Hay momentos en los que la Familia Real española, en especial sus damas, tienen que aplicarse al máximo en sus labores de representación. Y es, entonces, cuando la sobriedad y la austeridad con la que remarcan la mayoría de sus apariciones queda reemplazada por una impresionante puesta en escena con la que dar la mejor de las imágenes de la Corona española. Prueba de ello fue la recepción de honor que los Reyes de España ofrecieron al mandatario ruso Vladimir Putin y a su esposa, Lyudmila Alexandre, en el Palacio Real.

La Reina, la Princesa de Asturias y la infanta doña Cristina se prepararon exhaustivamente para el encuentro "sumergiéndose en sus armarios y cofres", por aquello, de que como "un país también entra por los ojos" siempre hay que intentar dar una buena imagen. Portes regios, vestidos bien estudiados para cada momento, una buena elección en los complementos, maquillajes casi invisibles y peinados muy elaborados.

La biografía de una vida inesperada
La Princesa de Asturias recorre los pasillos de palacio de la mano de su esposo y se sitúa en la fila del "besamanos" mimetizada por completo entre la Familia Real. Tres años después de haberse anunciado el compromiso, casi dos desde su matrimonio, pero, sobre todo, tras haber dado a la corona una sucesora, doña Letizia calza ya "zapatos de cristal" y pone en evidencia la enorme diferencia que se ha producido, en su vida y en su actitud, desde que es esposa de don Felipe, princesa del siglo XXI y futura Reina de España. La Princesa hace oficio a base de mirar y de recibir consejos -ya se sabe que no existe para su papel ningún manual de instrucciones-, apoyándose en la Reina, su mayor cómplice a la hora de lidiar con el complejo protocolo, para atreverse cada vez a un poco más.

Así, la Princesa que se "hizo de rogar" hasta el día de su boda para ponerse una diadema y debutó en Dinamarca, ante la realeza del mundo, con dos broches Art-decó a juego con unos sencillos pendientes de rubíes que habían pertenecido a la Condesa de Barcelona, se "coronó" en esta ocasión con brillantes y esmeraldas. Y eso, de alguna forma significa, más allá de las lecciones aprendidas de historia y actualidad, que doña Letizia ya no se estremece cuando piensa que tiene que salir a escena vestida de largo llevando el peso de alguna de las joyas con las que se ha escrito la historia de España y de Grecia. Ahí está participando de esta nueva puesta de largo enfundada en un diseño de Lorenzo Caprile. El primer modisto que la vistió de gala, pero también, el diseñador que ha viajado al pasado, a través de la historia y del arte, para rendir homenaje una vez más, al romanticismo y al diseño de la corte española... Dirigiéndose ya, tras el besamanos, al comedor de gala, inaugurado en 1879 con motivo de la boda de Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo, que acogerá una vez más la celebración de un acontecimiento.

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