonceptivos orales.

Existen fármacos flebotónicos que pueden aliviar parcialmente los síntomas de la insuficiencia venosa, pero que no van a conseguir que las varices desaparezcan.

La solución definitiva a la insuficiencia venosa de la pierna es la cirugía, que consiste en extirpar la vena principal (safena), que recoge la sangre de todo el territorio venoso superficial. Cuando se practica la intervención disminuye la presión venosa en esta zona y los síntomas mejoran notablemente, desapareciendo asimismo la mayor parte de las varices.

La terapia quirúrgica debe plantearse cuando existen varices muy prominentes y/o molestias importantes, o cuando han surgido complicaciones como varicorragia (sangrado de las varices), flebitis (inflamación de la vena) o úlceras cutáneas. También se puede plantear la operación a petición del propio paciente por cuestión estética o de otro tipo.

Por otro lado existen tratamientos estéticos de las varices y las arañas vasculares que, sin resolver el problema de base de la insuficiencia venosa, pueden mejorar bastante la situación haciéndolas desaparecer. Estos tratamientos consisten en la acción directa sobre las venas varicosas con sustancias esclerosantes o el láser principalmente, y suelen conseguir la desaparición completa de las varices sobre las que se incida; pero desafortunadamente no evitan que puedan surgir nuevas varices en otras partes de la pierna.

Dr. Alfonso Santiago Marí, especialista en Hematología