Día Nacional de Bélgica: el día que la reina Matilde se 'Maximiza' y la princesa heredera Elisabeth 'reina'

Hoy es un día grande para los belgas y para su Familia Real. Las banderas que engalanan las calles de Bruselas, las multitudes entusiastas que abarrotan las inmediaciones a la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula y la majestuosidad de los reyes Felipe y Matilde, junto a la formalidad de los príncipes Elisabeth, Gabriel, Emmanuel y Eléonore, que ponen su reino por todo lo alto, anuncian como el más potente son de trompetas que hoy se celebra el Día Nacional de Bélgica.

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Es el Día mayúsculo en el que la reina Matilde se maximiza, porque realza al máximo la fiesta, y se Maximiza, porque a veces eso supone mirarse en el espejo de Máxima de Holanda. Y esta es una de esas veces sin lugar a dudas. Ha vestido la ocasión del mismo color y patrón que en otras citas su homóloga y gran amiga: un vestido rosa en tejido jacquard con mangas farol del reconocido diseñador Edouard Vermeulen, modisto que ambas comparten y que recientemente ha sido nombrado Barón, y un sombrero de la creadora Fabienne Delvigne, que también frecuentan ambas, con el que Matilde de los Belgas ha dejado más que patente que también ella domina el arte de llevar sombrero.

La Reina que otro día será
Si Elisabeth de los Belgas fuera una princesa de cuento y no una Princesa Real, hoy sería el día del baile para ella. Ese día en el que la Heredera reina solo por unas horas, hasta que el reloj da las doce en la ficción o hasta que un espectáculo de fuegos artificiales despide la fiesta en el Palacio Real en la realidad. Hoy hemos vuelto a ver en Elisabeth a toda una Princesa que, pese a su juventud (15 años) y a su todavía escasa experiencia oficial, anuncia la Reina que otro día será.

Prudente, un paso por detrás del rey Felipe, su guía en estas lides protocolarias; aplicada, atenta a cada lección del ceremonial de la jornada; servicial, más que predispuesta a un baño de masas con los 500 ciudadanos congregados a las puertas de la catedral, y elegante, con el mismo paso que la reina Matilde. Vistió el día festivo de color de rosa, igual que su madre, igual que su hermana pequeña, la princesa Eléonore, e igual que otros años, no faltando a esta tradición femenina. Por su parte, el Rey, con el uniforme de General del Ejército belga, y los príncipes Gabriel y Emmanuel, de traje azul marino, naturalmente tampoco rompieron la masculina.

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Nada puede dejarse al azar en un día como este y, tal y como ocurriera el año pasado, la presencia de Felipe y Matilde de los Belgas y de sus cuatro hijos en la tradicional misa Te Deum ha estado rodeada de grandes medidas de seguridad -Bélgica se encuentra en estado de alerta terrorista desde los atentados del año pasado en Bruselas-, lo que no ha impedido tampoco que soberanos y príncipes se estrecharan en un abrazo con su reino. Como cada 21 de julio, todo el país se ha unido en conmemoración de la jura de la constitución por parte del rey Leopoldo I en 1831, a través de la cual adquirió su independencia y se convirtió en Estado soberano, y la Familia Real de los Belgas ha hecho piña después de la misa en la Plaza del Palacio de Bruselas para asistir a un desfile militar.

La princesa Astrid y su marido, el príncipe Lorenzo, volvían de la ciudad de Lovaina, donde la hermana del Rey se dio cita con ayuda de muletas, debido a una microfractura del cuello femoral, y el príncipe Laurent, hermano pequeño del Rey, y su esposa, la princesa Claire, regresaban de la localidad de Waver. Este día concluirá por la noche, cuando los Reyes y su familia asistan desde el Palacio Real a un espectáculo de fuegos artificiales. Cuando el reloj del cuento toque las doce.

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