Hay bellezas que mejoran con el paso del tiempo, como los buenos vinos. Que multiplican su encanto natural etapa tras etapa. Es el caso de [doña Cristina] que ha pulido con el discurrir de los años sus atributos y, a sus 42, segura de lo que le conviene y de lo que le favorece, se descubre al mundo en cada cita oficial como una Princesa en todo su esplendor.

La belleza serena de la Duquesa de Palma volvió a revelarse ayer con ocasión de la inauguración de la exposición Hilos de esplendor. Tapices del Barroco. Una muestra de magníficos tapices creados para reyes, pontífices y nobles, organizada por Patrimonio Nacional y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, con la colaboración de la Fundación Pryconsa y el Centro de Estudios Europa Hispánica, que permanecerá abierta en las Salas de Exposiciones Temporales del Palacio Real de Madrid hasta el 1 de junio.

Doña Cristina y su esposo, don Iñaki, viajaron a las cortes reales del Barroco a través de esta exposición de tapices. Piezas de arte únicas por las que preguntaron interesados a sus organizadores. La Duquesa optó para la ocasión por un look elegante y actual: un vestido negro drapeado asimétrico a la cintura, cartera negra con broche de Swarovski, zapatos abotinados estilo años 50 y, como únicos adornos, brazalete dorado y pendientes largos. Pero esa es sólo una de sus caras de doña Cristina, la más sofisticada y protocolaria. La de Infanta.

Descubriendo a doña Cristina
La Duquesa de Palma, sin embargo, sale a menudo de su realidad palaciega para ayudar a los más necesitados. Es el rostro solidario de la Infanta. El que asiste al desfavorecido y denuncia que ningún esfuerzo es excesivo con tal de aportar un grano de arena a la encomiable misión de erradicar tanto sufrimiento. Una de sus últimas citas humanitarias ha sido su visita, como responsable del Área Social de la Fundación La Caixa, al centro de salud de Manhiça, en Mozambique. Un lugar familiar para ella, pues en enero de 2005, estando embarazada de cuatro meses de su hija pequeña, doña Cristina realizó una visita de carácter privado al país. Fue entonces cuando conoció el lugar y se reunió con los médicos que allí trabajaban en las investigaciones sobre la malaria, enfermedad que es la principal causa de muerte infantil en el continente africano.

Pero la infanta Cristina es hoy como es también por su familia: su esposo y sus cuatro hijos. Su razón de vivir y ser feliz; su pilar en los reveses de la vida; su referente siempre. Su marido, don Iñaki, y sus pequeños -Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene- cargan sus pilas de los mejores momentos. Así, se la vio el mes pasado en Baqueira jugando al escondite como una niña más con sus vástagos y su sobrino Felipe.

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