Doña Elena venera al Cristo de Medinaceli

La hija mayor de los Reyes ha representado a la Familia Real en su tradición de besar el pie del nazareno

Hay tradiciones que se perpetúan por sí solas a lo largo de los siglos. Como por generación espontánea (o, mejor dicho, divina). Porque no vienen impuestas de fuera, sino que emanan de dentro. De lo más hondo emerge también cada primer viernes del mes de marzo y asoma al exterior la devoción que miles de ciudadanos anónimos tienen al Cristo de Medinaceli en Madrid al que acuden desde primera hora de la mañana (los menos madrugadores) y desde días antes (los más) para rendirle culto. La [Familia Real española], institución de costumbres (la mayoría de ellas centenarias), también cumple con esta de más de trescientos años de besar el pie del santo. Hoy ha sido representada por la infanta Elena, que llegó alrededor de las nueve de la mañana a la basílica de Jesús de Medinaceli, ubicada en el centro de la capital española.

Pocas concesiones a la variación permite el guión de las tradiciones y, pese a eso, la vehemencia de los fervientes -incondicional de la veneración al Cristo de Medinaceli- siempre renueva la crónica. Como ha sucedido en anteriores ocasiones con otros miembros de la Familia Real, la Duquesa de Lugo fue recibida por el vicario principal y el superior de los frailes Capuchinos, encargados de custodiar la imagen desde 1895; como en anteriores ocasiones, también ella quiso corresponder el cariñoso recibimiento de los madrileños congregados en el templo estrechando la mano de los que se encontraban a ambos lados de la nave central de la iglesia; como en anteriores ocasiones, después de una oración, [doña Elena] se acercó a la imagen para besar su pie derecho, y como en otras ocasiones, se reunió a continuación con los religiosos y con los miembros de la archicofradía del Cristo en la sacristía. Pero los momentos que la infanta Elena ha compartido con las fieles que, entusiasmadas de encontrarse frente a frente, le han entregado estampas del santo y medallas, esos son nuevos. El próximo año la ceremonia volverá a repetirse, pero igualmente volverá a ser diferente.

La popular veneración del Cristo de Medinaceli, una de las imágenes religiosas de Madrid más veneradas realizada por la escuela sevillana en la primera mitad del siglo XVII por encargo del Duque de Medinaceli, se produce cada viernes "porque se recuerda en ese día la Pasión y Muerte de Cristo". La afluencia a la basílica es muy alta durante todo el año, pero especialmente en Cuaresma, período en que se forman largas colas, incluso desde la noche anterior, para entrar a rendir culto al nazareno.

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