En 1992, doña Cristina fijó su residencia en Barcelona. En principio, sólo por un periodo de seis meses para participar en la organización del Campeonato Mundial de Vela Adaptada, que se celebró tras finalizar los Juegos Olímpicos, del treinta y uno de agosto al nueve de septiembre de 1992.

Finalmente, para vivir después de haber sucumbido a los encantos de la ciudad. Barcelona y su mar le robaron el corazón. También, su trabajo como coordinadora de programas para el Tercer Mundo, en la fundación de La Caixa.

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