16 ABRIL 2010

Decálogo para unos oídos sanos

Evitar un entorno ruidoso, las corrientes de aire, usar tapones... no te pierdas nuestras recomendaciones

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Seguro que sabes que el oído es una de las partes más delicadas y sensibles del organismo, por lo que requiere de una especial atención y cuidado, con el fin de evitar que resulte dañado y que se pierda capacidad auditiva de forma prematura. Y es que, ¿sabías que en España se estima que más de tres millones de personas padecen algún grado de pérdida auditiva y más de la mitad lo desconoce?

Por todo ello, los centros Oi2, especializados en el cuidado de la audición, han elaborado un decálogo con las claves fundamentales para proteger el sistema auditivo y gozar así de una audición de hierro el mayor tiempo posible, dentro del marco de la campaña de concienciación social “¿Eres todo Oi2?”, que desde hace un año recorre buena parte de la geografía española. Con esta iniciativa, la compañía pretende sensibilizar a la población de la necesidad de tomar medidas preventivas para cuidar el sentido más valorado por los españoles tras la vista, según datos del estudio. Éstos son sus consejos.

1. Ojo con el ruido. Según el estudio, el 88% de los españoles cree que los niveles de contaminación acústica en su ciudad son excesivamente altos. En este sentido, estar expuestos de forma prolongada a sonidos intensos como tubos de escape, construcciones en obra o el bullicio de las fiestas populares, bares y discotecas, podría causar dolencias irreversibles en el tímpano e incluso sordera si es superior a los 90 db. ¿La solución? Disminuir el tiempo de exposición a sonidos fuertes y utilizar protectores auditivos especiales para atenuar los efectos nocivos.

2. Baja el volumen. Poner la radio o la televisión a gran volumen o escuchar música fuerte con el mp3 son factores de riesgo para la salud auditiva, siendo los adolescentes quienes presentan mayor peligro de experimentar alguna dolencia de este tipo a largo plazo. Para minimizar estos efectos perjudiciales, conviene bajar el volumen en la medida de lo posible, utilizar protección auditiva en locales con música alta o conciertos, alejarse de los altavoces y descansar varias horas antes de escuchar de nuevo música con auriculares.

3. ¿Y la presión en el avión? Seguro que has notado esta desagradable sensación: al producirse el despegue y el aterrizaje de los aviones, las trompas de Eustaquio tratan de regular la presión del aire que entra en el canal auditivo para que éste no se dañe, provocando así una molesta sensación en nuestros oídos, similar a la producida al escalar una montaña o al zambullirse en el agua. Para facilitar este proceso recomienda bostezar, espirar aire por la nariz o mascar chicle. Además, si persistiera la molestia tras las primeras 48 horas, se aconseja acudir a un especialista.

4. Cuidado con las corrientes de aire en el coche. Tener la ventanilla del coche bajada mientras se conduce incrementa el riesgo de contraer infecciones como la otitis, debido al exceso de aire en el canal auditivo. Además, otros sonidos como el del viento, el del motor y el del resto de vehículos que circulan por la carretera ocasionan pérdida gradual de la capacidad de audición, por lo que se aconseja conducir con las ventanillas cerradas.

5. 'Bye, bye' bastoncillos. Los oídos poseen un mecanismo de autolimpieza para eliminar las partículas de cerumen que se forman en su interior. Por ello, los expertos rechazan de forma rotunda el uso de bastoncillos o elementos afilados y punzantes para la limpieza de los mismos. De lo contrario, podría obstruirse el canal auditivo, lastimar la piel del conducto del oído e incluso alcanzar el tímpano y perforarlo.

6. Evitar coger demasiado peso. Levantar pesas en un gimnasio o cargar muebles en una mudanza puede ejercer una fuerte presión en la membrana del oído, ocasionando problemas en el sentido auditivo así como pérdida de equilibrio. Conviene disminuir la cantidad de peso y respirar profundamente mientras se realiza la actividad.

7. ¡Al agua! Al zambullirse en el agua, la presión existente es mucho más acusada que en la superficie, por lo que el oído, de forma automática, activa un mecanismo para regularla. Por este motivo, la inmersión debe hacerse de forma lenta y pausada, sobre todo en aguas más profundas. De lo contrario, podría producirse la entrada brusca de agua en los oídos y la consiguiente aparición de infecciones. 

8. Los tapones, buenos aliados. Tanto si se está en la piscina como en la playa, es conveniente proteger adecuadamente los oídos para que no se generen tapones. El uso de protectores auditivos fabricados a medida disminuye el nivel de humedad provocado por el contacto con el agua, y por tanto, se reduce el riesgo de padecer otitis. Por otro lado, nadar o bucear en aguas que no han sido debidamente tratadas propicia la aparición de gérmenes y bacterias que ocasionarían, entre otras complicaciones, infecciones en el oído. Por eso, hay que tener en cuenta también las condiciones de higiene del agua.

9. Oídos bien secos. Es imprescindible secar el oído externo con un paño o toallita secos después de una ducha o baño. Solamente así se evitará que se generen tapones de agua y el contagio de hongos e infecciones.

10. Visita al médico. En España 1 de cada 4 españoles nunca ha acudido a un especialista a realizarse una revisión auditiva, mientras que 4 de cada 5 revisa su vista de forma periódica. Parece que estamos más concienciados a vigilar la salud de nuestros ojos. Por eso, para prevenir males mayores, los expertos aconsejan revisar la audición al menos una vez al año para prevenir a tiempo cualquier anomalía y poder determinar, mediante una sencilla revisión, si existe pérdida auditiva.

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