La princesa de Asturias asistió a la cena de gala con la diadema nupcial (la Mellerio) que llevó puesta doña Cristina el día de su boda (1997); y la infanta Cristina se puso la tiara prusiana con la que contrajo nupcias su madre, la Reina, en 1962, y también, doña Letizia en 2004. Como ya se sabe, todas estas piezas forman parte del patrimonio familiar y, aunque podríamos destacar, por su valor sentimental y económico, otras piezas con más historia, es la tiara Mellerio, una de las joyas que "más baila" en palacio. Doña Sofía, que la lució en el bautizo de sus tres hijos, nunca ha dejado de usarla; y doña Cristina, que la eligió entre las cuatro diademas principales para llevarla el día de su boda, rara vez ha renunciado a ponérsela para asistir a las ceremonias de gala.

Al gusto de la Reina y de la Infanta se une, ahora, el de la Princesa de Asturias, quien ha empezado a mostrar preferencia por esta sencilla estructura de guirnalda en platino y diamantes. Una diadema que el gobierno español encargó a París como regaló de boda para doña Sofía. La esposa de don Felipe elegiría, además, para esta primera puesta de largo tras su maternidad, la misma colección de esmeraldas que llevó la Reina -madre y madrina del Príncipe de Asturias- el día de sus esponsales: un collar de dieciocho piedras, en talla cuadrada, engastadas a bisel y separadas entre sí por motivos florales con diamantes; y unos pendientes con copete e hilo de brillantes rematados en dos esmeraldas talla galería. Las joyas lucidas por la Princesa, así como el broche de brillantes con las esmeraldas de lágrima que lució la duquesa de Palma, pertenecen a la reina Sofía quien, con toda probabilidad pudo haberlas heredado de su bisabuela paterna, la gran duquesa Olga de Rusia. Además del broche, la duquesa de Palma completaría su atuendo con el reloj-pulsera de Cartier que le regaló el rey por su último cumpleaños.

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