Doña Letizia y su madre, Paloma Rocasolano, desconsoladas en el adiós a Erika

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Paloma Rocasolano, con gafas negras para proteger sus ojos, y la Princesa de Asturias, llorando desconsoladamente, a su llegada al tanatorio de La Paz de Tres Cantos<br><b>Pulse sobre la imagen para ver las ampliaciones de las fotos</b> 
La más pequeña de los Ortiz Rocasolano no ha podido evitar que sus seres queridos hayan tenido que pasar por el doloroso trance de una despedida tan triste y desgarradora. De un adiós sobrecogedor, bajo la lluvia, que llegó a su vida antes de que cumpliera los 32 años. Tampoco que, finalmente, y como consecuencia de su muerte, se hablara una vez más de su familia y de su hermana, la Princesa de Asturias.
Erika que irrumpió en el panorama de la actualidad española como una joven tímida e ingenua y se convirtió con el paso del tiempo en una experta en manejar a los medios -una sonrisa vale más que mil palabras- ha desaparecido de nuestra vida abriendo tras de sí un sinfín de interrogantes.
Con su muerte, Erika ha llevado el luto al seno de cuatro familias -los Ortiz, los Rocasolano, los Vigo (el padre y los abuelos de su única hija) y, también, a la de los Borbones. Nada volverá a ser igual, ni siquiera para los españoles. Esos ciudadanos generosos que a su manera también lloran la desaparición de la hermana más pequeña de la Princesa de Asturias.

Doña Letizia, ante los restos mortales de su hermana
Tal y como se había anunciado a primera hora de la mañana desde la Casa del Rey, don Juan Carlos, los Príncipes de Asturias, los Duques de Lugo y los de Palma, y las familias Ortiz y Rocasolano llegaron al Tanatorio de La Paz, en la localidad madrileña de Tres Cantos a las 14:00 para rezar un responso por el alma de la fallecida, que fue ofrecido por el capellán del palacio de la Zarzuela, Serafín Sedano.
Los restos mortales de Erika Ortiz Rocasolano, que permanecieron durante toda la noche en el Instituto Anatómico Forense de Madrid -donde ayer por la tarde le fue practicada la autopsia- entraron en el tanatorio a las 13:30 del mediodía.
Media hora más tarde, don Felipe y doña Letizia hacían su aparición junto a Paloma y a don Francisco Rocasolano.
El Príncipe pasaba la mano por encima del hombro de la madre de su esposa, quien protegía sus ojos con unas gafas negras; la Princesa de Asturias, llorando desconsoladamente, daba el brazo a su abuelo, don Francisco que se adelantaba unos pasos a doña Enriqueta, muy debilitada de salud.

La Princesa rompió a llorar cuando abrazó a la infanta Cristina
Inmediatamente después, llegaban al mismo lugar los Duques de Palma y los Duques de Lugo. Doña Elena, que iba del brazo de su padre, el Rey, fue la primera en besar y abrazar a doña Letizia que esperaba junto a su esposo, el Príncipe de Asturias, la llegada del resto de sus familias tras la puerta de entrada.
La Princesa de Asturias rompió a llorar de nuevo cuando abrazó a la infanta Cristina y no dejó de hacerlo, según fuentes cercanas a la familia, durante el tiempo en el que se rezó el responso por el alma de su hermana.
Finalizado éste, los Príncipes de Asturias volvieron a salir a la puerta de la capilla para despedir al rey don Juan Carlos y a las Infantas. Doña Letizia, que vestía de riguroso luto, dijo adiós a la familia con toda la entereza que pudo y no olvidó, en un momento tan terrible, hacer una reverencia al Rey antes de regresar al interior de la capilla.
Minutos después (cuando ya habían abandonado el lugar los padres, los abuelos maternos, y la abuela paterna de Erika, Menchu Álvarez del Valle) y, antes de regresar a la Zarzuela, los Príncipes se dirigieron a los periodistas que les esperaban bajo una lluvia torrencial para agradecerles el trato que habían dado a la familia en estos momentos tan terribles. "Gracias a todas las personas que se han sentido apenadas por la muerte de mi hermana pequeña", dijo doña Letizia entre sollozos.
Erika, que nunca había estado de baja por depresión y nunca habría sufrido episodios de estrés y ansiedad, se ha ido en silencio intentando no fallar a la Princesa de Asturias, tomando todas las preocupaciones para existir sin molestar, pero manteniendo ese espíritu bohemio que siempre la acompañó en la vida.
Hoy, doña Letizia la ha despedido ante las cámaras llorando a lágrima viva.

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