Junto a la reina doña Sofía, el rey don Juan Carlos presidió en la catedral de Santiago el acto conmemorativo de la traslación de los restos del Apóstol. Una ceremonia, cuyo origen se remonta al siglo XII, a la que, por primera vez, han asistido los Reyes de España. De esta forma, Sus Majestades inauguraban el Xacobeo 2004, en el que Galicia espera recibir a miles de peregrinos y millones de visitantes.

Don Juan Carlos y doña Sofía llegaron poco antes de la ceremonia a la Plaza del Obradoiro, acompañados por la ministra de Sanidad, Ana Pastor, y fueron recibidos por las autoridades gallegas encabezadas por el Presidente de la Xunta, Manuel Fraga.

Acompañaban a Sus Majestades al acto de Traslación: el jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, el secretario general, Ricardo Díez Hochleitner, y el jefe del Cuarto Militar, Antonio González Aller. Tras pasar revista a una compañía de honores de la Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat) del cuartel de Figueirido, los Reyes accedieron al templo por el Pórtico de la Gloria, donde les recibió el cabildo catedralicio.

"Por la paz, la libertad y el progreso"
Desde el mismo sitial de honor en el que Sus Majestades siguieron la solemne misa, oficiada por el Arzobispo de Santiago, Julián Barrio, don Juan Carlos pronunció su petición al Apóstol. Durante la invocación a Santiago, un acto que se produce en la víspera de la apertura del Año Santo, el Rey pidió por "la paz, la libertad y el progreso", de quienes sufren calamidades; por el fin de la "lacra del terrorismo, sus muertes, amenazas y extorsiones", por "todos y cada uno de los españoles" en torno "al marco estable de convivencia" y porque España siga creciendo dentro de "su rica pluralidad y diversidad".

El rey don Juan Carlos concluyó su plegaria con unas palabras en gallego al "fillo de Zebedeo e Salomé, irmán de San Xoan, amigo do Señor", para que el Año Santo que se celebra en 2004 "aumente la paz y el bienestar de todos los pueblos que te recuerdan".

Al final de la ceremonia no faltó el vuelo del botafumeiro que pudieron admirar tanto los Reyes, quienes también se acercaron a cumplir con el tradicional abrazo al Apóstol, como los numerosísimos ciudadanos congregados en las inmediaciones de la Catedral.

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