09 JUNIO 2005

Apoyo a los cuidadores de las personas mayores dependientes

Señora ayudando a un señor mayor en el paseo

Última revisión: 2005-06-09

El aumento de la esperanza de vida, entre otros factores, condiciona en las personas mayores la aparición de enfermedades crónicas y discapacidades que derivan en la dependencia. En estos momentos se estima en España una cifra de 1.700.000 mayores dependientes: cerca de un millón de ellos necesitan ayuda al menos una vez a la semana, unos 500.000 una ayuda diaria y unos 200.000 necesitan ayuda un mínimo de tres horas diarias.

Los problemas que mayor dependencia originan son enfermedades neurológicas como la demencia tipo Alzheimer, enfermedad de Parkinson o los accidentes cerebrovasculares, también llamados ictus.

En nuestra sociedad son numerosos los individuos que realizan la función de cuidadores principales de estas personas mayores dependientes. Este apoyo, proveniente en general de familiares y que son en su gran mayoría mujeres, está comprobado que es el recurso más importante para garantizar una calidad de vida mínima a estos mayores con problemas en la realización de las actividades básicas de su vida diaria, como puede ser levantarse, asearse e incluso comer. Esta ayuda familiar ralentiza el avance de los problemas, tanto físicos y psíquicos como sociales, que puedan afectar a los mayores.

Pero esta colaboración y compromiso de los cuidadores “informales”, papel que de entrada no han deseado ni para el que han sido formados, lleva asociado un riesgo elevado para su salud, y puede llegar a interferir en su vida personal, social y laboral.

Los cuidadores

Los cuidadores familiares de personas mayores dependientes son personas que, por diferentes motivos, dedican gran parte de su tiempo y esfuerzo a permitir que otras personas, mayores de 65 años en este caso, puedan desenvolverse en su vida diaria, ayudándolas a adaptarse a las limitaciones que su discapacidad funcional les impone.

Principalmente los cuidadores de las personas mayores son adultos entre 45 y 65 años, en su mayoría mujeres. En nuestra sociedad existe la idea de que la mujer está mejor preparada para asumir este papel por la educación recibida y por tener un mayor espíritu de sufrimiento y de colaboración. Pero se debe apuntar que el hombre colabora cada vez con más frecuencia como cuidador principal o ayudando a la cuidadora principal, lo que es un signo positivo del cambio de esta situación. También los mayores cuidan de los propios mayores, como ocurre en los numerosos casos de parejas en las que un miembro cuida al otro que tiene peor salud.

La mayoría de los cuidadores no tiene una remuneración por esta labor y no reciben ayuda de otras personas. Incluso es frecuente compartir la función de “cuidador de un mayor” con la de “cuidador de la propia familia”, como puede ser el caso de las hijas de los mayores dependientes.

Las personas que ejercen de cuidadores “informales” padecen una gran carga emocional provocada por la responsabilidad de cuidar a sus seres queridos. Se generan problemas físicos y psíquicos asociados a la tensión provocada por la atención constante al paciente. Por ello es importante encontrar maneras prácticas de enfrentarse a esta situación y buscar ayuda.

En qué consiste cuidar

Los cuidadores realizan tareas que no resultan agradables, dando más de lo que puedan recibir. Es un “trabajo” para el que normalmente no se ha recibido formación previa. Cuidar a alguien implica muchas y variadas actividades de prestación de ayuda, que dependen de cada caso en concreto, pero que en su mayoría son comunes.

Los cuidadores realizan labores de la casa: como cocinar o limpiar; movilización o traslado del mayor al interior del domicilio; ayuda en la higiene y el aseo diario; acompañamiento en sus desplazamientos fuera del domicilio (para ir al médico o al banco); supervisión y administración de la medicación; asistencia en la realización de pequeñas tareas, tan frecuentes como darles de beber, poner la radio, leerles el periódico, etc.

También se enfrentan a problemas diversos, como alteraciones físicas, alteraciones de la conducta y del comportamiento; incontinencia; inactividad; agitación; agresividad; alucinaciones y delirios; insomnio; deambulación; problemas de memoria; falta de juicio; etc.

Es importante saber qué hacer para intentar prevenir estos problemas y cómo actuar cuando se presentan. Saber cómo comunicarse con los familiares, cómo transmitirles afecto y sentimientos, incluso ante problemas visuales o de audición o demencias evolucionadas, ayuda a mejorar la relación y facilita el cuidado.

La vivencia de cada cuidador es única y distinta a las demás, ya que son muchos los aspectos que hacen que esta experiencia difiera de cuidador a cuidador: el por qué se cuida, la causa y el grado de dependencia del familiar de edad avanzada, el parentesco con la persona cuidada, las relaciones previas con ella, el cambio de la situación con el paso del tiempo (sobre todo por la enfermedad) así como la ayuda que prestan otros miembros de la familia o las exigencias que se marquen los cuidadores, son algunos de esos aspectos.

Problemas específicos que padecen los cuidadores

Los problemas más frecuentes en los cuidadores “informales” son consecuenciadel agotamiento a largo plazo. Se pueden padecer desde problemas musculares o de espalda a alteraciones del sueño, e incluso, y tal vez lo más importante, problemas psíquicos derivados de la misma situación de cuidar a un familiar querido.

El dilema de ingresar al familiar en una residencia u hospital de larga estancia, conlleva un gran estrés. Es lógico, por tanto, que se solicite ayuda, proveniente tanto de las personas próximas, como de las ayudas públicas o privadas, incluyendo el voluntariado. Se han desarrollado diversas experiencias en algunas comunidades autónomas para ayudar a estas familias, incluyendo programas anuales subvencionados de descanso para cuidadores, con períodos de vacaciones que oscilan entre siete y quince días. Es importante por tanto, consultar con los servicios sociales del ayuntamiento donde se viva, y con grupos de apoyo, provenientes del voluntariado, de asociaciones de enfermos e incluso de la Iglesia.

Los cuidadores aprenden con su propia experiencia cuál es la mejor forma de ayudar y cuidar al familiar dependiente, sobre todo en sus rutinas diarias como la alimentación, la higiene y otras actividades. Pero, de todas maneras, es necesario un entrenamiento especial para poder controlar los comportamientos problemáticos que hemos señalado: cómo mover correctamente a la persona dependiente ycómo utilizar equipo auxiliar, como camas eléctricas o grúas.

Igualmente, es importante tomar las precauciones necesarias en la utilización de aparatos eléctricos, utensilios de cocina, la luz, la temperatura del agua y el mobiliario de la casa, entre otros.

Cuidándose

Algunos cuidadores no quieren reconocer la tensión asociada con las diferentes responsabilidades y el largo tiempo que dedican a sus obligaciones. Muchos se sienten agotados.

Es importante darse crédito a uno mismo por el trabajo realizado, así como también programar momentos de descanso, con periodicidad incluso diaria, tales como paseos cortos, visitas a familiares y amigos, etc. Un período vacacional más o menos largo, de unos diez días, es difícil de lograr, aunque en algunas comunidades existen programas oficiales para los cuidadores. De todas formas, se puede buscar otro familiar o persona que cuide al paciente durante estos descansos.

Es importante una dieta saludable, equilibrada, dormir suficiente, prestar atención a los síntomas que aparezcan como un dolor de espalda o lumbalgia, por ejemplo. Seguir estos consejos puede ayudarle a cuidar mejor a su familiar.

El aislamiento que se siente al cuidar a un ser querido incapacitado casi siempre resulta muy difícil de llevar. Para evitarlo es importante acudir a sesiones de apoyo con personas que se encuentren en una situación semejante, o consultar a su médico de cabecera con cierta regularidad (al menos cada tres o seis meses). Con estas acciones pueden descargarse sentimientos de frustración o de enfado.

Planificar el futuro de la persona que se cuida es otra tarea que debe considerar el cuidador. Por duro que sea, por ejemplo podría ser necesario contar con el permiso necesario para tomar decisiones en asuntos financieros.

Además, es aconsejable escribir las necesidades que pueden presentarse con el trancurso del tiempo, las actividades cotidianas sujetas a un horario y con qué ayuda podemos contar, desde familiares y amigos a recursos sociales y voluntariado. Se pueden apuntar las ventajas y las desventajas de pedir ayuda a cada recurso.

En cada caso de dependencia se deben conocer pautas de actuación para saber cómo enfrentarse a los problemas que van apareciendo y que estos repercutan lo menos posible, tanto en la persona que se cuida, como en el cuidador o cuidadores.

Conclusiones

En primer lugar hay que potenciar la independencia del familiar que se cuida, por poca que sea, conociendo todo lo que puede hacer solo, colaborando sólo en lo necesario, ayudándole a tomar decisiones y a asumir responsabilidades sobre su cuidado. Con ello, se aumenta su autoestima, al hacerles sentirse más útiles.

Dada el aumento de la esperanza de vida y la baja tasa de natalidad, el número de mayores que necesitan algún tipo de ayuda seguirá aumentando en nuestra sociedady, por lo tanto, aumentará también el número de cuidadores.

No hay que olvidar que el cuidador debe saber cuidarse a sí mismo, pues esta labor lleva asociadas posibles consecuencias sobre la propia salud. Hay que saber hasta dónde se puede llegar y saber pedir ayudaa otros familiares o a los servicios sociales o asociaciones, así como planificar y organizar el tiempo y el futuro, tanto el propio como el de la persona a la que se cuida. Llevar una vida sana, saber cómo sentirse bien y relajarse y controlar los estados de ánimo, son aspectos que deben tenerse en cuenta para hacer esta situación algo más llevadera.

Una gran parte de los cuidadores, pese a posibles sinsabores, acaban descubriendo una gran satisfacción en ser útiles a sus familiares más próximos. Encuentran facetas de ellos mismos, tal vez desconocidas, y que de otro modo podrían haber pasado inadvertidas. Pero también cuidar puede convertirse en una experiencia muy ingrata.

A pesar de todo, el trabajo del cuidador informal es una de las labores más dignas y merece una especial atención por la sociedad, que debe plantearse seriamente el desarrollo de programas de apoyo para ambos colectivos, cuidadores y mayores dependientes.

Dr. Sergio García Vicente, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria