03 JUNIO 2013

Incontinencia urinaria en las personas mayores, ¿cómo afrontarla?

Es un problema que afecta a un buen número de ancianos

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Es un problema que va asociado a la edad, pero el envejecimiento no es, por sí mismo, causa de incontinencia urinaria. Sin embargo, sí que es cierto algunos cambios asociados con el paso del tiempo y la mayor prevalencia de determinadas enfermedades a medida que pasan los años predisponen a su desarrollo. “Sabemos que aproximadamente un 15% de los varones ancianos y un 30% de las mujeres padecen incontinencia, pero no es una enfermedad directamente relacionada con la edad”, explica el doctor Juan Macías, presidente de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG).

¿Qué factores influyen? Aparte de la edad, deben tenerse en cuenta los antecedentes personales y las enfermedades que haya padecido o padezca el paciente, como las patologías neurológicas o enfermedades sistémicas con repercusión sobre el sistema nervioso central. También influyen todas las intervenciones previas que hayan afectado al tracto urinario (uretrotomías, resección transuretral de próstata, etcétera), a la zona abdominal y de la pelvis (resección abdominoperineal de colon o histerectomías) y a la columna vertebral (descompresiones o laminectomías). Asimismo, hay que controlar la medicación que toma el enfermo, ya que algunas sustancias pueden desencadenar o agravar la incontinencia.

¿Afecta tanto a hombre como a mujeres? 
“Este trastorno ocurre tanto en hombre como en mujeres. Sin embargo, debido en parte a las tensiones físicas de la maternidad y a una disminución del estrógeno después de la menopausia, las mujeres sufren incontinencia con el doble de frecuencia que los hombres”, comenta el doctor Macías.

-En el caso de los hombres, la incontinencia de urgencia es la más frecuente y está caracterizada por la pérdida involuntaria de orina asociada con un intenso deseo de orinar.

-Entre las mujeres, la más común es la incontinencia de esfuerzo. Se trata de pérdidas involuntarias de orina que se producen durante el ejercicio físico y ocurren cuando la presión intravesical supera a la presión uretral. Está asociada con la debilidad del suelo pélvico y se produce fundamentalmente durante el día.

Buscar ayuda médica
Una vez que se constata que existe el problema, es fundamental buscar asesoramiento médico. Pero no siempre se recurre a él por diferentes motivos- de hecho, sólo 1 de cada 3 afectados consulta sobre este tema al médico-. La vergüenza, la pérdida de autoestima y considerar la incontinencia como un hecho inevitable del envejecimiento son los factores más frecuentemente asociados a la ocultación del problema. Es un error  suponer que no existe tratamiento. En palabras del geriatra, “no hablar con el médico sobre las pérdidas de orina cuando empiezan a ocurrir es un error, ya que en el 30-40% de los casos el tratamiento precoz recupera la continencia y en más de la mitad la mejoría que puede llegar a alcanzarse es notable”.

Efectos en la vida diaria
Si el problema no se afronta a tiempo, puede derivar en efectos adversos que impactan significativamente en la calidad de vida de las personas que sufren incontinencia, que van desde problemas en la piel  
(maceración, úlceras cutáneas), infecciones urinarias de repetición y caídas (incontinencia nocturna), a problemas de
aislamiento, depresión o dependencia, por ejemplo.

¿Qué se puede hacer?
Los médicos apuntan a que existen medidas higiénico-dietéticas básicas que facilitan el manejo de la incontinencia. “Se debe intentar ayudar al anciano a establecer un horario regular de micciones que no supere las 3 horas; hay que controlar que el paciente pueda acceder rápidamente al baño desde su cama, que la ropa de dormir pueda quitarse con facilidad y que el baño disponga de elementos de seguridad y de timbre”, apunta el doctor Macías.

En cuanto a la distribución de líquidos diarios, debe ser ordenada por el médico y variar en verano e invierno de acuerdo con las condiciones climáticas. “Un buen aporte durante la mañana y primeras horas de la tarde, acompañado de una disminución acentuada durante la noche, permite controlar mejor la incontinencia nocturna, por ejemplo”, añade el presidente de SEMEG.

Por otro lado y en relación a los fármacos diuréticos, no deben administrarse por la mañana en ancianos activos. El doctor Macías relata que “muchas veces se orinan por esta causa y dejan de tomarlos”. Tampoco por la noche “porque obliga a levantarse en la madrugada con el consecuente peligro de sufrir caídas. El mejor momento es antes o después de comer, periodos en los que ya se han realizado las tareas cotidianas”.


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