Más allá de su condición de Príncipes Herederos de la Corona española y de lo que para la Familia Real y la ciudadanía española supone el hecho de que haya nacido una Infanta de España, don Felipe y doña Letizia están viviendo la llegada al mundo de su primera hija como un acontecimiento único e íntimo.
Evidentemente, la intimidad a la que nos referimos no tiene nada que ver con el número de visitas recibidas -increíble la cantidad de personas que han llegado a coincidir en la clínica-, pero sí con esos momentos en los que, disfrutando a solas de la pequeña Leonor, los príncipes se mostrarán emocionados ante el hecho de tener entre sus brazos a su hija.

"... no soy imparcial"
Si hay algo en lo que coinciden las personas que han podido conocer a la recién nacida, es que la infanta Leonor es realmente hermosa y que no exageró nada don Felipe cuando se pronunció, ante las cámaras, diciendo orgulloso que Leonor "es muy guapa y cambia día a día... Pero no soy imparcial".
Unas declaraciones con las que el Príncipe puso en evidencia una nueva faceta suya completamente desconocida: la de un padre que no sólo ha asistido al parto, sino que ha ejercido como padre orgulloso durante estos días participado activamente también en la recuperación de su esposa.
Doña Letizia, como la inmensa mayoría de las embarazadas, hubiese preferido un parto natural. De hecho, había sido preparada junto a don Felipe para que su primogénita llegara al mundo de esta manera. No pudo ser, y ahora lo peor ya ha pasado.
En cualquier caso, y empezando a saborear lo que significa la experiencia de la maternidad, doña Letizia ya amamanta y abraza a su hija gozando de la que será una de las mayores experiencias de su vida.

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