Una mirada a la vida del Príncipe de Asturias en su 45º cumpleaños

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El cumpleaños del príncipe Felipe es siempre motivo de celebración, pero también una magnífica ocasión para reflexionar y echar la mirada atrás a la vida de un heredero que está asociada a nuestra libertad:

"España tiene un servidor más"
Enero de 1968. La princesa Sofía está a punto de salir de cuentas. En el madrileño sanatorio de Nuestra Señora de Loreto (ya desaparecido como centro hospitalario), las habitaciones 604-605, las mismas en las que la esposa del príncipe Juan Carlos había dado a luz a las infantas Elena y Cristina, están ya preparadas para recibir de nuevo a doña Sofía y el equipo médico del doctor Manuel María de Mendizábal, el mismo que la atendió en los dos partos anteriores, en guardia para hacer lo propio con el tercero.

Tras una falsa alarma, en la madrugada del 28 al 29 de enero, doña Sofía se pone de parto a las 12:25 de la mañana del 30 de enero. Veinte minutos después sin complicaciones da a luz a un bebé sano y fuerte, de ojos azules y pelo rubio, que pesa 4,300 kilos y mide 55 centímetros: Felipe de Borbón y Grecia, futuro rey Felipe VI.

Don Juan Carlos es un manojo de nervios. El deseo de lograr sucesión masculina se ha convertido casi en una obsesión para el joven matrimonio, que desconoce cuál será el sexo de su tercer hijo hasta el último momento, ya que en esta época no existen ecografías. Cuando la matrona anunció “¡Es un niño!”, la emoción embriagó al feliz papá, que se desmayó según declaró en un programa de Antena 3 la enfermera Carmen Hervás. Años después el Rey recordaba el feliz acontecimiento y declaraba: “No recuerdo lo que dije entonces. Lo que hice fue saltar de alegría y me puse a abrazar a todo el mundo”.

La presentación de Felipe se produce dos día más tarde, el 1 de febrero, en la habitación 605 del hospital. Los flashes de las cámaras no cesan de retratar la nueva estampa familiar. “España tiene un servidor más”, declara don Juan Carlos. Doña Sofía comenta: “¡Estoy tan contenta! Después de dos niñas seguidas, nos ha nacido el varón...”.

El padre explica los nombres de su hijo: “Se llemará Felipe por tradición de la dinastía; Juan como mi padre y yo mismo. Pablo como su abuelo materno, el rey de Grecia. Y Alfonso, por su bisabuelo, don Alfonso XIII”. Doña Sofía le explicaría después a la periodista Pilar Urbano: “Lo decidimos entre mi marido y yo, por Felipe V de Anjou, el primer Borbón que reinó en España. También hubo felipes de Habsburgo, y el rey Phillipos de Grecia; pero nuestro primer hijo varón se llamaría así por el Borbón... A Franco no le consultamos. Aunque puede ser verdad que él comentara lo de que ‘mejor un Felipe que un Fernando: los felipes quedan más lejos que los fernandos’. Luego, por su padre y por sus abuelos le pusimos la retahíla: Juan, Pablo, Alfonso y todos los santos”.

El bautizo tiene lugar en La Zarzuela, a las seis y medio de la tarde. Le apadrina su abuelo, don Juan de Borbón y le amadrina la reina Victoria Eugenia, madrina también de don Juan Carlos, treinta años antes, el 26 de enero de 1938. El Arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, derrama sobre su cabeza el agua bautismal, traída como es tradición del Jordán especialmente para la ocasión. La anécdota de la celebración la protagoniza la infanta Cristina que, aburrida por la ceremonia, se pone a jugar con las borlas del fajín del general Franco.



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Vida familiar
Se respira cierta normalidad familiar en La Zarzuela, hasta que don Juan Carlos se convierte en Heredero de Franco. En sus primeros años de casados, los Príncipes de España son, ante todo, un joven matrimonio que dedica casi todas sus horas de ocio a ver crecer a sus hijos y a jugar con ellos por los alrededores del palacio de La Zarzuela. La Reina, al igual que había hecho con las infantas Elena y Cristina, se ocupa muy directamente del cuidado del Príncipe, acompañada muchas veces por sus hijas, siempre dispuestas a echar una mano, ya que les encanta estar junto a Felipe. Don Juan Carlos define siempre como “una madraza” a doña Sofía, que en su adolescencia estudió Puericultura y tiene la norma de que a los niños “ni mimarlos, ni olvidarse de ellos”. A medida que los tres hermanos van creciendo y aumentan los compromisos de doña Sofía como Princesa de España, primero, y como Reina, después, se contrata a más personal para que ayude a llevar la casa.

Estar sujetos a un horario y obedecer son cuestiones que los tres hermanos aprenden pronto. Llevan una vida muy ordenada y siempre están ocupados en algo. La austeridad es otro de los valores que doña Sofía les inculca a temprana edad. Así cuando los niños piden algún regalo, no se les da en ese momento, sino que les dice: "Pídelo para tu cumpleaños o para Navidades".

A pesar de no contar con hermanos varones, don Felipe tuvo en sus hermanas a dos excelentes compañeras de juegos. Tan unidos han estados siempre los tres hijos de los Reyes que, incluso ya mayores, siguen compartiendo amistades y muchas aficiones. “Me comunico muy bien con mis hermanas; no echo de menos no haber tenido otro hermano varón”, comenta años después el Príncipe.

También le encanta estar con sus padres, jugar cerca. Cuando empieza a ir al colegio, en cuanto regresa, busca a su padre para contarle lo que ha hecho. Don Juan Carlos le deja pasar al despacho; alguna vez se lo impiden, pero generalmente le dejan. Y si se queda toda la mañana allí trabajando, Felipe va varias veces a verle. Durante muchos años, Felipe aspira a parecerse a su padre en todo. Uno de sus principales pasatiempos es ensayar movimientos, gestos, costumbres, imitándole.

“La familia para mí, en particular, ha supuesto –resume Felipe- una fuente de apoyo incondicional, de cariño.
Hay que tener en cuenta que es el primer cauce de socialización, de formación del individuo, de formación de la personalidad. En mi familia siempre hemos gozado de muy buena relación entre hermanos, padre, abuelos... y todo eso ha formado un ambiente que quizá yo desearía para cualquiera”.


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Los años dorados del cole
Don Juan Carlos y doña Sofía coinciden en que quieren para su hijo “una formación lo más completa posible, pero que a la vez estudiara como un chico cualquiera”. Tras una larga y pormenorizada búsqueda de colegios, se decantan por el de los Rosales, y aciertan. “Los años más felices fueron los de mi niñez, en el colegio de los Rosales. Hice excelentes amigos, que aún conservo. Fue la época más feliz de mi vida”, confiesa años después don Felipe.

Lo es desde el primer día de escuela: “El niño se quedó completamente tranquilo, al contrario que la mayoría que llegaban llorando y pasaban unos días fatales. Pero él tenía una ganas tremendas de ir al colegio. Se quedó aquí contentísimo”, dice una de sus profesora. El pequeño se integra rápidamente y se siente como uno más de “una gran familia”, tal y como deseaban sus padres, y sus compañeros y amigos se dirigen a él como “Felipe, macho” o “Felipe, tío”, igual que harían con cualquier otro “Felipe”. “Los Reyes insistieron mucho desde el principio en que fuese un alumno más. Y esto ha sido una constante. Aquí, para todos, ha sido toda la vida ‘Felipe’, y no el Príncipe: para compañeros, profesores... Por encargo de los Reyes, se le ha tratado como uno más”, reconoce una de las profesoras del centro.

Se muestra muy participativo y, por lo general, cumplidor. Y es que Felipe reside en La Zarzuela y no le resulta nada fácil adquirir material escolar, por lo que, en más de una ocasión, debe excusarse por no llevar de un día para otro lo que le han pedido: “Es que en mi calle, no puedo comprarlo porque no hay tiendas”. También es poco peleón: “Sólo asomaba un carácter fuerte cuando consideraba que se había cometido una injusticia con él, como una nota o una regañina”, confiesa una de sus profesoras.

 

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Un Príncipe con la 'edad del pavo'
A medida que crece, Felipe va ocupando los últimos lugares de la clase, porque con su estatura no deja ver a los que se sientan detrás. También empieza a tener problemas para meter las piernas entre el asiento y la mesa. “¡Casi tuvimos que hacerle un pupitre especial!”, recuerda el director.

Se está haciendo mayor y, como cualquier joven adolescente, tampoco el Príncipe se libra de la ‘edad del pavo’, que no entiende de condiciones ni de clases. Pierde en estos años interés por sus estudios, se muestra rebelde, inconformista y desmotivado. Suele acostarse muy tarde entonces porque no se despegaba de su querido telescopio, regalo de su abuela materna, la reina Federica. La astronomía es una de sus pasiones y la culpable de que le cueste enormemente madrugar. Los Reyes reaccionan pronto y las notas de don Felipe volvieron a la normalidad.

Los Reyes deciden que sus tres hijos salgan pronto de palacio para dejar de estar a la sombra de sus padres y aprender a afrontar las dificultades por sí mismos. El Príncipe estudió COU en Canadá, en palabras de la Reina, porque “a Felipe, de pequeño, entre todos lo habíamos malcriado. Le gustaba dormir mucho y madrugar poco, tendía al capricho, a hacer lo que le daba la gana, a salirse con la suya... Por eso convenía exigirle. Nos planteamos mandarle a campamentos; y después, a un internado fuera, lejos: que pasara por ese potro antes de ir a las academias militares. Allí, todo es disciplina a palo seco, ¡tarariiii!, suena la corneta y, si te quedas en la cama, se te cae el pelo. Yo reconozco que el Lakefield de Canadá fue muy duro, sin familia, sin amigos, a veintitantos grados bajo cero... ‘¡Qué frío estará pasando mi niño!’, pensaba yo. Pero volvió hecho un hombre”, confiesa la reina Sofía a Pilar Urbano.

Don Felipe reconoce años más tarde a Urbano que no fue fácil estar lejos de casa: “En Canadá es donde yo libré mi primera batalla importante. Tuve que enfrentarme a la lejanía de mi familia, de España, de mis amigos. Solo, desenvolviéndome en un idioma distinto, con un clima y unas costumbres que desconocía. Y siendo uno más. Pero yo quería vivir una experiencia como ésa. Era un reto que necesitaba superar. Creo que valió la pena”.

 

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El Príncipe soldado
Su estancia en Lakefield College School le preparó para la dureza de la vida militar,
la siguiente fase en su educación. El Príncipe comenzó en 1985 su paso por las Tres Academias, al igual que hiciera don Juan Carlos. El 11 de octubre, el Heredero juró bandera en el patio de armas de la Academia y, por primera vez, rindió honores a su padre como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. Al igual que él treinta años antes, besó la bandera que bordó su tatarabuela, la reina María Cristina.

Su instrucción militar le sirvió para ganar el ‘combate’ contra el despertador y disfrutar de su pasión de volar. “De los tres años militares, Zaragoza fue el más duro, pero también el más intenso; Marín tuvo el aliciente de viajar en el ‘Juan Sebastián Elcano’, y San Javier, la compensación de volar. Lo pasé mal a ratos, pero sabía que era mi obligación y las obligaciones están para ser cumplidas”.

Un buen universitario
Cumplido el periodo de intrucción militar en las Tres Academias, el Heredero comienza en 1988 su periodo de formación universitaria en la Facultad de Derecho en Universidad Autónoma de Madrid. Etapa, que compagina con los deberes oficiales. “Mi intención es poner mi mayor empeño en mis estudios universitarios, porque sé que cuanto aprenda será muy importante para mi futuro”.

Felipe de Borbón y Grecia es uno más en las aulas y entabla buena amistad con sus compañeros, con los que queda para preparar algún trabajo, ir al gimnasio o salir a algunos de los locales de moda de Madrid. El Príncipe de Asturias se licencia en el curso 1992-1993 y, en su día, será el primer Rey con título universitario.

Su formación académica se prolongó dos años más con un máster en Relaciones Internacionales que cursó junto a su primo, el príncipe Pablo de Grecia, en la Universidad de Georgetown, en Washington, donde disfrutó de una existencia, en la medida de lo posible, anónima.



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Olímpico como los Reyes
El Príncipe, como el resto de los miembros de la Familia Real, ha destacado por ser un gran deportista. Ha mostrado interés prácticamente por todos los deportes, pero si ha decantarse por alguno sus preferidos son el esquí y la vela.

De casta le viene al Príncipe sus aptitudes en el deporte blanco. Tanto don Juan Carlos como doña Sofía son dos excelentes esquiadores y han inculcado a sus hijos su pasión por el esquí. Sin embargo, ha sido la vela la actividad deportiva que le ha reportado más alegrías, como continuar la tradición olímpica familiar -tanto por parte paterna como materna. El 25 de julio de 1992, el Príncipe vive una jornada inolvidable cuando aparece en la pista del Estado Olímpico de Montjuïc como abanderado del equipo español en la ceremonia de inauguración, ante la Familia Real al completo.

“Aquello fue increíble, completamente increíble. La primera imagen que tuve fue ver a mi hermana la infanta Elena llorando. Estaba intentando hacer una foto con la cámara, pero no pudo seguir y se echó a llorara lágrima viva. Representar a España en las Olimpiadas creo que compensa a los deportistas de todos los sacrificios que hayan hecho para merecer tal honor. Ser olímpico es el cúlmen para cualquier deportista, al margen de la clasificación que obtenga”.

Continúa teniendo un físico envidiable a sus 45 años. Y es que no abandona nunca su rutina deportiva que le ayuda a “mantener el equilibrio vital”.



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El amor viene de pronto
En sus años de soltería, alrededor de veinte chicas, entre jóvenes casaderas de las Casas Reales, ‘no princesas’ y modelos, han sido ‘candidatas’ a convertirse en esposa de Felipe de Borbón en las revistas, pero las posibilidades reales de matrimonio han sido prácticamente nulas con la mayoría. Tres nombres, no obstante, destacan sobre los demás: Isabel Sartorius, su primer gran amor, que no llegó a buen puerto por la juventud de la pareja; Gigi Howard, una relación que se consideró desde el primer momento ‘imposible’, y Eva Sannum, modelo e íntima amiga de la princesa Mette-Marit de Noruega, que no logró ganarse el afecto de los españoles.

Los Reyes tratan de no presionar a su hijo y de mantenerse al margen de su decisión. “Como cualquier madre, deseo que mi hijo encuentre una mujer inteligente, generosa, consciente de sus responsabilidades y que comparta enteramente su vida y sus obilgaciones. Pero él es el que tendrá que elegir. Las bodas pertenecen a las vidas propias de los hijos. Son ellos los que deciden... Ahí ni los padres ni nadie podemos forzar. Si nos metemos, lo estropeamos”, declara doña Sofía a la periodista Pilar Urbano sobre la posibilidad de una mala elección por parte del Príncipe de Asturias.

Don Felipe tiene claro que es mejor esperar, que casarse mal, pero no estima que sea necesario mantener la tradición de contraer matrimonio con una Princesa. "Cuando me case lo haré por amor, con una mujer que me guste y de la que me haya enamorado. No me siento obligado a buscar esposa entre las damas de la nobleza europea porque -como le confesó a Pilar Urbano en una entrevista- "el amor viene de pronto y cuando viene ya no tiene remedio”.

Y de qué manera llega a su vida. Para sorpresa de todos los españoles Zarzuela anuncia el Día de Todos los Santos de 2003 -sin duda una fecha que no olvidará España- el compromiso del Heredero al trono. Nuestro Príncipe se había enamorado de la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, un rostro muy conocido para los españoles ya que presentaba la segunda edición del Telediario de TVE. Días después, y ante la expectación que suscita el anuncio, la pareja hace su primera aparición juntos y comienzan a dar los primeros detalles de un romance que se inició en mayo de ese mismo año.

Acerca de cómo la Reina supo que el príncipe Felipe se había enamorado de doña Letizia, le confiesa a la periodista Pilar Urbano: “Era verano. Estábamos en Palma, en Marivent, sentados a la mesa terminando de comer. De pronto, Felipe mira su reloj: ‘Me voy a ver el Telediario de las tres’. Al día siguiente: ‘Me voy a ver el Telediario de las tres’. Así un día tras otro... Yo ya mosqueada: ‘¿Qué tendrá el Telediario de las tres?’Lo fui a ver con él varias veces. Las noticias de verano no eran muy allá. Todo cambiaba cada día menos la locutora. Y él comentaba: ‘Es guapa, tiene estilo, lo hace bien...’. ... Tiempo después, un día me dijo: ‘Mamá, estoy enamorado. De Letizia, la periodista. La quiero y... pienso casarme con ella’. Yo le dije: ‘¿Te das cuenta de que si te casas es para siempre?’ Y él contestó: ‘Es justo lo que quiero. Mamá, lo hará muy bien”.

Sellan su historia el día de la petición de mano (6 de noviembre de 2003). Apenas dos semanas después, la Casa Real anuncia la fecha del enlace: el 22 de mayo, día en el que doña Letizia y don Felipe de Borbón se dan el sí quiero definitivo ante los representantes de las principales Familias Reales de todo el mundo, en una boda calificada como la boda del siglo.

Tras su matrimonio, los Príncipes de Asturias recorren el país palmo a palmo y se funden con su gente en un inmenso abrazo, interesándose por sus problemas, y promuevan la cultura española allá donde van, mientras regalan al mundo un sinfín de instantáneas románticas en las que expresan abiertamente el amor que les une.

Los hijos pronto colman de felicidad a la pareja: el 31 de octubre de 2005 la princesa Letizia da a luz a la primera hija del matrimonio, la infanta Leonor, bautizada en el Palacio de la Zarzuela el 14 de enero de 2006, y el 29 de abril de 2007 a su segunda hija, la infanta Sofía, bautizada el 15 de julio de 2007. Los Príncipes de Asturias y sus pequeñas son una familia feliz, otra prueba del éxito que don Felipe ha sabido alcanzar en su vida, una trayectoria en la que no sólo ha demostrado que está preparado para asumir un día su papel de Rey, sino que es símbolo de una España joven y atractiva, moderna y responsable.

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FUENTES: El Príncipe. Cómo es el futuro Felipe VI, de José Apezarena, La Reina, de Pilar Urbano, y archivo de ¡HOLA!

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