Leonor de todos los Santos: bautizo de una Infanta en palacio

La infanta Leonor, primogénita de los Príncipes de Asturias, recibió a la una y cuarto las aguas bautismales en uno de los salones del Palacio de la Zarzuela. La infanta, que tiene poco más de dos meses, ha vivido toda la ceremonia, completamente ajena a lo que su nacimiento significa para la continuidad de la Corona. Plácidamente dormida en brazos de su madre, la infanta Leonor, que ha recibido el nombre de Leonor de todos los Santos, no ha parado de recibir carantoñas. Su padre, el príncipe Felipe le acariciaba la cabeza, igual que su abuela, la reina doña Sofía, mientras doña Letizia no dejaba de mirar a su hija con ternura. Los nietos de los Reyes también se han unido al resto de la Familia Real alrededor de la pila bautismal, durante el rito. La niña sólo se despertó un momento, mientras Monseñor Rouco Varela vertía el agua del río Jordán sobre su frente.

La ceremonia, por deseo expreso de la Familia Real, ha tenido un carácter estrictamente familiar y se ha celebrado en el vestíbulo de entrada del palacio de la Zarzuela, presidido por una imagen del Cristo Crucificado y otra de la Virgen. En dicha sala, se ha colocado la pila bautismal de Santo Domingo de Guzmán, una reliquia del siglo XII en la que fueron bautizados la mayoría de los herederos a la corona de España. Desde Felipe IV en Valladolid, en 1605, hasta el actual Príncipe de Asturias, futuro Felipe VI, en una ceremonia que tuvo lugar en el palacio de la Zarzuela en 1968, tan solo unos días después de haber nacido éste.

Aunque inicialmente se especuló con la posibilidad de que el rito religioso tendría lugar en la Capilla del Palacio Real, un marco majestuoso e histórico, la familia Real decidió a finales de año que la Infanta, al igual que todos sus primos, recibiera las aguas bautismales en el Palacio de la Zarzuela. Aunque doña Leonor ocupa el segundo lugar en la línea sucesoria y está llamada a ser Reina de España, tanto para sus padres, los Príncipes de Asturias, como para los Reyes primó en todo momento el sentido religioso y familiar de la celebración. La decisión de no cambiar de escenario, aún tratándose de la heredera, obligó, sin embargo, al personal de la casa a buscar un salón alternativo a la pequeña capilla de palacio donde la infanta pudiera recibir las aguas del Jordán.

En el lado del Evangelio, se situaron, en primera fila, los Reyes, los Príncipes de Asturias con la Infanta Leonor, a quien en algunos momentos su madre abanicó o acarició su mejilla, y los Duques de Lugo y Palma. Doña Cristina sentó en sus rodillas a su hija pequeña, Irene, la más pequeña de los nietos de los Reyes hasta el nacimiento de Leonor.

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