Largo recorrido de doña Letizia como Princesa de Asturias

Se cumplen cinco años de su llegada a Palacio

Han trascurrido seis años desde su primera "cita a ciegas". [Doña Letizia] acababa de cumplir 30 años cuando conoció a don Felipe en una cena organizada por Pedro Erquicia, director de Documentos TV, en su ático de Madrid; y casi cinco, desde que el mundo la descubrió como la prometida de [don Felipe de Borbón].

Tan sólo quince días antes de que se anunciara su compromiso, la periodista y el Príncipe vivían su historia de amor a puerta cerrada viendo venir ya que su relación agotaba ya sus últimas horas secretas.

El [Príncipe de Asturias] se casa. Como un polvorín informativo, cargado de buenos deseos, corrió la noticia de boca en boca y de medio en medio aquel 1 de noviembre de 2003. No era un rumor. Era la certeza llegada por un comunicado oficial de la Casa Real: "Sus Majestades Los Reyes tienen la gran satisfacción de anunciar el compromiso matrimonial de Su Hijo, Su Alteza el Príncipe de Asturias Don Felipe, con Doña Letizia Ortiz Rocasolano. La petición de mano tendrá lugar en el Palacio de la Zarzuela el próximo jueves, día 6 de noviembre".

Don Felipe de Borbón, que se encontraba de visita de trabajo en Barcelona, cenó con los duques de Palma en el restaurante Shibui y regresó a Madrid el mismo sábado por la mañana.

"Tengo un asunto importante entre manos", dijo al portero de su casa el día del anuncio de su compromiso
En la madrugada del 31 octubre, la futura princesa abandonaba, también, su domicilio a las seis de la mañana en un taxi. El portero, Gaspar, le preguntó ¿cómo es que te vas a trabajar hoy tan temprano? "Me voy a otra cosa más complicada. Tengo un asunto importante entre manos", respondió con una sonrisa.

Dos días antes, el viernes por la noche, [doña Letizia] presentó junto a Alfredo Urdaci el telediario estrella de TVE impecablemente. Sin un solo fallo. A esa hora, algunas personas del equipo ya se habían dirigido a su entonces compañera para comentarle: "ya sabemos quién es él". "Por favor, decid que se llama Juan y que es diplomático".

Doña Letizia no tuvo tiempo para recoger sus pertenencias y se despidió con un "hasta el lunes" sabiendo ya que ésa había sido su última aparición ante las cámaras como periodista.

Aún en la cortedad de su relación, los Príncipes supieron que estaban predestinados a recorrer juntos un largo y difícil camino. Don Felipe habría de enfrentarse a la realidad de contraer matrimonio con una mujer divorciada y un perfil diferente al esperado. Para doña Letizia, que había declarado unos meses antes: "nunca en la vida he pensado ser otra cosa que periodista", el compromiso matrimonial con el hombre del que se había enamorado significaba casarse con un Príncipe, pero también con una Familia Real y, en cierto sentido, con toda una nación.

No había aspirado a la mano de un príncipe
"... Desde muy joven soy periodista y hasta los 31 años, que tengo ahora, he ejercido mi profesión con ganas, con ilusión, con fuerza y de esa misma manera afronto lo que ahora iniciamos, con responsabilidad, ilusión y vocación de servicio a España".

La Princesa, que no deseaba otra vida que la que tenía: una carrera en alza como periodista; independencia, un pisito y un coche, no había aspirado jamás a la mano de un Príncipe pero, una vez dado el paso, ya nunca pudo volver a su vida…

Sólo a su casa y de pasada. La primera vez, por una feliz noticia, la de su boda, cuando, acompañada de su madre y hermanas, recogió sus pertenencias personales. La segunda, para poder despedirse de Érika, una hora antes de que se anunciara la muerte de ésta.

En cuestión de horas, Letizia Ortiz renunció a su puesto como presentadora del Telediario de TVE, el de mayor audiencia, para ser la futura Princesa de Asturias, Soberana de España y, también, la futura madre de una Reina. De ser una mera informadora de la actualidad, a ser la actualidad misma. El centro de la noticia.

Obsesionada, desde el principio, por ser casi perfecta, doña Letizia se adentró con coraje en un mundo desconocido sin saber que los elogios, las críticas y las mentiras irían de la mano. Claro que, si lo primero no le dio alas para bajar la guardia, lo segundo tampoco consiguió minar su espíritu.

No imaginó tantas piedras en el camino
Sabía la Princesa de Asturias que no iba a ser fácil, pero no imaginó que fuera a encontrar tantas piedras en el camino. Aún no habiéndolo imaginado, la Princesa dice en su entorno que no sólo no se arrepiente sino que cree, al igual que el Príncipe, que, con el esfuerzo del día a día, acabarán ganándose el respeto de los españoles.

El aprendizaje ha sido duro. El Príncipe ya le había dicho que no había que perder el tiempo en "pleitos" y doña Letizia tuvo que acostumbrarse a no puntualizar o desmentir. Le costó un tiempo conseguir mudar de piel, pero un día dejó de leer aquello que le hacía daño y se centró exclusivamente en lo importante: en su familia y en encontrar un lugar a la sombra desde el que ayudar a su marido y a la causa de la monarquía.

Cinco años desde el anuncio de su compromiso
Cuando faltan quince días para que se cumpla el quinto aniversario del anuncio de su compromiso, podría decirse que hace tiempo que la Princesa calza "zapatos de cristal". Se ve a leguas que se ha acostumbrado a estar al otro lado de la noticia; a ser objeto de rumores, aunque éstos hieran sus sentimientos; a existir en ese complejo universo en el que no había entrado una Princesa de Asturias en dos siglos.

Un mundo en el que se mueve y trabaja dominando el lenguaje del silencio y las miradas. Miradas de amor que dedica continuamente al Príncipe y miradas, también, para el resto del mundo que se acompañan de una sonrisa suspendida.

La Princesa que se "hizo de rogar" hasta el día de su boda para ponerse una diadema ya no se estremece cuando piensa que tiene que salir a escena vestida de largo llevando el peso de alguna de las joyas con las que se ha escrito la historia de España. Tampoco cuando tiene que pisar firme sobre un terreno desconocido. La Princesa combina ya con maestría el ejercicio de ser princesa consorte con el vuelo en solitario.

La mirada en el infinito
Detrás del telón, doña Letizia es una mujer satisfecha y feliz que se maneja con naturalidad. En público, sin embargo, a pesar de haber ganado en empaque y aplomo, se muestra más protocolaria. Aunque parezca contradictorio, nunca le gustó posar y tuvo que buscar sus recursos para mirar a cámara y mirar bien. Ahora, hay muchas cámaras y la Princesa se siente frágil cuando éstas la señalan. Si las manos delatan sus emociones, el cómo se siente, con sus ojos parece verlo todo. Aunque, a veces, especialmente desde la muerte de su hermana, su mirada se pierda en el infinito.

Doña Letizia ha conseguido salir reforzada tras el duelo de la tragedia y la experiencia de la maternidad. También lo ha logrado como miembro de la [Familia Real española]. Y, ahora, tras cuatro largos años nada fáciles como Princesa, se presenta como el valor en alza de la monarquía. Teniendo muy claras sus prioridades, la Princesa de Asturias goza de una vida llena: dos hijas pequeñas de las que ocuparse, un marido al que cuidar y apoyar y una agenda que ha dio adquiriendo cada vez más peso en un difícil equilibrio: mantener una distancia con la Reina y no hacer sombra al Príncipe.

Doña Letizia, al igual que don Felipe, ha tenido que aprender también en este recorrido lo que significa conciliar vida familiar y laboral. La Princesa, aunque que no dispone de un equipo propio, cuenta con el respaldo de la secretaría del Príncipe y, especialmente, con la ayuda del que fuera el número dos de Protocolo: José Zuleta, duque de Abrantes, teniente coronel de Caballería, y, ahora, su mano derecha.

Siempre a la derecha del Príncipe
Dicen aquellos que la tratan, que la Princesa no actúa, que es de verdad y que muestra un interés sincero por todo lo que le rodea. En el entorno de los Príncipes de Asturias premian su labor - además de por su esfuerzo, y por haber dado una continuidad a la dinastía- por haber influido de manera tan positiva en el comportamiento de un Príncipe, ahora, mucho más próximo y detallista.

La relación entre ellos es cómplice y magnífica. Por esa forma de ser y de estar consiguen que a su alrededor haya en general buen ambiente. En los vuelos cortos, viajan en un Falcon mezclados con todo su equipo de trabajo. En los viajes los transoceánicos, [don Felipe] y [doña Letizia], disponen de un área privada con dos dormitorios y una sala de reuniones. Para estos desplazamientos, los Príncipes cuentan, además, con la ayuda de una doncella, una peluquera y un ayuda de cámara.

A diferencia de los Reyes, que se sientan el uno frente al otro, la Princesa ocupa siempre su lugar a la derecha de don Felipe. Durante los trayectos, además de hablar de sus cosas, hacen, mano a mano, con papel y lápiz, las últimas correcciones en los discursos. Después, cuando llegan a destino, antes de bajarse del avión, la Princesa le coloca bien el nudo de la corbata, y le pasa la mano por el pelo. Él es el Heredero de la corona de España.

Mientras el Príncipe habla, doña Letizia observa cómo reaccionan las personas ante lo que su marido dice. Después, tras el acto, analizarán con su equipo, todos los detalles. Así, en todas y cada uno de las actividades en las que participan.

El oficio de periodista ha quedado reducido a esto. Todo lo demás ha ido despareciendo con el tiempo: los gestos de presentadora, el tono "informativo de la voz"… han dado paso a una princesa del siglo XXI que hace oficio y se atreve cada vez a más en su labor institucional.

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