La Familia Real de Dinamarca demuestra que 'más es mucho más' en la solemne recepción de Año Nuevo

Los uniformes de gala con sombrero de pluma, las máximas distinciones del reino, las impresionantes tiaras del cofre real y el brillo de sedas y licras… toda la pompa y el boato en la primera velada en palacio de 2017

Como manda la tradición, el Palacio de Amalienborg abre sus puertas puntualmente el 1 de enero y la Familia Real de Dinamarca recibe con toda la pompa y boato a diplomáticos, militares y miembros del gobierno para dar la bienvenida al Año Nuevo. La reina Margarita y el príncipe Henrik junto a sus dos hijos, los príncipes Federico y Joaquín de Dinamarca, y sus respectivas esposas, las princesas Mary y Marie, volvieron a demostrar que más es mucho más en la solemne recepción de 2017.

Hicieron acopio de todo el utillaje regio y vistieron sus mejores galas en la primera velada del año en palacio. Ningún detalle se dejó al azar. Se encendieron arañas y candelabros; se adornaron las mesas con arreglos florales; se sirvió un exquisito menú compuesto por especialidades danesas, regadas como es tradición por vinos de las bodegas francesas del príncipe Henrik; se amenizó la cena con el acompañamiento musical de la banda de música de la Guardia Real... Y, por supuesto, las damas reales realzaron el majestuoso despliegue.

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Mary de Dinamarca brilló por su belleza y buen gusto, al igual que la princesa Marie, que aspiró una vez más al trono de la elegancia. La esposa del Príncipe heredero vistió de oro la ocasión con un elegante vestido del diseñador Jesper Hovring, que combinó con una capa de color amaranto, la prenda que reina en la Cortes Reales, y con un clutch de Judith Leiber. Puso broche de rubíes y diamantes a su puesta de anoche con las joyas preferidas de la reina Ingrid, abuela del príncipe Federico, y posiblemente favoritas también de la propia Princesa.

El conjunto de rubíes se realizó en 1804 para uno de los mariscales de Napoleón, que más tarde convertiría en Rey de Suecia con el nombre de Carl XIV Johan. Así fue como la tiara, una corona de hojas de grosella hechas de diamante con frutos de rubí, y el resto del conjunto fue a parar a Suecia, más concretamente a Desiree Clary, la Reina, y llegaron al tesoro real danés a través de Luisa de Suecia, que se casó con Federico VIII de Dinamarca. También la princesa Mary lució el collar de la Orden del Elefante, la máxima distinción que concede el país. Llegó a palacio del brazo de su marido, Federico de Dinamarca, vestido con el tradicional uniforme militar danés, engalanado con todas las órdenes y con el sombrero de pluma negro.

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La princesa Marie añadió brillo a la noche de Año Nuevo con un vestido metalizado de la firma danesa Ole Yde con volantes al lado, que combinó con unos peep-toes de Zara y un clucht dorado, a tono con su collar de la orden del Elefante. La princesa Marie eligió para su puesta en escena la tiara floral de diamantes, que originalmente fue un regalo del rey Federico IX y la reina Ingrid a la reina Margarita, y unos largos pendientes de brillantes de los joyeros reales. Su marido, el príncipe Joaquín, también lució en la gala de Año Nuevo el traje militar con las tradicionales insignias y con sombrero de pluma blanca.

La reina Margarita, anfitriona de la velada, llegó a palacio con su marido, el príncipe Henrik, quien anunció el año pasado que dejaría de ejercer sus obligaciones oficiales como consorte de la soberana para retirarse a un segundo plano. No será la solemne recepción de Año Nuevo la que de contar con su presencia, como siempre de frac y distinguido con las órdenes del reino. Tampoco la estola de piel de la reina Margarita se pierde jamás la ocasión.

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