Don Juan Carlos, treinta años como Rey de todos los españoles

"Guardián de la Constitución
La Corona comenzó a conquistar los terrenos más difíciles y lo que era del todo impensable sucedió de forma natural: el Rey recuperó la legitimidad y la tradición histórica... Y, desde entonces, don Juan Carlos ejerció como el guardián de la Constitución. Y, desde entonces, como le gusta recordar a él, no ha vuelto a sentir jamás un frío tan terrible como aquel que le atravesó el cuerpo cuando pisó por primera vez la estación de tren de la capital de España. De aquel reino que había sido de su abuelo, Alfonso XIII.

"Somos un equipo"
El monarca, el buen hijo de don Juan de Borbón, un rey en el exilio, siguió al pie de la letra los consejos que, desde niño, le dio su padre: "Acordaos de que la Familia Real y, sobre todo, el Rey tiene que ser un nómada en su país. "La Reina y yo siempre hemos tratado de estar cerca de la gente", confesaba el Rey en una entrevista grabada para el programa de televisión, Don Juan Carlos 25 años de reinado … "Somos todos como un equipo, cuanto mejor estén las comunidades, mejor estará España, y los progresos de cada autonomía representan el avance de España…). Y es cierto. Nunca antes a lo largo de la historia, -aunque el problema del terrorismo esté todavía por resolver- los españoles fueron más libres, educados, iguales y prósperos.

Los Reyes y los españoles
Para ser Rey de todos los españoles había que estar cerca de ellos y don Juan Carlos, siempre en compañía de doña Sofía, no ha dejado de permanecer al lado de éstos. Con sencillez, tacto, profesionalidad y una ausencia total del protocolo conocieron la nación palmo a palmo, se fundieron con su gente en un inmenso abrazo, en un infinito apretón de manos, se interesaron por sus problemas, compartieron sus penas y sus alegrías… Y, poco a poco, aquel territorio gris y triste por el que comenzaron su andadura como soberanos de España, se fue llenando de luz y de ilusión.

A pesar del éxito de su empresa, sin embargo, nunca quisieron aparecer a los ojos de sus gentes como unos gigantes de la historia o como los reyes de los milagros que han prestado servicios impagables al pueblo. No, los Reyes, sin desgana ni fatiga y con un capacidad de seducción, simpatía y calidez humana inestimable han demostrado, con hechos, que las palabras de don Juan Carlos el día que juró su cargo como soberano, "… quiero ser el Rey de todos los españoles", no eran sólo eso, palabras.

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