Elena de Borbón: una Infanta cada vez más libre, más segura y con mayor empaque

La duquesa de Lugo, como mujer del siglo XXI, concilia a diario el papel de esposa y madre con el de infanta y profesora

Su nombre ha sido y sigue siendo un referente de la moda y la distinción entre las mujeres de nuestro país. Pero a pesar de ser uno de los símbolos de la elegancia, seguramente son otros los méritos que ella preferiría que le fuesen reconocidos. Después de todo, doña Elena es también esposa, madre, Infanta y maestra. Cuatro facetas de su vida que ella, como mujer del siglo XXI que es, intenta conciliar con la mayor naturalidad posible.

La mayor de los Borbón y Grecia continúa demostrando, en cada una de sus apariciones públicas, que es una mujer de empaque, con un carácter que no disimula y con pleno control de las riendas de su existencia. Habiendo traspasado ya la frontera de los cuarenta (el próximo 17 de diciembre cumple 44 años), la primogénita de don Juan Carlos y doña Sofía se siente más cómoda que nunca como representante de la Casa Real. Volcada especialmente en los ámbitos de la cultura y de las artes, la duquesa de Lugo ostenta además la presidencia de honor de numerosos organismos, como la Fundación Anti-Sida de España. En los últimos meses, hemos visto a una Infanta más natural y segura de sí misma, comprometida, como siempre, con los más necesitados. El pasado martes no faltó a la entrega de Diplomas a la primera Promoción de jóvenes con discapacidad intelectual que han realizado estudios de formación laboral en la Universidad Autónoma de Madrid.

Cambio espectacular
Muchos fueron los que se sorprendieron cuando, al empezar a salir con don Jaime de Marichalar, la Infanta experimentó un cambio espectacular de imagen, bajando de la talla 48 a la 40 (se sometió a un duro régimen a base de pescado y verduras) y renovando su armario recurriendo a una moda más afrancesada y cosmopolita, con Christian Lacroix como referente. Entonces, todo el mundo atribuyó este cambio a su marido. Sin embargo, los que de verdad la conocen dijeron que en doña Elena estaba ya el don de la elegancia, el de saber llevar un pamelón enorme, una mantilla, unos tacones y un bolso o una joya sin que apenas se notara.

La duquesa de Lugo ha recorrido un largo camino en el que no han faltado las alegrías y las tristezas. Acontecimientos felices como su boda en 1995 o el nacimiento de sus dos hijos, Felipe Juan Froilán (el 17 de julio de 1998) y Victoria Federica (el 9 de septiembre de 2000), y experiencias dolorosas como el infarto cerebral del duque de Lugo en las navidades de 2001. Doña Elena se enfrentó al drama familiar con una impresionante fortaleza, apoyando a su marido en su recuperación con toda su ternura y coraje (la Infanta pegó en el cristal del hospital Gregorio Marañón, donde se encontraba ingresado su esposo, una a una las fotografías de sus hijos rodeadas de globos como señal de alegría y de regreso a la vida). Fueron años difíciles a los que se sumó el aborto sufrido en junio de 2003 cuando sus padres, los Reyes, ya habían hecho público durante un viaje a Galicia que su hija mayor les iba a convertir en abuelos seis meses después (en ese momento se encontraba en el tercer mes de gestación).

Maestra cómoda y libre
Los niños del colegio MICOS, ubicado en una pequeña casa ajardinada de la colonia de El Viso en Madrid, son de los pocos que conocen a doña Elena y de los pocos que la quieren no por quién es, por cómo se mueve, qué dice o qué lleva puesto, sino por cómo se porta con ellos y por cómo es, llamándola por su nombre (porque como niños que son, no saben de tratamientos ni distinciones). Desde que, en el año 1986, la Infanta firmara su primer contrato como profesora después de graduarse en Filología Inglesa, la duquesa de Lugo ha intentado ejercer la labor de educadora que ella siempre quiso desempeñar desde niña y que retomó a su vuelta de Nueva York, donde don Jaime llevó a cabo su proceso de rehabilitación. Y es que su faceta laboral contribuye, en parte, a dar sentido a su vida. A día de hoy, doña Elena se siente igualmente cómoda de ser la Infanta de España elegante como la profesora de inglés con uniforme.

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