Los cuatro Reyes acuden al funeral de don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, último infante de España

Ha sido de nuevo el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial el lugar elegido para el funeral de Carlos de Borbón-Dos Sicilias, último Infante de España, que falleció el pasado 5 de octubre, a los 77 años de edad. A la ceremonia religiosa en memoria del que fue hasta su muerte Duque de Calabria y Conde de Caserta han acudido los cuatro Reyes, Felipe VI y la reina Letizia y don Juan Carlos y doña Sofía, así como la infanta Elena y numerosos familiares y amigos.

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Como no podía ser de otra manera la Familia Real se ha volcado de nuevo con los familiares del infante don Carlos: su mujer, la princesa Ana de Orleans; sus cinco hijos, Cristina, María Paloma, Pedro –único varón y Duque de Calabria desde el fallecimiento de su padre-, Inés y Victoria; así como con todos sus nietos. Y es que don Carlos fue para el rey Juan Carlos mucho más que un primo, casi un hermano, ese amigo que nunca falla, quien a su vez le confirió siempre honores reales y se preocupó de otorgarle el mismo lugar especial que ocupaba en su corazón en la monarquía española y así lo ha hecho hasta el último momento, en un funeral que ha sido presidido por Felipe VI y la reina Letizia.

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Los cuatro Reyes y las infantas Elena y Cristina dan su último adiós a Carlos de Borbón-Dos Sicilias con honores reales

Los reyes Juan Carlos y Sofía asisten a la capilla ardiente de Carlos de Borbón-Dos Sicilias en El Escorial

La princesa Ana de Orleans ha sido de las primeras en llegar a la básilica madrileña, antes incluso de que cayera la tarde y lo ha hecho acompañada por la más joven de sus hijas, Victoria. María Paloma y Cristina han llegado juntas y acompañadas por sus maridos, el archiduque Simeón de Austria y Pedro López-Quesada y Fernández-Urrutia, respectivamente, y por su hija Victoria López Quesada. La infanta Pilar también ha querido apoyar a la familia y ha asistido a la ceremonia sentada junto a la infanta Elena.

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Carlos de Borbón-Dos Sicilias, único Infante de España por expreso deseo del rey Juan Carlos

Pedro de Borbón-Dos Sicilias, el próximo Duque de Calabria y Conde de Caserta

Numerosas personalidades y representantes de la sociedad española también han acudido al real monasterio, en el que no ha quedado ni un espacio libre, los hijos de la Duquesa de Alba, Fernando, Alfonso y Carlos Martínez de Irujo, Adolfo Suárez Illana, Carlos Falcó, Patricia Olmedilla y Gonzalo de la Cierva, Juan Abelló y los políticos Íñigo Méndez de Vigo, Jesús Posadas, Pío Cabanillas, Jorge Fernández Díaz y Esperanza Aguirre.

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El Duque de Calabria nació en Lausana (Suiza), el 16 de enero de 1938. Era hijo del infante Alfonso de Borbón Dos Sicilias y de la princesa Alicia de Borbón-Parma. El rey Juan Carlos le había concedido el título de infante de España en 1994 "como representante de una línea dinástica vinculada históricamente a la Corona española". Licenciado en Derecho, trabajó en el Chase Manhattan Bank de Nueva York, en la Banca Popular Peruana y en el Banco Nacional de México. En España se dedicó al mundo de las finanzas y participó en la creación de empresas como el Consorcio Hispano-Arábigo o la Central Financiera de Expansión; además fue consejero de Cepsa, Iberpistas y Reyal Urbis.

El Infante falleció en su querida finca La Toledana, ubicada en Retuerta de Bullaque, en la provincia de Ciudad Real, tras varios años con un delicado estado de salud desde que sufrió un ictus en noviembre de 2012. Su último adiós, el pasado 8 de octubre, también reunió a los cuatro Reyes, además de a las infantas Elena y Cristina y a varios miembros de la Familia Real búlgara. Tras el funeral, el féretro del Duque de Calabria, cubierto por la bandera nacional, fue trasladado en una centenaria ceremonia al Pudridero de Infantes, donde permanecerá 25 años como es tradición antes de ocupar su lugar entre los mármoles blancos del Panteón de los Infantes, destinado a príncipes, infantes y reinas que no fueron madres de reyes. El sitio que le pertenece por su condición y por deseo del Rey, aunque quiso en vida que lo enterraran en un convento de Ciudad Real.

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