Carlos de Borbón-Dos Sicilias, único Infante de España por expreso deseo del rey Juan Carlos

Llegó a ocupar el primer puesto en la línea de sucesión al trono después de los descendientes de don Juan Carlos y doña Sofía, ya que las infanta Pilar y Margarita habían renunciado a sus derechos dinásticos

Un primo, que era casi un hermano. Un amigo, que era el mejor, el que jamás le faltó en los momentos de mayor necesidad. Ese fue Carlos de Borbón-Dos Sicilias para el rey Juan Carlos, quien a su vez le confirió siempre honores reales y se preocupó de otorgarle el mismo lugar especial que ocupaba en su corazón en la monarquía española: como miembro de la entonces Familia del Rey en todos y cada uno de los actos familiares, como único Infante de España por expreso deseo de Su Majestad.

Carlos de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Calabria, que ha fallecido este lunes 5 de octubre a los 77 años en la finca La Toledana, llegó a figurar un tiempo en el primer puesto de la línea dinástica después de los tres hijos de don Juan Carlos, como consecuencia de las varias renuncias de los hijos de Alfonso XIII y de las de las infantas Pilar y Margarita -en su caso para contraer matrimonio con personas que no tenían sangre real-, hasta que se aprobó la Constitución en 1978 y se limitó la sucesión a los descendientes directos del monarca.

Aquellos derechos sucesorios venían de lejos. Su padre, el infante Alfonso de Borbón Dos Sicilias -hermano de doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona, madre de don Juan Carlos-, llegó a ser el Heredero de la Corona española, en ausencia de otros sucesores directos, como sobrino de Alfonso XIII. Si los planes del anarquista Mateo Morral de asesinar al Rey hubieran prosperado y, cuando se dirigía en su carruaje de vuelta de Los Jerónimos hacia el Palacio Real tras su boda real con la reina Victoria Eugenia, hubiera resultado muerto, el pequeño infante Alfonso, padre del Duque de Calabria, se hubiera convertido en ese instante en Rey de España. Y la Historia habría sido de otra manera.


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Pero el destino marchó en otra dirección y pronto unió a don Carlos y don Juan Carlos para siempre. Su estrecha relación se remonta a su más tierna infancia. Apenas unos días separan ambos nacimientos en circunstancias muy parecidas: el rey Juan Carlos llegó al mundo el 5 de enero de 1938 en Roma durante el exilio y don Carlos nació el 16 del mismo mes y año en Lausana (Suiza), también en el destierro. En España coincidieron como compañeros de clase en el colegio de Las Jarillas, donde el Duque de Calabria ya se convirtió en inseparable del rey Juan Carlos: “Era muy simpático y siempre estaba diciendo tonterías”, recordaba a menudo el soberano. Luego sus vidas discurrieron una al lado de la otra en el Palacio de Miramar (San Sebastián), en los exámenes de Bachillerato en el Instituto San Isidro de Madrid, en las grandes ocasiones personales... Juntas en todo momento.

Precisamente don Carlos conoció a la mujer de su vida, la princesa Ana de Orleans, hija del Conde de París, en la boda griega de don Juan Carlos y doña Sofía en Atenas en 1962. Sólo tres años después también ellos se casaron y coronaron su felicidad con cinco hijos: Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1966), casada con Pedro López-Quesada y Fernández-Urrutia; María de Borbón-Dos Sicilias (1967), casada con el archiduque Simeón de Austria; Pedro de Borbón-Dos Sicilias (1968), duque de Noto, casado con Sofía Landaluce y Melgarejo; Inés de Borbón-Dos Sicilias (1971), casada con Michele Carelli Palombi dei Marchesi di Raiano, y Victoria de Borbón-Dos Sicilias (1976), casada con el griego Markos Nomikos. Como no podía ser de otra manera la excelente amistad pasó de generación en generación y los hijos de ambos se tienen hoy el mismo cariño.

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Don Carlos se licenció en Derecho, trabajó en el Chase Manhattan Bank de Nueva York, en la Banca Popular Peruana y en el Banco Nacional de México. En España se dedicó al mundo de las finanzas y participó en la creación de empresas como el Consorcio Hispano-Arábigo o la Central Financiera de Expansión; además fue consejero de Cepsa, Iberpistas y Reyal Urbis. Era presidente del Real Consejo de las Órdenes Militares y de la Fundación Comité Español de Colegios del Mundo Unido y también presidente de Honor de la Real Asociación de Hidalgos de España y le distinguió, entre otras condecoraciones, el Toisón de Oro (1964) y la Gran Cruz de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén (1992).

Y, entre todos, el honor que el Duque de Calabria llevó a mucha honra, con máximo orgullo, era su título de Infante de España que recibió por expreso deseo del rey Juan Carlos en 1994, tal y como permite la Constitución cuando concurren circunstancias excepcionales: “El Rey podrá agraciar con la Dignidad de Infante y el tratamiento de Alteza a aquellas personas a las que juzgue dignas de esta merced por la concurrencia de circunstancias excepcionales”. El rey Juan Carlos le concedió así “la Dignidad de Infante de España a Su Alteza Real don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma con los honores y tratamientos anejos, como representante de una línea dinástica vinculada históricamente a la Corona española”, y conforme con lo establecido en el artículo 3.º, 2, del Real Decreto 1368/1987, de 6 de noviembre.

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Aquel que fue el más leal a lo largo de tantos años tendrá una última distinción real: será enterrado el próximo jueves en el Panteón de Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial por deseo del Rey, según ha anunciado en un comunicado el único hijo varón del Duque de Calabria, y su Heredero, Pedro de Borbón-Dos Sicilias, Duque de Noto: “De acuerdo con la familia y por deseo de Su Majestad el Rey, los restos mortales de mi padre serán trasladados en las próximas horas al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde será velado”. La nota añade que el próximo jueves día 8 se celebrará en el monasterio una misa corpore insepulto “de carácter estrictamente familiar” y que posteriormente los restos mortales de don Carlos recibirán sepultura en el Panteón, donde reposan desde 1992 los del hermano del rey Juan Carlos, el infante Alfonso de Borbón, que falleció a los 14 años. Un lugar a la altura de su afecto hasta el final.

La Real Asociación de Hidalgos de España –de la que el Infante formaba parte desde del año 1964 y como Presidente de Honor desde el año 2006 - le ha recordado para HOLA.com, a través de su Presidente, Manuel Gullón y de Oñate, Conde de Tepa: “Transmitía, junto con su cercanía, una autoridad y un respeto muy característicos. Los que tuvimos la suerte de tratarle personalmente recordaremos su sentido del humor y el cariño que en todas las ocasiones que se presentaban, demostraba hacia la Asociación de Hidalgos”. El Conde de Tepa recuerda “a modo de anécdota y como muestra de su estilo cercano”, que era un habitual de los almuerzos mensuales, llamados “pucheros” por los miembros de la asociación, a los que iba siempre acompañado por su esposa doña Ana. “Su presencia en todas las actividades dando su apoyo y su aprobación, constituye para nosotros un compromiso que nos obliga a dar continuidad a la labor por él desarrollada y que nos gustaría tuvieran proyección en el futuro en la persona de su hijo, Don Pedro”, ha señalado el Presidente.

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