La Familia Real española despide con tristeza a la infanta Beatriz de Borbón

Más que nunca pienso en la muerte
Fue la suya una vida triste y dura marcada por el exilio de la Familia Real. Perdió un hijo, a su marido, a sus padres, a sus hermanos -algunos en unas circunstancias muy tristes-, pero hasta el último momento la infanta mantuvo que Dios había sido muy bueno con ellos, y que habían tenido una vida feliz... "Hay muchísimas personas que han pasado por las mismas desgracias y no han tenido en cambio las alegrías que he tenido y tengo con el cariño y el cuidado de los míos, que me hacen la vida fácil. Además, yo no espero ya nada, y aprovecho y disfruto de cualquier cosa agradable, inesperada... Necesito muy poco para ser feliz. Además, yo no valgo nada... Muchas veces pienso que he hecho muy poco por los demás, aunque, eso sí, creo que nunca he hecho daño a nadie... ¡Pero eso no es bastante! Yo sé que ya tengo para poco, y más que nunca pienso en la muerte. Sin miedo ninguno. Y pido a Dios que me de una muerte fácil, rápida, sin molestar a nadie. Como la de mi hermana del alma (se refiere a la infanta doña Cristina), que además tuvo con ella a sus cuatro hijas".

El dolor: dejar atrás España
Vino a España en cinco ocasiones, la mayoría de ellas invitada por la condesa de Barcelona, su cuñada; y se ha muerto diciendo que lo que más le dolió en la vida fue dejar atrás España. Le sobreviven tres hijos, Sandra, Olimpia y Marco; y siete nietos, el mayor de los cuales es Alessandro Lequio. Desde el fallecimiento en 1986, de su esposo, la infanta llevó una vida totalmente discreta aunque, hasta unos meses antes de su fallecimiento, era normal verla pasear por los jardines de su Palazzo di Torlonia, en pleno corazón de Roma. Con ella se pierde una parte de la memoria histórica de España, aunque ella hiciera, desde niña, todo lo posible por conservarla. "Yo he sido siempre la reportera de la familia, y tenía muchísimos álbumes desde que éramos pequeños. Cuando nos tuvimos que marchar de España mamá nos dijo a mi hermana Crista y a mí que no convenía que pensaran que nos llevábamos cosas y que sólo podíamos llevar una maleta cada una. Yo llené la mía con mis fotografías... Por desgracia, cuando se quemó esta casa, mi hija Sandra -casi se jugó la vida intentando que no se quemara mi colección- sólo pudo salvar dos álbumes de antes del año 1931..."

Cuidada especialmente por sus hijas, Sandra y Olimpia, el último día antes de morir, en la misma casa en la que vivió desde que se casó, pidió chocolate con churros.

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