Estefanía de Mónaco, Paulina Ducruet y los besos traviesos de los leones marinos

Hoy comienza el grandioso espectáculo del Festival Internacional del Circo de Montecarlo

Vuelve el mayor espectáculo del mundo a Mónaco y vuelve la Familia Principesca a la tradicional carpa que, después de haber celebrado en 2016 los 40 años (se dicen pronto) del Festival Internacional del Circo de Montecarlo, promete mucha diversión por delante. Puntualmente otro año más la princesa Estefanía y Paulina Ducruet se han dejado hechizar por la magia del circo y, como es habitual, han sido las encargadas de abrir la nueva 41ª edición, esta vez no en la buena compañía de los obedientes elefantes como en pasadas presentaciones, sino de los más traviesos leones marinos.

Los animales hicieron su repertorio de habilidades ante las damas Grimaldi, que coronaron con besos consentidos y algún que otro beso robado. Una travesura que arrancó las risas de los presentes y las muecas de las protagonistas por las cosquillas que les hacían los leones marinos con sus largos bigotes. Hoy se acaban los días de ensayos bajo la carpa en el barrio de Fontvieille, a partir de ahora más de 120 artistas de 16 países llevarán a cabo sus hazañas hasta el 29 de enero de 2017. Durante 10 emocionantes días, el Festival Internacional de Circo de Montecarlo volverá a emocionar a los monegascos, empezando por la Familia Principesca.

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La princesa Estefanía, presidenta honorífica del festival, es una de las más entusiastas admiradoras del circo, fundado en 1974 por Rainiero III de Mónaco con motivo de los 25 años de su reinado. Y el futuro parece asegurado. Estefanía ha sabido inculcar su gran afición a sus hijos y es en esta cita tradicional cuando tenemos oportunidad de verla acompañada por alguno de ellos, apartados habitualmente de los acontecimientos palaciegos.

Paulina Ducruet llegó a hacer sus pinitos en este mundo con un arriesgado número de doma de elefantes cuando la Princesa mantenía una relación sentimental con Franco Knie, domador y director del circo suizo que lleva su nombre. Aquella experiencia fue trascendental para Paulina, que a lo largo de casi dos años y a diferencia de sus hermanos –Luis y Camilla- se integró plenamente en la familia circense. Nada en el mundo podía ilusionarla más que dar de comer a su querido elefante Patma, sacarlo a pasear alrededor de las itinerantes instalaciones del circo o ensayar arriesgados números de doma... Otra cosa son los revoltosos leones marinos.

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