Cinco Príncipes y cinco maneras de reaccionar en su debut como padres

Por encima de toda tradición monárquica, defendieron la ley del corazón y apostaron únicamente por ‘el amor’ a la hora de elegir esposa. Sabían que ‘Cupido’ siempre tiene la última palabra y como caballeros medievales lucharon por sus reinas para convertirlas en esposas... Y ahora que se han prometido y casado con la mujer que aman, empiezan a descubrir lo que de verdad significa ser padres, dando rienda suelta a las emociones. Emocionarse e incluso expresar los sentimientos con lágrimas -lo dicen los especialistas- es, según la medicina moderna, todo un síntoma de salud.
Más allá de esta conveniencia, los futuros reyes de Europa a diferencia de sus padres -más encorsetados por la época que les tocó vivir- dan rienda suelta a sus sentimientos sin importarles que éstos sean descifrados e incluso malinterpretados por sus conciudadanos.

Héroes de la palabra
Algunos, como Federico de Dinamarca, lloran con frecuencia; otros, como Guillermo de Holanda o Haakon de Noruega no pueden evitar que se les humedezcan los ojos. A Felipe de Borbón y a Felipe de Bélgica, más contenidos en sus expresiones y acciones, les cambia el tono de voz.
No sacan su pañuelo para secarse las lágrimas, pero a lo mejor les gustaría hacerlo... Mientras, extrañamente, el mundo sonríe complacido ante su tierno y romántico gesto porque independientemente de su condición de príncipes herederos, ellos representan, con sus defectos y virtudes, al hombre del siglo XXI.
Son, en mayor o menor medida, extremadamente sensibles. Las mismas actitudes cariñosas, los mismos gestos, los mismos escenarios y la misma incertidumbre ante una vida por hacer... ¿Cuántos hijos tendremos?, ¿qué podremos hacer por nuestros países?, ¿cómo viviremos las próximas décadas? ¿qué nos hará llorar y qué nos hará reír? ... Por lo pronto, han sido padres y han volcado sus sentimientos en palabras públicas. Como los héroes.

Felipe de Bélgica: ‘Es toda una mujercita. Realmente femenina’
La princesa Elizabeth llegó a este mundo el 25 de octubre de 2001, a las diez de la noche (más exactamente, a las 21.58). Rubia, de ojos azules, con un peso que no alcanzaba los 2,930 gramos y y 49,5 centímetros. Felipe de Bélgica asistió al parto, algo complicado ya que la pequeña tenía el cordón umbilical enrollado alrededor de su cuello y no estaba colocada en una postura idónea: "Soy un piloto de caza y estoy tranquilo, a pesar de haber pasado por una cesárea", declaró el Príncipe, aún vestido con la bata del quirófano. Poco después, el Príncipe asistió al primer baño de su hija y no pudo evitar mostrarse como el más orgulloso de los padres: "Vengo directamente del nido donde he dado el primer baño... Y estoy realmente orgulloso de nuestra pequeña. Es toda una mujercita. Realmente femenina, aunque se parece a mí. Rubia y con la cara redonda. Es toda una señorita, aunque hubiera sido mucho mejor que tuviera el físico de su madre".

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