"¡Elena, Elena!". Los niños reciben a su profesora de Inglés a la entrada del colegio con toda naturalidad. A su edad sería muy difícil entender que su maestra es una Infanta de España. "¡Doña Elena!,¡doña Elena...!", recuerda a los alumnos una de las profesoras. Pero los pequeños, que no entienden de tratamientos ni distinciones, se dirigen de nuevo a "Elena" para llamar su atención tirando de su jersey para que les ayude con los cordones de sus zapatos. Los niños la quieren por cómo se porta con ellos y por cómo es. Y la infanta, la más feliz de las maestras, se camufla entre el profesorado vistiendo el alegre uniforme color guinda con el que se distingue el equipo docente para poner un poco de orden en la clase de primero de Educación Infantil.

De lunes a viernes, y salvo excepcionales compromisos, la Duquesa de Lugo acude puntualmente a la escuela donde trabaja. El colegio es uno de esos lugares en el mundo en el que doña Elena se siente realmente cómoda y libre. Posiblemente, de los pocos donde a nadie le importa cómo se mueve, qué dice o qué lleva puesto. Una profesora que se sienta en el suelo para ver de cerca cómo juegan y se divierten sus alumnos, que vigila su siesta y,por supuesto, que pone todo su empeño a la hora de cumplir la máxima del centro: atención personalizada e innovación. En el colegio hay buen ambiente. Diecisiete mujeres en nómina, que se llevan bien e inspiran confianza. Todas iguales desde que cruzan el umbral de la puerta de la pequeña casa ajardinada de la colonia de El Viso, donde se ubica el colegio. Un centro acogedor y alegre, en el que la decoración infantil ha sido cuidada hasta el más mínimo detalle.

Como profesora, la Infanta no disimula que se siente libre y respira vida. Tampoco que, como mujer del siglo XXI, ella forma parte también del club que hace malabares asumiendo el papel de esposa, madre, infanta y profesora. La vocación que empezó a ejercer de nuevo después de regresar de Nueva York —la ciudad donde Jaime de Marichalar sería tratado de su isquemia cerebral en 2002 — no sólo ha estado presente en su mundo desde que era niña, sino que a día de hoy contribuye a dar en parte sentido a su vida. La Infanta va camino de los cuarenta y tres años, pero sigue teniendo a gala ser el primer miembro de la Familia Real que cotizó a la Seguridad Social por un empleo remunerado.

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