09 ENERO 2003

Cirrosis hepática

Dibujo de un hígado y otros órganos

Última revisión: 2003-01-09 por Dr. José María Ladero Quesada

¿Qué es la cirrosis hepática?

La cirrosis es una enfermedad crónica del hígado, que consiste en un incremento del tejido fibroso y en la aparición de nódulos, con alteración de la estructura normal del órgano. Es la consecuencia final de diversas causas que han ido lesionando el hígado durante mucho tiempo. El origen más frecuente en España, y en la mayoría de los países de nuestro entorno, es el consumo excesivo de alcohol, pero hay otras causas importantes que se explican más adelante.

La destrucción de la estructura normal y la disminución de células hepáticas conllevan un deterioro en el funcionamiento normal del órgano. El hígado interviene de forma importante en la digestión de los alimentos, pero además es la pieza fundamental en el metabolismo de los medicamentos y en la síntesis de proteínas, entre ellas las que intervienen en los fenómenos de coagulación de la sangre.

La cirrosis es una enfermedad grave, aunque el pronóstico individual depende de la fase de su evolución en la que se realice el diagnóstico. Los enfermos con cirrosis "compensada" (sin complicaciones graves) tienen una probabilidad del 50% de seguir vivos a los 10 años, pero los enfermos "descompensados" tienen una mortalidad del 70% al cabo de 3 años. En todo caso, el pronóstico empeora si la cirrosis es alcohólica y el enfermo sigue bebiendo.

¿Cuáles son las causas de la inflamación que produce la cirrosis hepática?
  • Consumo excesivo de alcohol: la incidencia de cirrosis en un país está en relación directa con el consumo de alcohol per capita. En España, aproximadamente la mitad de los casos de cirrosis se deben al alcohol.
  • Hepatitis vírica crónica: en la hepatitis vírica crónica los dos virus involucrados son los de la hepatitis B y la hepatitis C. La cirrosis producida por el virus B es frecuente en África y Asia. La importancia del virus C es grande en Europa y en los EE.UU., y sigue en aumento. En España, el 40% de los adultos con cirrosis hepática están infectados por el virus de la hepatitis C; el abuso de alcohol incrementa la agresividad del virus C sobre el hígado.
  • Cirrosis biliar primaria: La cirrosis biliar primaria es una enfermedad poco frecuente que afecta sobre todo a mujeres. No se debe al abuso de alcohol. En estos pacientes es el organismo el que, por razones poco conocidas, desencadena un ataque contra su propio hígado.
  • Hepatitis autoinmune crónica activa: enfermedad aún más rara que la anterior, en la que la acción emprendida del organismo en contra del propio hígado es desencadenada por el sistema inmunitario.
  • Medicamentos y compuestos químicos: aunque hay bastantes medicamentos y productos químicos que pueden lesionar el hígado, pocos llegan a producir cirrosis. Sin embargo, algunos medicamentos específicos deben administrarse bajo vigilancia, porque dañan el hígado.
  • Trastornos metabólicos y hereditarios: hay diferentes enfermedades, poco frecuentes, que originan la acumulación de productos tóxicos en el hígado. La más habitual es la hemocromatosis, en la que el hierro es el tóxico acumulado en exceso en el hígado.
¿Cuáles son los síntomas de la cirrosis hepática?

Su presencia e intensidad dependen del grado de lesión sufrida por el hígado. En las fases iniciales de la enfermedad, puede no haber síntomas, en cuyo caso la enfermedad se descubre como consecuencia de un estudio motivado por otro proceso.

Conforme avanza la enfermedad, pueden aparecer cansancio, debilidad, pérdida de apetito, náuseas y disminución de peso.

En las fases más avanzadas de la enfermedad, el hígado tiene dificultades para desarrollar todas sus funciones y puede presentarse una combinación variable de los siguientes síntomas:

En las fases finales de la enfermedad, pueden aparecer complicaciones graves como las hemorragias digestivas con vómitos de sangre, que pueden deberse a la rotura de dilataciones venosas en la parte baja del esófago (varices esofágicas), o proceder de una úlcera de estómago. Este hecho, puede ser muy grave y requiere tratamiento hospitalario.

Una de las funciones del hígado es eliminar las sustancias tóxicas de la sangre. En la cirrosis, la sangre puede no atravesar el hígado debido al trastorno de su estructura, y dicahs sustancias tóxicas pueden alcanzar el cerebro dando lugar a un trastorno de su función que se llama encefalopatía hepática, y que se manifiesta con confusión, trastornos de conducta, somnolencia y finalmente, coma. Esta complicación también es grave y precisa tratamiento hospitalario.

  • Ictericia: es un color amarillo de la piel y de la esclerótica (el "blanco" de los ojos), debido a la incapacidad del hígado para eliminar de la sangre una sustancia denominada bilirrubina.
  • Alteraciones de las uñas: la forma y el aspecto de las uñas pueden modificarse, se puede incrementar su curvatura (uñas en vidrio de reloj) o mostrar un color blanquecino opaco, en lugar de rosado.
  • Alteraciones de la piel: aproximadamente la cuarta parte de los enfermos desarrollan oscurecimiento de la piel.
  • Retención de líquidos: es un trastorno habitual en algún momento a lo largo de la evolución de la enfermedad. Aunque el hígado no interviene directamente en la eliminación de líquidos por el organismo, colabora de forma decisiva en su distribución, y en su adecuada excreción, a través de los riñones. Cuando su función se deteriora, puede acumularse líquido en las piernas (edema), o en el abdomen (ascitis).
  • Alteraciones de los vasos sanguíneos: el trastorno más frecuente son los nevus en araña o arañas vasculares, que consisten en un punto rojo central, es decir, un vaso que aflora perpendicularmente bajo la piel (el "cuerpo") y del que parten pequeños vasos de forma radial (las "patas"). También es frecuente el enrojecimiento de la cara y de las palmas de las manos.
  • Fragilidad de piel y mucosas: las hemorragias nasales son frecuentes y también los cardenales y las erosiones cutáneas, debido a las alteraciones de los vasos sanguíneos y al deterioro de la coagulación, porque disminuyen la síntesis hepática de las proteínas que intervienen en la misma.
  • Crecimiento de las mamas en el varón: este signo se llama ginecomastia, y se debe a que el hígado enfermo no destruye las hormonas sexuales femeninas que produce el organismo masculino. Por la misma razón disminuye el tamaño de los testículos.
¿En quiénes se dan los mayores riesgos?

El riesgo es proporcional al consumo de alcohol. Cuanto más bebe una persona, más propensa es a desarrollar una cirrosis. Las mujeres parecen ser más susceptibles que los varones. Por lo tanto, es recomendable reducir el consumo de alcohol a 28 unidades de bebida por semana en los hombres, y a 21 en las mujeres. Una unidad de bebida es una consumición normal de cualquier bebida alcohólica: 250 ml de cerveza (la "caña" tiene 200 ml), un vaso de vino de 150 ml, o una copa de licor de 40 ml.

  • Personas con infección crónica y progresiva por los virus de la hepatitis B o de la hepatitis C.
  • Pacientes con cirrosis biliar primaria (que sólo es una auténtica cirrosis en las fases más avanzadas de su evolución), o con hepatitis autoinmune crónica activa.
  • Personas con alteraciones metabólicas o hereditarias.
¿Cómo se puede prevenir la cirrosis hepática?
  • Reduciendo el consumo de alcohol (véase más arriba)
  • Buscando ayuda para dejar de beber en el caso de los alcohólicos
  • Tomando precauciones para no contraer hepatitis, y en caso de contraerla, tratándola adecuadamente
  • Evitando el contacto con productos tóxicos en el medio laboral
¿Cómo se diagnostica la cirrosis hepática?

Si en el curso de un examen médico surgen sospechas de una cirrosis hepática, los análisis de sangre pueden reforzarlas. Aunque una prueba de imagen con ultrasonidos del hígado (ecografía hepática) puede confirmarlas, a veces es necesario realizar una biopsia hepática para obtener muestras de tejido hepático. La biopsia proporciona también información acerca de la causa de la cirrosis.

Un buen consejo

Si el consumo excesivo y la dependencia del alcohol son la causa de su enfermedad del hígado debe usted dejar de beber alcohol inmediatamente, y por completo. Una vez que el alcohol ha lesionado el hígado, las células hepáticas se hacen vulnerables incluso a pequeñas cantidades de alcohol.

Busque ayuda de amigos y familiares, y de cualquiera de las organizaciones especializadas en ayudar a las personas que tienen problemas con el alcohol. Su médico podrá ayudarle.

Actividad

Trate de llevar una vida activa. Esto puede resultarle difícil debido al cansancio y a la sensación de debilidad, pero compensa perseverar en ello. Si se le hinchan las piernas puede ser conveniente mantenerlas elevadas mientras descansa.

Alimentación
  • Haga una dieta bien equilibrada, rica en proteínas (consulte siempre con su médico).
  • No añada sal a las comidas. Si su médico lo autoriza, puede utilizar pequeñas cantidades de sal para cocinar. Tenga en cuenta que la mayoría de los alimentos precocinados o en conserva contienen bastante sal.
  • En fases más avanzadas de su enfermedad, y siempre por consejo de su médico, puede ser conveniente reducir el consumo de proteínas (fundamentalmente carnes y pescados).
  • Pueden ser necesarios suplementos vitamínicos y minerales.
Posibles complicaciones
  • Impotencia en el varón, debida al efecto combinado del alcohol y de la propia cirrosis.
  • Hemorragia interna grave por rotura de venas varicosas en el esófago o el estómago. Es una complicación grave que requiere tratamiento hospitalario.
  • Cáncer de hígado. Desarrollado en algunos pacientes con cirrosis avanzada. El riesgo es mayor en enfermos con hemocromatosis o infección crónica por los virus de las hepatitis B o C.
  • Infección del líquido acumulado en el abdomen (ascitis), que origina una peritonitis y, secundariamente, una infección generalizada (sepsis) por entrada de gérmenes o toxinas en la sangre.
Perspectivas

Es posible detener la destrucción progresiva del hígado eliminando la causa. Esto refuerza el consejo de abandonar el alcohol. Se dispone de tratamiento para la infección crónica por los virus de las hepatitis B y C. La sobrecarga de hierro puede corregirse realizando sangrías periódicas (¡incluso de medio litro de sangre por semana!). La hepatitis autoinmune crónica activa puede tratarse con esteroides (glucocorticoides).

Incluso si la lesión no es curable los síntomas sí pueden aliviarse y controlarse. Si el tratamiento se inicia pronto, es posible que el enfermo pueda llevar una vida casi normal. Sin embargo, si no se elimina la causa la formación de tejido cicatricial y la destrucción de la estructura hepática progresarán y finalmente conducirán a la insuficiencia hepática y a la muerte.

¿Cómo se trata la cirrosis hepática?

En el momento actual no hay tratamiento curativo para la cirrosis hepática establecida, aunque siempre hay que tratar de eliminar la causa. Por lo tanto, hay que hacer hincapié en tratar y aliviar las complicaciones de la enfermedad.

Se dispone de las siguientes opciones de tratamiento:

  • Medicamentos que incrementan la producción de orina (diuréticos), para tratar la retención de líquidos en las piernas (edema), o el abdomen (ascitis)
  • Suplementos vitamínicos y minerales
  • Suplementos calóricos (normalmente bebidas azucaradas), para mantener un buen estado de nutrición
  • Laxantes (habitualmente un jarabe a base de lactulosa), para impedir el estreñimiento y reducir el riesgo de que los productos tóxicos generados en el intestino penetren en el organismo y alcancen el cerebro, tras evitar su paso por el hígado. Éste es el mecanismo de la encefalopatía hepática, caracterizada por somnolencia, confusión y finalmente coma.
  • Algunos pacientes que han sangrado por la rotura de varices en la zona inferior del esófago pueden seguir tratamiento con un medicamento llamado propranolol, que reduce la presión dentro de las varices y con ello las probabilidades de sangrar de nuevo.
  • Por último, puede plantearse la indicación de realizar un transplante de hígado en enfermos con cirrosis terminal. Este tratamiento sí puede ser curativo, pero sólo puede ofrecerse a una minoría de pacientes que cumplan unos criterios muy determinados.

Dr. Carl J. Brandt, Director Médico Internacional y Cofundador de NetDoctor; Dr. Ove Schaffalitzky de Muckadell, especialista en Medicina Interna; Dr. Alan Ogilvie, especialista en Gastroenterología

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