Carlota Casiraghi: ‘Mi vida está hecha de acontecimientos tristes, como la temprana muerte de mi padre’

La real Carlota Casiraghi no es Princesa en la Corte, sino princesa de cuento (también de libro de poesía, de literatura, de filosofía…), pero con pocos capítulos o pocos medios finales felices: “La ansiedad y la angustia forman parte de la vida de todos. Mi experiencia personal se ha hecho de acontecimientos tristes, como la temprana muerte de mi padre (Stefano Casiraghi falleció el 3 de octubre de 1990, cuando Carlota tenía apenas 4 años, en un accidente náutico en el que luchaba por convalidar su título de campeón del mundo de off-shore), pero estas cosas nos suceden a todos, no importa de dónde vengas”, reconoce sinceramente, sin dejo de queja, en los Encuentros Filosóficos de Mónaco para l’Observateur de Mónaco. Y trata primeras cuestiones en unas últimas declaraciones, que bien pueden haber coincidido con el crucial momento de los albores de su relación con Dimitri Rassam y con la última espera para el nacimiento del segundo Stefano Casiraghi en la familia, el primer hijo de Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo.

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Carlota, discreta como es, comienza a filosofar y se destripa. Sin autocensuras principescas. Bisnieta de Pierre de Polignac, el promotor de las artes, la música y el deporte en Mónaco. Amiga de Baudelaire y Rimbaud, los poetas urbanos que a lo largo de su infancia en St. Remy de Provence y Fontainebleau encendieron en ella la pasión por París y el deseo de desentrañar “el misterio de la ciudad”. E hija de la soledad: “Me sentí adolescente bastante temprano, y eso fue lo que me impulsó a la introspección, principalmente porque tenía un temperamento proclive al análisis. Más tarde, la compañía de los filósofos me hizo sentir que no estaba sola. Creo que esto es consecuencia más de mi sensibilidad que de mi lugar especial en una familia”.

No eran vestidos de princesa lo que quitaba las horas de sueño a Carlota, sino los libros. De niña, siempre estaba inmersa en ellos: “El papel es mi mundo. Escribir mi medio. Es un espacio de libertad que puede resistir y reafirmar. Tuve la oportunidad, gracias a mi madre, a tener acceso temprano a la cultura y la literatura, lo que me permitió que forjarme un gusto por el pensamiento crítico”. Aquella niña creció, pero no cambió. De mayor estudió un grado de filosofía en la Universidad Sorbona de París; persiguió el doctorado con algunas paradas (“soy perfeccionista y tenía demasiada presión durante los exámenes. Necesitaba tomar un descanso...”); creó con dos amigos la revista Siempre Manifiesto, que está dedicada a su proyecto filosófico “no para acumular conocimientos, sino para compartirlos”, en 2015 el Foro Filosofía, con un comité de honor de intelectuales, y en estos dos años ha conocido a los más brillantes filósofos académicos y ha leído cientos de obras: “A veces todavía me siento en la universidad...”, bromea. A sus felices treinta todavía seguiría siendo la primera de la clase y la reina del baile.

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Porque Carlota es la más bonita del reino (y más allá) y todas las firmas la quieren, aunque sólo algunas de las más exclusivas consiguen su alianza, como las distinguidas Gucci y Montblanc: “Es cierto que la dictadura de la juventud y del cuerpo perfecto forman parte de la industria de la moda. Yo personalmente trabajo con marcas que tienen un legado: la firma de escritura Montblanc, uno de los socios de Encuentros Filosóficos, y de hípica Gucci. Estoy muy orgullosa de colaborar con estas maravillosas casas, pero soy consciente de que es fugaz”, dice entre encuentro y encuentro filosófico, una serie de talleres mensuales y un coloquio anual que reúne en el Principado a algunos de los más grandes filósofos actuales, así como a figuras ilustres del mundo de la literatura, las artes y la economía. El coloquio de este año estuvo dedicado a La conversación, la evolución del lenguaje y las múltiples maneras en que las palabras se utilizan para compartir ideas, traducir pensamientos y expresar los sentimientos más íntimos, y Carlota Casiraghi, como Presidenta de Honor, hizo entrega de sus prestigiosos premios.

Y así, con sabiduría filosófica, se mueve del yin al yan, del negro al blanco, de la pérdida demasiado temprana de un padre al regalo de la vida siempre bienvenido de un precioso hijo... o de las efímeras y antojadizas tendencias estilísticas a los valores eternos de la solidaridad con su firme compromiso humanitario con el Consejo de Administración de la Fundación François-Xavier Bagnoud, presidido por su madrina Albina Boisrouvray, uno de los pocos programas de erradicación de la pobreza avalado por 27 años de trayectoria. “Estoy muy preocupada por la situación de la mujer. Acompaño a mi madrina en su reflexión sobre la pobreza extrema. Tenemos que ayudar a las mujeres en necesidad y darles condiciones materiales dignas a sus hijos. Un niño que carezca de atenciones maternas estará mucho más expuesto a la violencia. Es un estado de emergencia de la vida. Esto debería ser una prioridad política de primer orden”. Son palabras meditadas de una princesa de cuento (y de libro) que persigue finales felices para todos.

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