El infante Enrique de Borbón, el duque progresista

En la actualidad el infante Enrique de Borbón (1823-1870), nieto y bisnieto de reyes, es sobre todo conocido por su dramático final, acontecido en un duelo contra su primo el Duque de Montpensier (1824-1890). Sin embargo apenas se recuerda su interesante periplo vital, marcado por sus ideas extremadamente progresistas y su pertenencia pública y notoria a la masonería, características ambas que le condenarían al exilio primero y, finalmente, a su temprana muerte. Hombre de profundas convicciones pero a la vez veleidoso y con una clara tendencia a la megalomanía – llegó incluso a ambicionar el Trono español -, la biografía de don Enrique de Borbón ocupa hoy estas líneas.

Nace don Enrique de Borbón – su nombre completo era Enrique María Fernando de Borbón y Borbón Dos Sicilias – el 17 de abril de 1823 en los Reales Alcázares de Sevilla, siendo hijo de Francisco de Paula de Borbón (1794-1865), hijo pequeño a su vez de Carlos IV de España (1748-1819) y de María Luisa de Parma (1751-1819), y de la princesa Carlota de Borbón Dos Sicilias, hija del rey Francisco I de las Dos Sicilias (1777-1830). El pequeño recibió al nacer el título de Infante de España por parte de su tío, el rey Fernando VII (1784-1833) quien también le agasajó con el título, de nuevo cuño, de Duque de Sevilla.

La infancia de Don Enrique, como el resto de su existencia, dependió mucho de las circunstancias políticas en las que se encontraba España en esa primera mitad del siglo XIX. Así, la infancia del Infante discurrió en su mayor parte en tierras francesas, una vez que su madre, Doña Luisa Carlota, cayó en desgracia en la corte de Madrid después de mostrarse contraria al matrimonio morganático – y por un tiempo secreto - de su hermana, la reina regente María Cristina, con Agustín Fernando Muñoz y Sánchez (1808-1873). En París, la familia de Don Enrique fue recibida con los brazos abiertos, habida cuenta de que la Reina gala era en aquel momento una pariente, María Amelia de Borbón-Dos Sicilias (1782-1866).

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El primero de los exilios de Don Enrique terminará cuando la Reina regente de España ceda su puesto al general Baldomero Espartero (1793-1879) en 1840. La Regente se trasladará a París y moverá desde allí los hilos para que su hija Isabel sea nombrada cuanto antes Reina (1830-1904), como así ocurriría de hecho en 1843. Durante el periodo de regencia esparterista Don Enrique regresa pues a España, donde desarrolla una más que notable carrera militar, llegando a ser Capitán de Fragata. Durante estos años comienza a barajarse al Infante como posible candidato al matrimonio con Isabel II. Sin embargo, finalmente el elegido para descasar a la Soberana adolescente será su hermano mayor, Don Francisco de Asís Borbón, Duque de Cádiz (1822-1902), con el que la Reina tendrá doce hijos, entre ellos el futuro rey Alfonso XII (1857-1885).

Quizás despechado por no ser haber contraído matrimonio con la Reina, Don Enrique comienza a distanciarse de la institución monárquica, hasta el punto de considerarse a sí mismo como un revolucionario. Una prueba del compromiso político del Infante es su participación en el llamado Levantamiento de Solís, acontecido en Galicia en 1846, y que terminaría con la muerte de una docena de militares sublevados contra el Gobierno del general Narváez (1799-1868) y a favor del desterrado Espartero y, de forma más o menos velada, del infante Don Enrique. Finalmente, éste es mandado de nuevo al exilio, eligiendo como destino en esta ocasión Bélgica.

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No pasaría mucho tiempo sin que el Infante volviera a España, después de que su nombre sonara como posible candidato a coronarse como Rey de México, en un proyecto ideado por el político azteca José María Gutiérrez de Estrada (1800-1867) que fracasaría de forma estrepitosa antes incluso de haber cogido forma. Sea como sea, en 1847 encontramos de nuevo a Don Enrique en la Península Ibérica. Ese mismo año, de hecho, el Infante contraerá matrimonio con su esposa, Elena María de Castellví y Shelly Fernández de Córdoba (1821-1863). Pese al amor existente entre los dos contrayentes y ser hija la novia del 9º Conde de Castellá, la reina Isabel considera el matrimonio como desigual y se niega a aprobarlo. Don Enrique desoye el rechazo de Palacio – que negará el título de Infanta de España a Doña Elena María- y se casa el 6 de mayo de 1847 en Roma. El matrimonio, descrito por diversas fuentes como feliz y compenetrado, tendrá cinco hijos. Una vez que la Reina no había dado el visto bueno al enlace, los recién casados no son bienvenidos en España, teniendo que exiliarse en Francia.

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Durante los dieciséis años de matrimonio, la familia de Don Enrique vive a caballo entre España – donde logra regresar tras pedir perdón a la Reina – y el exilio galo – donde se refugia tras sus innumerables muestras de escaso tacto político en relación a la Monarquía. De hecho, su falta de obediencia a la Reina, así como sus cada vez más exaltadas posturas políticas, le cuestan a Don Enrique el título de Infante de España, que no recuperará hasta 1854, para verse despojado de él definitivamente en 1867 tras haberse radicalizado hasta el punto de barajar sumarse a la Primera Internacional de Trabajadores, creada en 1864 en Londres, y ser orgulloso masón, llegando a alcanzar el grado 33 del llamado Rito Escocés Antiguo. Entretanto, en 1863, su esposa había fallecido durante el parto de su hija María Olvido (1863-1907).

La viudedad no hace mella en el carácter combativo de Don Enrique, que pronto arremete en la prensa contra la Reina y su Gobierno. El tono de sus diatribas es de tal vehemencia que en 1867 es expulsado una vez más de España. Su regreso no se producirá hasta después del fin del reinado de Isabel II, cuando el Infante comienza a conspirar para obtener la Corona mientras se afana, con escaso éxito, en casar en segundas nupcias con alguna princesa casadera europea que le aporte relumbrón y le catapulte definitivamente en el Trono español.

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En esta carrera hacia Palacio, el máximo competidor es el francés Don Antonio de Orleáns (1824-1890), hijo del rey Luis Felipe I (1773-1850), primo de Don Enrique e igualmente amigo de la infancia en su primer destierro galo. Siempre desmedido en sus declaraciones públicas, Don Enrique despotrica contra Don Antonio, Duque de Montpensier, al que acusa, entre otros descalificativos, de ser “un hinchado pastelero francés”. Herido en su honor, el Duque reta a Don Enrique en duelo a pistola que termina celebrándose el 12 de marzo de 1870 a las diez de la mañana en la Dehesa de los Carabancheles, en Leganés (Madrid).

El dramático lance se desarrolla con tres turnos de disparo. En los dos primeros los duelistas no logran abatir a su contendiente, pero en el tercero el Duque dispara de forma certera. Don Enrique se derrumba en el suelo. La última bala del duelo le había perforado el cerebro. Don Enrique muere con apenas 47 años de edad. Pese a haber vencido en el duelo, el Duque de Montpensier, que sería condenado a un mes de arresto por la muerte del Infante, solo logra concentrar la animadversión de la población española que le descartó de inmediato como posible Rey – la Corona acabaría de hecho en manos de Amadeo de Saboya (1845-1890). Los restos mortales del infante Enrique de Borbón descansan en el Cementerio de San Isidro de Madrid, una vez que, desposeído de su título de Infante, carecía de derechos para ser inhumado en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial.

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